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BIENESTAR/17

el horizonte

BIENESTAR Jueves 4 de septiembre de 2025

EN PALABRAS DE LOS PSICÓLOGOS POR NORA ZAMBRANO COLUMNA

Todos nacemos con una esencia única. Pero en el camino, para sobrevivir, aprendimos a disfrazarnos. C omo un acto de magia, el mago cubre el sombrero con una pañoleta, lo toca con su varita mágica, y al destaparlo, aparece un conejo, una paloma o un ramo de flores. Algo que parecía vacío, de pronto se llena de vida. Así, de manera simbólica, ocurre con nosotros: Debajo de los disfraces que hemos llevado toda la vida, hay alguien esperando surgir… alguien real, completo, auténtico. El libro La magia de nuestros disfraces de Teresa Robles, nos habla cómo desde pequeños, empezamos a usar disfraces invisibles: “La hija obediente”, “el hijo fuerte”, “la niña bonita”, “el niño inteligente”. Papeles que muchas veces no elegimos, pero que fuimos usando para encajar en nuestra familia, para recibir amor o evitar rechazo. Nos acostumbramos tanto a ellos, que al crecer ya no sabemos dónde termina el disfraz, y dónde comenzamos nosotros. Las familias son el primer escenario donde aprendemos cómo funciona el mundo. Pero en algunas, sin quererlo, se establecen libretos rígidos que dictan cómo debe actuar cada miembro. En lugar de relacionarnos como personas únicas, nos relacionamos como funciones: Madre-hijo, esposo-esposa, hermana mayor. Cada quien debe seguir el papel que se le asignó, sin improvisaciones. Hay libretos antiguos que aún sobreviven, como si el tiempo no pasara. En ellos, una madre demuestra su amor solo a través del sacrificio. Un padre debe ser fuerte, proveedor y poco emocional. Los conflictos no se expresan porque: “Aquí todos nos queremos y nunca nos enojamos”. Se prioriza la apariencia de armonía, aunque por dentro haya silencios, tensiones y emociones reprimidas. Y a los hijos también se les asignan roles: “Tú eres el inteligente”, “tú la rebelde”, “tú la bonita”. Y sin darnos cuenta, estos papeles nos limitan. Si yo soy el inteligente, no puedo fallar. Si soy la bonita, debo siempre agradar. Si soy el rebelde, debo llevar la contraria, incluso cuando no quiero. Cuando una familia no permite que sus miembros se individualicen, es decir, que desarrollen su forma propia de pensar, sentir y actuar, se pierde algo fundamental: La libertad de ser uno mismo. Se vive desde el deber ser, no desde el querer ser. Y eso, con el tiempo, pesa. Pesa porque sentimos que algo no encaja, que por más que cumplamos con lo que se espera de nosotros, hay una parte interna que no se siente viva. Individualizarse no significa separarse o dejar de querer a la familia. Significa reconocer quién soy, más allá del rol que me tocó. Es descubrir mis gustos, mi voz, mis ideas, mis límites, incluso si son diferentes a los de los demás. Así como el mago que, con su varita mágica, transforma lo vacío en algo sorprendente, nosotros también podemos transformarnos. Sólo que nuestra varita es la consciencia. La decisión de quitarnos poco a poco los disfraces que ya no nos quedan. Al hacerlo, no surge un conejo o una paloma… surgimos nosotros mismos. Y no es un proceso inmediato. Requiere mirar hacia adentro, cuestionar creencias heredadas, atreverse a sentir emociones que antes no nos permitíamos: Enojo, tristeza, miedo. Requiere también aprender nuevas formas de relacionarnos, donde se valore al otro por lo que es, no por lo que representa. Todos nacemos con una esencia única. Pero en el camino, para sobrevivir, aprendimos a disfrazarnos. Hoy, como adultos, tenemos la oportunidad de preguntarnos: ¿qué parte de mí es genuina y cuál fue aprendida para encajar? Quitarse el disfraz no es traicionar a la familia, es honrar lo que somos. Y sólo cuando nos vemos de verdad, sin máscaras, podemos conectar desde lo auténtico… y vivir una vida que sí nos pertenece. Quitarse los disfraces para encontrarse de verdad

Las discusiones de pareja no indican incompatibilidad; reflejan la falta de herramientas para manejar diferencias de manera saludable SIGUE LOS TIPS DE LOS EXPERTOS No eres tú, no soy yo, ¡somos los 2!

dos con la incapacidad de resolver los pro- blemas saludablemente. Sin embargo, el divorcio no siempre es la consecuencia de situaciones sin solución, sino de la falta de herramientas para comu- nicarse. (Con información de Agencias) ser entendido: La mayoría de las discusiones se agravan porque cada persona busca demostrar que tiene razón. Cambiar el objetivo de “ganar” a “entender” transforma completamente la dinámica. TRANSFORMA LOS CONFLICTOS 1.-Realiza una pausa antes de reaccionar: Cuando la conversación se acelera y las emociones se intensifican, es momento de hacer una pausa. Esto no significa huir del conflicto, se trata de crear un espacio para que ambos puedan procesar lo que sienten. 2.-Habla desde el “yo” en lugar del “tú”: Más que señalar lo que la otra persona hace mal, el enfoque debe expresar los sentimientos a nivel personal. Esto reduce la posibilidad de estar a la defensiva y abre espacio para la comprensión mutua. 3.-Busca entender antes que

REDACCIÓN El Horizonte

Una discusión porque se quemó la cena, otra por el dinero que falta, otra más por los planes del fin de semana, que nunca coin- ciden. Lo que inicia como una conversa- ción entre dos personas que se aman, se convierte en un intercambio de reproches que los deja agotados. ¿Te suena familiar? No se trata de incompatibilidad, es una señal de que faltan herramientas para ges- tionar con mayor asertividad las diferen- cias. Las parejas no están condenadas a pelear, todo depende de cómo conversen, porque cuando las discusiones se vuelven destructivas, desgastan la relación. Pero si se abordan con consciencia, pue- den fortalecer la conexión y profundizar la comprensión mutua.“Cuando uno gana en una discusión de pareja, los dos pierden. No es el conflicto lo que daña las relaciones, es la forma en cómo se maneja. “Una pareja que aprende a discutir de manera constructiva desarrolla mayor in- timidad y confianza”, afirma Jorge Bolio, es- tratega de vida con más de diez años de ex- periencia en transformación personal y relacionesrelaciones, especialista en te- rapia humanista. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México, de cada 100 matrimonios, 33 se divorcian, y la mayoría de estos casos están relaciona-

Nora Zambrano: Es catedrática de la Facultad de Psicopedagogía del CEU; psicóloga, con especialidad en Neuropsicología y Maestría en Asesoramiento Educativo Familiar. Contáctala en nora.zambrano@gmail.com

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