Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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psicoanalítico, que en el encuadre estándar abarca la frecuencia de las sesiones, el uso del diván y la duración de la terapia (de la sesión y de todo el proceso). Algunos analistas consideran necesario introducir algún tipo de variaciones en el encuadre cuando se trata de pacientes con patologías graves, como los pacientes psicóticos y con trastorno límite de la personalidad. Este es el caso de Kernberg, quien afirma que “las personalidades límite no toleran la regresión dentro de un tratamiento psicoanalítico” (Kernberg, 1968, p. 601). Sin embargo, Kernberg no espera que su técnica sea considerada dentro del psicoanálisis, sino que la entiende como parte de la psicoterapia psicoanalítica. Otros analistas, por el contrario, no modifican las condiciones estándar con pacientes similares, para ellos el método estándar es tan necesario como posible (H. Rosenfeld, 1978). Estos enfoques reflejan diferentes puntos de vista teóricos sobre la psicopatología y en algunos casos se refieren a diferentes tipos de esta psicopatología. Otros psicoanalistas como Krejci (2009) y Bateman & Fonagy (2013), en su teoría de la mentalización, también proponen que se puedan hacer modificaciones en el encuadre del tratamiento cuando los pacientes TLP graves se comporten de manera extrema.

VI. OTROS AVANCES EN EL CONCEPTO DE ENCUADRE

Algunos autores han diferenciado el “marco” del “encuadre”, entendiendo el primero como el escenario que proporciona el analista para desplegar el proceso analítico, como si se tratase del marco de un cuadro (Milner, 1952a), mientras que el encuadre se refiere al proceso mismo. Milner consideraba que el marco era esencial para diferenciar lo que hay dentro de lo que hay fuera; el marco muestra “que lo que está dentro tiene que ser percibido e interpretado de una manera diferente de lo que está fuera”. El marco “delimita un área donde lo que se percibe tiene que ser entendido como símbolo, como metáfora, no literalmente” (1952b, pp. 80-81). Rycroft (1958) y Heimann (1957) prefirieron los términos “figura y área” en lugar de encuadre. Otros autores utilizan los términos “marco” y “encuadre” como sinónimos. En esta entrada las dos palabras se utilizan como sinónimos, a menos que se indique lo contrario. Los experimentos de Lacan con los aspectos temporales del encuadre propiciaron una profunda reflexión sobre las implicaciones clínicas y teóricas del encuadre clásico (1958-1997). Otra innovación de Lacan fue su noción del analista como “el sujeto que se le supone saber”. Esta noción respetaba la necesidad de una asimetría intersubjetiva en la relación analítica, pero también quería ser irónica con respecto a las pretensiones normativas de aquellos analistas que se veían encarnando egos saludables para sus pacientes. Desde este punto de vista, el encuadre clásico es intrínsecamente paradójico. No es “autoritario” per se , sino que tolera las proyecciones imaginarias del paciente al mismo tiempo que las va desacreditando en el trabajo

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