ENTREVISTA INTERNACIONAL
S olo bastan cinco minutos de conversación con el destacado arquitecto uruguayo Pedro Livni para percibir la cercanía que siente por Chile, sus ciudades, arquitectura y, especialmente, su gente. Tiene grandes amigos en Santiago y los nombra constantemente durante la entrevista, entre ellos, Rodrigo Pérez de Arce, José Rosas y Smiljian Radic, por quienes, además de cariño, siente una gran admiración. “Incluso puedo decir con propiedad cómo son los terremotos chilenos, ya que estaba en Santiago para el de 2010”, cuenta sonriendo, este arquitecto conocido en Uruguay como el más chileno de los arquitectos uruguayos. “Como era mi primer terremoto, no sabía si era uno muy fuerte o no. Después me di cuenta de que había sido una catástrofe”, advierte. Con 51 años, cuenta con una carrera muy nutrida y obras que han sido reconocidas a nivel nacional e internacional. Se graduó como arquitecto de la Universidad de La República en Montevideo en 2002 y ese mismo año formó su propia oficina livni+. Luego se vino a Chile a cursar el Magíster de Proyecto de la Pontificia Universidad Católica de Chile (MARQ), obteniendo el grado en el año 2011. Desde entonces, se ha destacado por sus notables proyectos arquitectónicos; sus clases en diver- sas universidades preparando a las nuevas generaciones de arquitectos, y por sus premios, como los obtenidos por la obra realizada en la Bienal Internacional de Arquitectura de Miami (2005), la Bienal Internacional de Arquitectura de Quito (2006) y la Bienal de Arquitectura Argentina (2018). Además, en las ediciones de 2016, 2022 y 2024 fue seleccionado para el Mies Crown Hall Americas Prize (MCHAP). A partir del 2021 crea y dirige el espacio de exhibición 8 1/2. Por otra parte, en 2012 fue seleccionado curador del pabellón de Uruguay para la XIII Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal Venecia, que realizó con el curador Gonzalo Carrasco y su equipo. En 2013 fue invitado como conferencista para la XIV Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires. En los últimos años ha sido profesor invitado y ha realizado conferencias en numerosas universidades fuera de Uruguay, entre ellas la Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos de la Univer- sidad Torcuato Di Tella, Buenos Aires, Argentina; la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile; la ETSAB, Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona UPC, Universidad Politécnica de Cataluña, y la Facultad de Arquitectura de la Universidad Andrés Bello en Santiago. Si hubiera que definir, en parte, su sello como arquitecto, lo que más destacan quienes han estudiado su obra es que sus proyectos se caracterizan por ser encargos de pequeña y
mediana escala, y que muchas veces implican la restauración y nuevo uso de ciertas edificaciones. Pero siempre, con una importante injerencia en el entorno en que se encuentran. Hijo de ambos padres arquitectos, reconoce que “estaba condenado a estudiar arquitectura. Mi padre era un arquitecto de una práctica muy destacada, fue profesor de la facultad y presidente de la Comisión de Patrimonio. También tuvo una práctica en proyecto urbano, planificación y ordenamiento territorial muy importante; muy destacada”, agrega. -Yves: ¿De qué manera te marcó la vocación pública de tu papá en tu formación como arquitecto? -Pedro: Mi casa era un lugar que convocaba a toda una generación de arquitectos brillantes que se formó en los 60. Uno se empapaba de todo eso. Recuerdo visitas de obras a las cooperativas de ayuda mutua y algunos con- juntos de viviendas sociales en los cuales mi padre trabajó en la década del ’70. Desde mi rol académico he realizado más de alguna investigación acerca de ciertos arquitec- tos y momentos de Uruguay que me interesan. Como, por ejemplo, la producción de los conjuntos de vivienda social que se dio en el marco del Centro Cooperativista del Uruguay (CCU) a comienzos de los 70. Ese momento me interesa mucho porque, por un lado, hay una manera de abordar –en términos de pensamiento disciplinar y político– la vivienda social y, por otro, unas realizaciones que me parecen maravillosas desde el punto de vista arqui- tectónico. Además, hay una mirada del rol de lo público, del R Si hubiera que definir, en parte, su sello como arquitecto, lo que más destacan quienes han estudiado su obra es que sus proyectos se caracterizan por ser encargos de pequeña y mediana escala, y que muchas veces implican la restauración y nuevo uso de ciertas edificaciones. Pero siempre, con una importante injerencia en el entorno en que se encuentran.
T “Oficinas en calle Isla de Flores”, 2016 - 2018 La fachada entendida como una máscara, oculta un interior de carácter industrial. La ventana se convierte en el elemento sustantivo para relacionar el edificio con un entorno urbano circundante mayormente doméstico.
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AOA / n°53
Entrevista Internacional
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