R Vista aérea del Barrio Cívico Universidad de Los Andes, Bogotá Colombia (2016-2021)
buena arquitectura emerja. Esto supone un trabajo adicional, es cierto, pero no podemos rendirnos. Hay un hecho que no es menor: buena parte de la ar- quitectura célebre hoy en día, y a la cual aspiran muchos arquitectos, es construir desde la excepcionalidad; digamos, construir edificios autárquicos, icónicos y que no representan esa vocación colectiva que necesariamente cualquier edificio en la ciudad debe representar. La excepcionalidad ha sido una epidemia muy compleja en los arquitectos, esa cosa de querer sobresalir. Hay una cosa muy bonita en los proyectos que me tocan en lo público y es que buena parte de los espacios urbanos son la continuidad de lo que otro ya venía haciendo. Y seguramente vendrá otro que actúe sobre lo nuestro. Es una manera de construir la ciudad, mantenerla vigente, vital, pero desde el anonimato. No estás pensando en tu trascendencia, sino en la permanencia, vitalidad y renovación constante de la ciudad. ¿Cómo visualizas el futuro de las ciudades? Debemos detenernos y pensar que ciudad queremos, cuáles son esos valores urbanos que queremos perpetuar, que valores debemos agregar. Probablemente el siglo XXI sea el siglo en que el planeta sea prácticamente artificial en un porcentaje nunca antes imaginado. En el año 2050, más o menos, será el 70% de la población la que viva en zonas urbanizadas. Eso da cuenta de la importancia que tiene el cómo vivimos. Y yo creo que una pregunta que nos concierne a todos los arquitectos es cómo queremos vivir. Creo que la ciudad compacta es el modelo más sostenible de la ciudad. En él debiéramos pensar a la hora de proyectar el futuro. No se trata de replicar la ciudad histórica, ello no tendría sentido. Pero una ciudad donde los valores colectivos primen sobre el interés personal es una posición que me interpreta. Ante la crisis de vivienda que enfrenta el país y dada tu experiencia en la materia con proyectos como las Vivien- das Mapuche o el conjunto La Ermita, ¿cuál crees que es el camino que se debe seguir?
El problema mayor de la vivienda social no es la vivienda en sí, sino la segregación urbana. Lo que es un desastre son estas zonas extramuros: hectáreas y hectáreas de viviendas sin ninguna vocación colectiva o social. Todos necesitamos médicos, todos necesitamos hospitales, todos necesitamos buena educación, todos necesitamos servicios. Si tenemos una ciudad donde hay una mixtura social, vamos a tener acceso a todos esos servicios de una manera mucho más efectiva. Este 2026, la revista celebra sus 20 años, ¿cuál crees que ha sido el aporte que ha tenido en la comunidad arquitectónica? La historia hay que escribirla, hay que registrarla y es im- portante para las generaciones que vienen. Uno construye en base a los que estuvieron antes que nosotros y una manera de conocerlos es a través de publicaciones. Creo que la AOA ocupa hoy día un espacio que estaba vacío y que nos permite establecer vínculos referenciales con la historia, que es una manera de reconstruir o construir a partir de una persistencia y hacerla de tal manera que sea nueva y vital. La búsqueda de la originalidad, no debiera ser un fin. La originalidad surge como consecuencia del trabajo persistente y la búsqueda de un sentido profundo a lo que construimos. ! “Es urgente recuperar el prestigio y el protagonismo que un día tuvo el arquitecto. Pensemos en el Renacimiento, cuando surge la arquitectura como profesión y fue reconocida por los mecenas y gobernantes. En ese tiempo se construyeron las ciudades y edificios más bellos de la historia de la humanidad. Hoy el mercado ha ido empujando al arquitecto hacia los márgenes de la profesión”.
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