Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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periodo nazi, así como su enfoque evolutivo en el asesinato inevitable de los padres y la expiación edípica y su reconocimiento de la intratabilidad de ciertas reacciones terapéuticas negativas basadas, en parte, en el instinto de muerte. Entre los revisionistas freudianos de los años sesenta, setenta y ochenta, Hans Loewald fue quien forjó una conexión entre la psicología del Yo freudiana y la teoría de las relaciones objetales para crear una teoría psicoanalítica que fuera más cercana a la experiencia de las personas. Sus principales preocupaciones abordaron las conjeturas más fundamentales del desarrollo de la teoría psicoanalítica y las ideas preconcebidas sobre la naturaleza de la mente, la realidad y el proceso analítico. Loewald creía que Freud había postulado dos formas de entender las pulsiones. La primera de antes de 1920, relativa a las pulsiones que buscan la descarga. La segunda llegó con su introducción del concepto de eros en 1920, en Más allá del principio del placer , donde Freud alteró radicalmente su definición de pulsión: ya no la entendía como una descarga sino como una conexión que “no utiliza objetos para la gratificación, sino para construir experiencias mentales más complejas y para reestablecer la unidad original perdida entre el sí mismo y los demás.” (Mitchell y Black 1995, p.190). La revisión de la teoría de las pulsiones de Freud de Loewald hizo necesaria una reformulación radical de los conceptos psicoanalíticos tradicionales. Mientras que para Freud el ello es una fuerza biológica inmutable que choca con la realidad social, para Loewald el ello es un producto interactivo de la adaptación, en lugar de una fuerza biológica constante. La mente no es interactiva de forma secundaria, sino por naturaleza. Loewald teorizó que al principio no existe una distinción ente el sí mismo y el otro, el yo y la realidad externa, o los instintos y los objetos; más bien hay un todo unitario original compuesto por el bebé y los cuidadores. Su influencia transformadora durante los sesenta, setenta y ochenta sobre la metapsicología psicoanalítica y la emergencia de nuevas formas de conceptualizar el material analítico queda expuesta en la siguiente afirmación: “Los instintos entendidos como fuerzas psíquicas y motivacionales se organizan como tales a través de las interacciones dentro de un campo psíquico, el cual consiste originalmente en la unidad (psíquica) madre-hijo.” (Loewald 1971, p.118). Es debido a afirmaciones como esta que Loewald, que se identificaba como un psicólogo del Yo, fuera más tarde considerado como el paradigma del “tercer modelo” descrito a continuación (ver también la entrada TEORÍA DE LAS RELACIONES OBJETALES). Al vincular la teoría del instinto de Freud con la psicología del Yo, el trabajo de Loewald logró crear un puente vital entre una “psicología de una persona” y una “psicología de las relaciones objetales de dos personas” (ver también las entradas PSICOLOGÍA DEL YO y TEORÍA DE LAS RELACIONES OBJETALES). En respuesta a los críticos de ambos lados: aquellos que consideran que esta orientación híbrida e integradora está demasiado centrada en el inconsciente y las pulsiones y los que creen que lo está demasiado poco, Chodorow (2004) explica cómo

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