RevistaAOA_54

Valparaíso resume, tal vez, las contradicciones más agudas del sistema habitacional chileno: campamentos en laderas de alto riesgo, subsidios insuficientes, especulación inmobiliaria en cerros patrimoniales y una institucionalidad que responde reactivamente frente a los desastres. Enclaves inconexos precarizados y vulnerados por el tiempo, el Estado, el sector privado y por la condición geográfica de una ciudad que mira nostálgica y románticamente ese mar que tranquilo nos baña.

V

alparaíso es una ciudad condicionada por su geografía: El anfiteatro natural conformado por sus 42 cerros des- cendiendo hacia la bahía del Pacífico es una condición estructural que explica tácitamente lo que ocurre en ella: la forma en cómo se ocupa el suelo, la manera en cómo se mueve la ciudadanía, los riesgos que se asumen y las desigualdades que se naturalizan. El plan, esa fran- ja horizontal ganada al mar entre el puerto y el pie de cerro, concentra la institucionalidad, el comercio y también la conectividad. Los cerros absorben la vida, el patrimonio y la vulnerabilidad. Entre ambos no hay solo una diferencia de cotas: hay dos ciudades superpuestas. El vínculo natural que las une, son las quebradas, las cuales tenemos la certeza que se constituyen en peligrosos corredores inflamables preocupantemente ocupados por la informalidad. Habitar Valparaíso es negociar permanentemente con una topografía que no ha perdonado la improvisación. Su declaración como Sitio de Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2003 generó expectativas: Esta distinción puso el énfasis sobre sus cerros, sus ascensores y su arquitectura victoriana, sin lograr detener el proceso de deterioro urbano preexistente. Dicha declaratoria trajo restricciones patrimonia- les, las cuales también lograron congelar la inversión privada. El resultado es una ciudad que perdió más de 11.000 ha- bitantes según el Censo 2024, con un casco histórico des- poblado, y con casonas patrimoniales que le van cediendo lugar al deterioro en forma progresiva. Sin embargo, Valparaíso tuvo momentos notables en su historia urbana, pasado que quizás hay que revisar: como dice Secchi, “los territorios y las ciudades que vemos son el resulta- do de un largo proceso de selección acumulativa en marcha”¹ Cabe recordar, como señala De Ramón², que, frente a la relevante expansión portuaria, importancia comercial,

crecimiento poblacional y económico-mercantil de Valpa- raíso acaecida durante la segunda mitad del siglo XIX, se intensificará una fuerte competencia por la primacía urbana con Santiago, sede de la administración política del país. No obstante, figuras como Vicuña Mackenna consideraban que ambas ciudades debían estar muy integradas, promoviendo el camino que posteriormente sería el ferrocarril que unía la ciudad puerto con la ciudad capital. Pero también, el intendente de Santiago impulsará la trans- formación urbana de ambas organizaciones espaciales, que como se sabe, se encontraban determinadas por una opo- sición entre la construcción de signos de capitalidad en el núcleo fundacional y las nacientes periferias residenciales. No obstante, la singularidad topográfica del puerto, carac- terizada por una marcada división entre el plano, los cerros y acantilados, determinará condiciones muy diferentes en los modos de producción de la ciudad. En efecto, la natural tensión entre la ocupación del borde costero y la del conjunto de cerros ha sido también la de una cierta incompatibilidad entre la planificación urbana en la zona baja y la ocupación espontánea en las zonas altas que han sido tratadas, por una parte, por un lento y progresivo proceso de creación de rellenos estructurales y enrocados de protección que han creado un plano funcional a su condición de puerto y sector financiero comercial, así como por otra, por una permanente lucha por ocupar laderas y pendientes abruptas en un esfuerzo por resolver las demandas populares por habitación para la población residente. En esta línea y al objeto de confirmar los desajustes que se registraban entre las formas de crecimiento en el plano y las laderas, al igual que en Santiago, se solicitó al ingeniero Bertrand un levantamiento de calles con el objetivo de contar con planimetrías exactas para acometer obras de saneamien-

U Estado genérico de los cerros de Valparaíso, donde vivienda patrimonial, vivienda contemporánea, proyectos

inmobiliarios se entrelazan conformando un paisaje único y singular.

X Vista frontal de los 42 cerros de Valparaíso. Araya, Marcelo, Las aguas ocultas de Valparaíso ARQ, núm. 73, 2009, pp. 40-45 Pontificia Universidad Católica de Chile Santiago, Chile

1 Secchi, Bernardo.”Primera Lección de Urbanismo.” Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, 2014. 2 De Ramón, Armando. “Santiago de Chile. Historia de una sociedad urbana” Editorial Catalonia.Santiago .2018.

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Reportaje

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