Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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”], y uno de los principales contribuyentes a la expansión de la teoría de Heinz Kohut, pone el siguiente ejemplo (2015a, comunicación oral con Eva Papiasvili): “Ponemos dinero en el banco, estamos enamorados o tenemos problemas y no lo atribuimos a los dólares que almacenamos físicamente en el edificio donde se realizó la transacción ni imaginamos que el ‘amor’ o el ‘problema’ son lugares. Esto son figuras retóricas que se emplean con demasiada facilidad. Esta falta de claridad a menudo ha llevado a pensar que la mente está de alguna manera situada dentro del cerebro, que a su vez está emplazado dentro del cráneo; entonces, el proceso de tener algo o alguien en mente no es más que un acto de translocación, y esto se logra simple y llanamente por medio de una representación.” La teoría de la mente extendida contrasta significativamente con la idea de que la vida es un drama minúsculo en el cerebro (Rowland, 2013). Puesto que es mejor entender las teorías como herramientas prácticas más que como ilustraciones del verdadero estado de las cosas, actualmente, la noción de la mente extendida se emplea para sacudir la manera en que entendemos las relaciones objetales. Aunque la teoría de la mente extendida surgió como una teoría de la cognición, se puede aplicar con facilidad en el psicoanálisis, sobre todo en teorías que abarcan el sí-mismo o la persona. En pocas palabras, esta teoría propone que la mente no es un lugar pequeño confinado dentro de la cabeza, sino que se extiende para abarcar personas y eventos del entorno. Una de las maneras más fáciles de entenderlo es por medio del fenómeno de “mirar fijamente”. Los experimentos demuestran (Sheldrake, 2013) que las personas son capaces de distinguir cuándo son observadas sin que puedan confirmarlo visualmente. Por supuesto, hay muchas maneras de pensar cómo la mente tiende un puente con en el mundo y, de hecho, esta es la manera “normal” en que los niños piensan el mundo. Sin embargo, desde nuestra práctica psicoanalítica, entendemos la teoría de la mente extendida como una forma peculiar de configuración transferencial. Cuando Kohut (1971) comenzó a formular sus ideas sobre la psicología del Self (psicología del sí-mismo), se dio cuenta de que algunos pacientes hacían transferencias significativas en las que él se convertía en un componente significativo de la personalidad de sus pacientes. No era un objeto antiguo que se reactivara por regresión y, por tanto, disfrutara de una existencia independiente y distinta, sino más bien una parte reactivada del sí-mismo, que experimentaba al analista como un constituyente de esa persona o sí-mismo. Estas configuraciones transferenciales se categorizaron como duplicaciones, idealizaciones o transferencias gemelas, y se las llegó a considerar fases normales de desarrollo del sí-mismo. En la medida en que eran componentes o partes del sí-mismo del paciente, se establecieron como “objetos del sí-mismo”, en lugar de objetos independientes y diferenciados. Demostraron cómo la mente va más allá del cráneo para capturar a otros como parte de su repertorio expandido. Todos utilizamos a los otros para unirnos en la construcción de nosotros mismos; y esto no es una fase, que vivimos y superamos, sino más bien un proceso continuo por el cual nos regulamos y preservamos.

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