Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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lugares, de oriente y occidente. Podemos, entonces, entender amae como una operación defensiva del yo, una “atracción por la indulgencia y la permisividad”, que media entre las exigencias del superyó y las exigencias del ello, o los deseos individuales dondequiera que estén ubicados en el ciclo del desarrollo. Esta forma de defensa del yo tal vez sea necesaria para la adaptación a una sociedad estricta, que exige una conformidad inflexible del superyó. El orden relacional jerárquico y la orientación grupal, con estricta observancia de las reglas, los roles y las conductas, donde los pensamientos privados y las emociones tienen que mantenerse en secreto, y donde los conflictos se resuelven por la vergüenza, parecen ser una forma de hacer frente al superyó que se originó en la sociedad feudal. Para funcionar con estas exigencias rígidas y rigurosas del superyó, amae confía en la comunicación emocional no verbal y las respuestas empáticas, y en la “dulce” comprensión de la “permisividad” – “indulgencia” – como defensa necesaria contra la pulsión agresiva o la ansiedad de la pérdida potencial del objeto. La mediación del yo de amae crea un espacio para la vida emocional privada de la persona, al mismo tiempo que abre algunas vías de expresión de las pulsiones humanas individuales, ya sean libidinales o agresivas. Amae está enraizado en la identificación con las experiencias pre-verbales de un cuidador indulgente con la capacidad de sentir las necesidades y deseos emocionales del niño, a los que responde con una empatía similar a la del concepto de Winnicott de “preocupación materna primaria”, que caracteriza a “la madre corriente y devota”. En este contexto, la diferenciación que hace Winnicott entre el entorno- madre que proporciona una relación con el yo (sostenimiento, ternura, empatía) y el objeto-madre hacia el que se dirigen los impulsos/pulsiones del ello, puede representar una interpretación posterior, desde el punto de vista de las relaciones de objeto, de la división que hizo Freud entre las corrientes tiernas y sensuales del amor. Los comportamientos amae y amaeru pueden sumarse a una gran variedad de operaciones defensivas tales como la represión, la regresión y regresión parcial, la anulación retroactiva, la formación reactiva, el “secreto mutuo” o incluso ser un camino hacia la sublimación. Esta estructura de defensa adaptativa también implica que la noción de “reciprocidad” está vinculada con amae desde el punto de vista relacional, transferencial y del desarrollo. También podrían ser aplicables conceptos como el de Hartmann (1958) de la adaptación recíproca del bebé y la madre, la idea de Winnicott (1965) de un “entorno sostenedor”, el concepto de “continente/contenido” de Bion (1962), el “objeto del sí mismo” de Kohut (1971) y la “interafectividad” de Stern (1985). Los comportamientos amae pueden mantenerse activos durante toda la vida, siempre y cuando los deseos y necesidades del individuo se hallen en conflicto con las restricciones del superyó cultural.

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