Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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dejar grandes extensiones de procesamiento inconsciente a un nivel mágico e intrínsecamente traumático. En cambio, cuando el entorno ha sido lo suficientemente bueno, la “realidad” se vuelve simultáneamente perceptual y alucinatoria, ya que el niño se encuentra con el mundo externo y es impulsado por la ilusión creativa de sus propias pulsiones. Desde este punto de vista, la pulsión de muerte es el desencadenante tóxico del fracaso de la infusión de la representación a través de la pulsión. Un contemporáneo de Lacan, Winnicott y Green, Loewald, de los Estados Unidos, también rechazó la separación entre las relaciones objetales y las pulsiones a través de una “revisión del propio concepto de instinto” (1972, p. 324). “Se sugiere que las pulsiones instintivas, entendidas como fuerzas psíquicas, deben conceptualizarse como organizadas a través de interacciones dentro del campo psíquico unitario madre-hijo más que como algo constitucional o innato” (p. 324). Al estudiar el concepto freudiano de “vinculación”, Loewald señaló que las implicaciones relacionales no son evidentes en Freud, puesto que la fusión y la difusión, la vinculación y la desvinculación, podrían darse en un vacío sin objeto. Loewald se dio cuenta de que la vinculación de los instintos exige la “mediación” del objeto, tanto para su “domesticación” como para su “representación”. De hecho, parece hacer referencia a la noción de “necesidades del yo” de Winnicott, que Winnicott lamentaba porque, según él, muchas ideas equivocadas surgieron de “la lentitud con que algunos han comprendido que las necesidades del infante no se limitan a [la mera satisfacción de] las tensiones instintivas, por importantes que sean” (1965, p. 86). Aunque emplea la traducción de Strachey de “Trieb” como “instinto”, Loewald pertenece a la escuela del tercer modelo, como lo demuestra la siguiente cita: “Lo que podemos llamar pulsión instintiva, como fuerza psíquica, surge y se organiza primeramente dentro de la matriz del campo psíquico unitario madre- hijo, donde la psique infantil, a través de múltiples procesos de interacción, va separándose y transformándose en un centro relativamente autónomo de actividad psíquica. Desde esta perspectiva, las pulsiones instintivas originales no constituyen fuerzas inmanentes de la psique primitiva autónoma y separada, sino que son resultantes de tensiones dentro de la matriz psíquica madre-hijo y, más tarde, entre la psique infantil inmadura y la madre. Los instintos, en otras palabras, deben entenderse como fenómenos relacionales desde el principio, y no como fuerzas autóctonas que buscan la descarga, cuando por descarga se entiende una especie de vaciado del potencial energético, en un sistema cerrado o fuera de él.” (Loewald, 1972, p. 321f). Loewald también fue muy explícito respecto al tema de la asimetría necesaria en los “dos niveles de organización psíquica” que participan en este proceso: madre/hijo y analista/paciente. El hecho de que Roussillon, en 2013, pueda publicar una ponencia

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