EH4087 TAMPS 16MAR2026

ESCENA/31

el horizonte

Lunes 16 de marzo de 2026

PUBLICA EDITORIAL UANL OBRAS DE 45 AUTORAS ¡A LEER SE HA DICHO! La producción incluye narrativa, poesía, ensayo, divulgación científica, investigación, estudios sociales y traducción, entre otros

CULTURA

da desde la Municipalidad , de Miner- va E. Martínez Garza; e Inclusión y Di- versidad. Tendencias y Perspectivas, de Luz Amparo Silva Morín. Se suman investigaciones espe- cializadas en ecología y nutrición realizadas por Karen Alejandra Ca- vada Prado, Tania Isela Sarmiento Muñoz, Guillermina Juárez Villalo- bos, Concepción Vázquez Pérez, Ma- ría Elena Villarreal Arce y Alpha Be- renice Medellín Guerrero. La divulgación científica y huma- nística tienen presencia con obras como Glosario de Embriología , de María Esthela Morales Pérez; Astro- nomía, ¿para qué? , de Julieta Fie- rro y Angelina Muñiz-Huberman; y El Mortal Ascenso de la Anticiencia. La Advertencia de un Científico, en traducción de Edith Verónica Luna. En el terreno literario, la narrativa y la poesía están Micheliny Veruns- chk, Angelina Muñiz-Huberman, Ma- ruja Nahle, Consuelo Bañuelos, Ana-

hí Maya Garvizu, Elena Urueta, Clau- dia Alanís, Marina Porcelli, Susana Pa- gano, Teresa Avedoy, Malena Saito, Miralda Marlen, Ileana Garma Estre- lla, Lorena Sanmillán, Adriana García Roel, Irene Vallejo, Claudina Domin- go, Érika Zepeda, Rosina Conde, Er- nestina Yépiz y Mariana Marsal. La poesía y los proyectos bilin- gües o de traducción se encuentan en obras de Sayuri Navarro Leyva, Minerva Reynosa, Stalina Villarreal, Lourdes Figueroa, Buba Alarcón, Marjha Paulino, Juana Adcock, Ai- deed Medina, Ludmila Biriukova y Diane di Prima. El ensayo cultural y testimonial está representado en Todas las Vo- ces. Todas. Mercedes Sosa y la Polí- tica , de Alexia Massholder; Patricio Hidalgo. Detrás del Horizonte. Tes- timonio de Viva voz , de Tania Már- quez Aragón; y Diálogos sobre la Eli- minación de las Violencias contra las Mujeres, de Ludivina Cantú Ortiz.

REDACCIÓN El Horizonte L

La Editorial Universitaria UANL, sello de la Universidad Autónoma de Nuevo León, ha publicado en lo que va del año una producción amplia y diversa en la que participan

más de 45 autoras. Las obras reflejan la pluralidad de géneros que caracterizan a la edito- rial: narrativa, poesía, ensayo, divul- gación científica, investigación aca- démica, estudios sociales, traduc- ción y ediciones ilustradas, informó Antonio Ramos Revillas, director de la Editorial Universitaria UANL. En las ciencias sociales y la in- vestigación académica están títulos como Configuración de la Política So- cial en México. Espacios de interven- ción Social , de Laura González Gar- cía y Sandra Rubí Amador Corral; Mujeres y Participación: Una Mira-

Siguiendo al Papa El Papa León XIV: Es un gran signo de esperanza — sobre todo en nuestros días, atravesados por tantos conflictos y guerras — saber que la Iglesia es un pueblo en el que conviven, en la fuerza de la fe, mujeres y hombres de distinta nacionalidad, lengua o cultura: es un signo puesto en el corazón de la humanidad, llamada y profecía de unidad y de paz a la que Dios Padre llama a todos sus hijos. Del 6 al 13 de marzo del 2026 (VIS) POR ANAM CARA

por lo tanto, – según una esplén- dida expresión del Concilio – “una congregación de quienes, creyen- do, ven en Jesús al autor de la sal- vación y el principio de la unidad y de la paz” ( LG, 9). Se trata de un pueblo mesiáni- co, precisamente porque tiene por cabeza a Cristo, el Mesías. Quienes forman parte de él no presumen de méritos ni títulos, sino solo del don de ser, en Cris- to o por medio de él, hijas e hijos de Dios. Estamos en la Iglesia para reci- bir incesantemente la vida del Pa- dre y vivir como sus hijos y herma- nos entre nosotros. En consecuen- cia, la ley que anima las relaciones en la Iglesia es el amor, así como lo recibimos y lo experimentamos en Jesús; y su meta es el Reino de Dios, hacia el cual camina junto a toda la humanidad. Unificada en Cristo, Señor y Sal- vador de todos los hombres y las mujeres, la Iglesia no puede nun- ca estar replegada en sí misma, sino que está abierta a todos y es para todos. El Concilio nos recuerda que “todos los hombres están lla- mados a formar parte del nue-

vo Pueblo de Dios. Por lo cual, este pueblo, sin dejar de ser uno y único, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos, para así cumplir el designio de la voluntad de Dios, quien en un principio creó una sola naturale- za humana, y a sus hijos, que es- taban dispersos” (LG, 13). Incluso quienes no han recibido todavía el Evangelio están, de al- guna manera, orientados al pue- blo de Dios y la Iglesia, cooperan- do a la misión de Cristo, está lla- mada a difundir el Evangelio en todas partes y a todos (cf. LG, 17), para que cada uno pueda entrar en contacto con Cristo. Esto significa que en la Iglesia hay y debe haber sitio para todos, y que cada cristiano está llama- do a anunciar el Evangelio y a dar testimonio en todos los ambien- tes en los que vive y obra. Así es como este pueblo mues- tra su catolicidad, acogiendo las riquezas y los recursos de las di- versas culturas y, al mismo tiem- po, ofreciéndoles la novedad del Evangelio para purificarlas y ele- varlas (cf. LG, 13). En este sentido, la Iglesia es una, pero incluye a todos.

AUDIENCIA GENERAL. Q

do de la condición de esclavitud, Dios establece una alianza, los acompaña, los cuida y los recoge cada vez que se pierden. Por ello, la identidad de este pueblo viene dada por la acción de Dios y por la fe en él. Está lla- mado a convertirse en luz para las demás naciones, como un faro que atraerá a todos los pueblos, a toda la humanidad (cf. Is 2,1-5). El Concilio afirma que “todo esto sucedió como preparación y figura de la alianza nueva y perfecta que había de pactarse en Cristo y de la revelación completa que había de hacerse por el mismo Verbo de Dios hecho carne” (LG, 9). Es, de hecho, Cristo quien, en el don de su cuerpo y de su sangre,

reúne en sí mismo y de mane- ra definitiva a este pueblo. Este está compuesto ya por personas procedentes de cualquier nación; está unificado por la fe en Él, por la adhesión a él, por vivir su mis- ma vida, animados por el Espíritu del Resucitado. Esta es la Iglesia: el pueblo de Dios que toma su propia existen- cia del cuerpo de Cristo [1] y que es él mismo el cuerpo de Cris- to; [2] no un pueblo como los demás, sino el pueblo de Dios, convocado por él y hecho de mu- jeres y hombres procedentes de todos los pueblos de la Tierra. Su principio unificador no es una lengua, una cultura, una etnia, sino la fe en Cristo: la Iglesia es,

ueridos hermanos y her- manas, continuando en la reflexión sobre la

Constitución dogmática Lumen gentium (LG) hoy nos detenemos en el segundo capítulo, dedicado al Pueblo de Dios. Dios, que creó el mundo y a la humanidad, y que desea salvar a todos los hombres, lleva a cabo su obra de salvación en la histo- ria, eligiendo un pueblo concreto y habitándolo. Por eso, él llama a Abraham y le promete una descendencia nu- merosa como las estrellas del cielo y la arena del mar (cf. Gen 22,17-18). Con los hijos de Abra- ham, después de haberlos libera-

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