Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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analista (con el riesgo de que el concepto perdiera todo su significado específico), en 1975 reconoció y destacó el trabajo analítico constructivo para la interpretación de la contratransferencia particularmente en el trabajo con pacientes límite, en que el analista tiene que tratar de dominar sus propias reacciones internas y (a veces) desmesuradas ante las proyecciones de relaciones objetales significativamente primitivas del paciente . En su trabajo reciente sobre la Psicoterapia Centrada en la Transferencia (TFP, de sus siglas en inglés), describe el paradigma de centrarse en las respuestas transferenciales de los pacientes limites, al mismo tiempo que se controla internamente la contratransferencia del analista. Según este modelo el analista interpreta desde la posición de un “tercero” , comentando la interacción entre los dos participantes de forma interpretativa en el diálogo (Kernberg, 2015). Mitchell (1993, 1997), una personalidad en la teoría de relaciones objetales y en la teoría relacional, sostiene que los afectos de la contratransferencia son los motores del movimiento psíquico . A menudo sus viñetas captan a la pareja analítica en momentos de desesperación. Sin esa experiencia de desesperanza, sostiene Mitchell, el analista no se vería obligado a emprender el trabajo de comprender lo que desencadena tales impases. En su obra, siempre hay dos oradores con autoridad. Actualmente, el principal debate dentro de la tradición clásica y más establecida gira entorno del estatus, la función y los límites del análisis de contratransferencia (Gabbard, 1982, 1994, 1995). El trabajo original de Jacob (1993) sobre los usos de la contratransferencia por parte del analista se nutre de las relaciones objetales, los contemporáneos de Freud (Sandler, 1976) y la auto-psicología. Según Jacobs, la contratransferencia tiene múltiples formas de manifestarse , tan variadas (a su manera) y problemáticas como la transferencia. En su trabajo, el analista es un instrumento: el uso creativo de su cuerpo, su mente, su fantasía y su experiencia interpersonal, son cruciales para el trabajo analítico. Hoy en día la contratransferencia no es un problema sino (parte de) una solución, un registro necesario del trabajo del analista. La conjetura de Jacob de que las comunicaciones sutiles y omnipresentes – meta, conscientes, preconscientes e inconscientes – se afianzan y se comunican a través de las experiencias de la pareja analítica, está incorporada en sus reflexiones sobre el uso de la subjetividad analítica . La co-construcción de significados tan valiosos, requiere inevitablemente que el analista comprenda y explore profundamente su propia participación en estas comunicaciones complejas. Para Jacobs (1991, 1999, 2001) y Smith (1999, 2000, 2003), y para los analistas más objetales y relacionales como Ogden (1994, 1995) y Gabbard (1994), dejando a un lado sus diferencias, la subjetividad del analista es decisiva para el auto-análisis, ya que, por último, hace avanzar el trabajo analítico. En esta línea de pensamiento, la contratransferencia es entendida más típicamente como un enactment (Harris, 2005; véase también la entrada separada del ENACTMENT). Smith (2000), cuando reflexiona sobre los elementos repetitivos y compulsivos de la contratransferencia, propone que la contratransferencia puede retardar pero también mejorar el proceso analítico (incluso hacer las dos cosas a la vez). Con esta aportación Smith hace por la contratransferencia lo que Freud hizo por la transferencia,

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