04. La preocupación por el turismo social: Desde el primer cuarto de siglo XX, las vacaciones como tiempo de descanso, habían sido declaradas un derecho social, a través de la legislación laboral en muchos países europeos y en Chile. Desde la disciplina arquitectónica también habían sido abordadas en proyectos para la clase obrera, como la emblemática “Ciudad del Reposo y la Vacanza” de 1937, rea- lizada por el GATCPAC en las costas de Barcelona, o por las colonias de verano en la Italia fascista. Y se habían concretado desde la mitad de siglo XX a través del turismo social, en la planificación territorial y en políticas de habitación temporal en la Yugoslavia socialista. Siguiendo en esta línea es que surge también en el contexto nacional una preocupación por las vacaciones dignas para todas las capas sociales, y no solo para la elite, por ello se organizaron las colonias obreras de vacaciones desde fines de los años 30 en los distintos gobiernos del Frente Popular. Por ejemplo, durante 1939 y 1940 se inauguraron colonias colectivas de vacaciones en Quebrada Verde en Valparaíso y Lipingue, en Los Lagos. Pero estas acciones no tuvieron una consecuencia o un proyecto arquitectónico reconocible. También las empresas estatales y privadas, como mineras, compañías eléctricas, laboratorios, etc. tuvieron programas de apoyo para las vacaciones de sus trabajadores, los cuales recibían en la colonia cuidados médicos, alimentación nutritiva y actividades culturales (Yáñez: 2022, 8). El primer proyecto colectivo que se conoce es el del balneario de Punta de Tralca del Banco Central de Aguirre,
Mönckeberg, Echavarría y Briones, de 1969. Que consistía en una serie de cabañas para familias, en torno a volúmenes con programas públicos, como comedores y salones. De esta manera, el centro de la operación era acoger a la familia completa en un espacio similar al de una casa, en un conjunto o complejo balneario. Así también lo fue el proyecto de los Balnearios Populares creados durante el corto período del gobierno de la Unidad Popular, y que fueron consecuencia de la trayectoria del de- sarrollo del turismo social en nuestro país, pero que en esta oportunidad tuvo una resolución arquitectónica específica, diseñada por Renato Enríquez. El programa de Turismo Po- pular estuvo destinado a satisfacer las necesidades de ocio de los sectores de más bajos niveles de ingresos (Aguilar: 2003, 9). El proyecto consistía en un campamento de bloques en A, que contenían cabañas para diez familias; los bloques se dispusieron en distintas configuraciones y eran acompa- ñados por comedores y baños comunes. Se construyeron al menos 17 balnearios cercanos a playas entre Arica y Lota. Los cuales fueron después del golpe de Estado desmantelados o confiscados, contradiciendo su uso y espíritu original (Cortés, Gambarra, Evans: 2024). Años después, esta apuesta es replicada en el proyecto de la Casa de Retiro y Colonia de Vacaciones, Guallarauco, proyectado por Labarca y Rees, para la Vicaría de la Solida- ridad en 1978, donde la idea de vida en comunidad en torno al espacio público será nuevamente utilizada.
T Hotel Miramar, 1950. Fotografía: Autor desconocido. Archivo Pablo Altikes Pinilla. Q Archivo CENFOTO- UDP, Fondo Enrique Mora, PLB-000520, Veraneantes en Hotel Pucón, 1936- 1952. R Hostería de San Felipe, Bresciani, Valdés, Castillo, Huidobro, 1960-1961.
Desde 1944, Ferrocarriles también participó en el Consorcio Hotelero de Chile S.A. que participó en la creación de hoteles en el norte del país. Durante esta primera fase también se construyeron otros hoteles municipales, como el hotel O'Higgins, de Collovich, Silva y Barrisco en 1935 y el hotel Miramar, de Landoff y Valenzuela en 1946, ambos ubicados en Viña del Mar, que fueron parte de las iniciativas para darle al balneario un estándar internacional.
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AOA / n°53
Reportaje
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