“Varias de sus obras tempranas se vincularon a la idea de refugio. Ella sigue resonando como una de las claves de su obra: una bús- queda de reparo, en un sentido amplio y trascendental, asociada a una fragilidad material, inten- cionalmente buscada, y a loca- lizaciones remotas que aportan una nota de descubrimiento”.
Ya en sus días de estudiante era Smiljan una figura distinguible: por su participación en orga- nizaciones estudiantiles; por integrar el equipo que ganó uno de los primeros concursos CAP de construcción en acero o por las peculiares publicaciones autogestionadas que realizó en esos años –como Arp y Tristán – que anticipan una labor editorial que se prolonga hasta hoy mismo. Su participación, junto a Cecilia Puga, en el equipo que, dirigido por Teodoro Fernández, ganó el Concurso para el Centro de Informaciones Sergio Larraín García Moreno, puso su nombre en el dominio público y lo asoció a uno de los edificios más significativos construidos en Chile a mediados de los años 90. Varias de sus obras tempranas se vincularon a la idea de refugio. Ella sigue resonando como una de las claves de su obra: una búsqueda de reparo, en un sentido amplio y trascendental, asociada a una fragilidad material, intencional- mente buscada, y a localizaciones remotas que aportan una nota de descubrimiento. Uno de esos refugios, conocido como Casa Chica, fue incluido en una antología de construcciones domésticas curadas por Montserrat Palmer y publicada por ARQ. Concebida como un bricolaje, ella antici- pa algunas de la preocupaciones de Radić en los años siguientes. El texto que acompañó la publicación es radical y profundo. Renunciando a cualquier esfuerzo discursivo, se limita a un listado de los elementos y materiales con que se levantó esa suerte de cabaña primitiva. Su mane- ra de asociar estos escuetos y frágiles materiales con sus orígenes –la mano que los fabricó o el lugar de donde proceden– establece un punto de vista que permanecerá a lo largo de su carrera. La serie de litografías que componen el Poema del Angulo Recto es la pieza que inició la colec- ción de Smiljan Radić sobre arquitectura impro- bable –como a él le gusta llamarla– que desarrolló a lo largo de varias décadas, llegando a adquirir notoriedad internacional. Su última muestra, en el Museo Nacional de Bellas Artes, dio cuenta de
su interés y de su alcance. El coleccionismo, sin embargo, no es para Radić un hobby, accesorio a su trabajo de arquitecto, sino una clave de su producción. El mismo se ha encargado de aclarar el modo en que su arquitectura tiene que ver con el descubrimiento, la interpretación y la asociación de determinadas piezas que articula en su trabajo. No hay en ello comodidad o una renuncia impostada a la creación de un lenguaje propio. Se trata más bien de una ética estética de lo estrictamente necesario. Radić intenta no tanto inventar palabras, sino hacer nuevas propuestas con palabras ya existentes. Ello no podría alcanzar el nivel que logra, si no fuese por el trasfondo artístico de su trabajo, incluyendo la decisiva colaboración de Marcela Correa en muchas obras. Fundación Frágil es el nombre que Radić ha dado a la institución que maneja su colección y realiza sus publicaciones. La cuestión de la fragili- dad es otra de las claves que subyacen a la arqui- tectura de Radić. Lo frágil, lo efímero puede verse en él como una interpretación contemporánea de la necesidad y, al extremo, de la propia condición humana. Acaso su interés por las estructuras neumáticas pueda verse, desde esta óptica, re- sonando con Semper que vio en las estructuras textiles uno de los orígenes de la arquitectura. La obra de Radić se despliega en múltiples géneros, desde el edificio público al pabellón. Varios de los que han sido sus intereses y pre- ocupaciones se cruzan en la radical interven- ción que realiza en el Museo Chileno de Arte Precolombino, tensada entre los problemas estructurales y las texturas materiales; entre la sofisticada tela de la cubierta neumática y el huevillo que tapiza uno de los patios. Hacer esos tránsitos con rigor y delicadeza, exploran- do nuevas formas en el proceso de proyecto, definen y justifican la obra de Radić. Tal es la lección que da los arquitectos y el aporte que ofrece a la ciudadanía. Es por todo ello que le debemos nuestro agradecimiento. !
→ 89 detrás de Radić Por: Fernando Pérez Oyarzún / Fotografía: Cristóbal Palma
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