FINANZAS/21
el horizonte
Lunes 15 de diciembre de 2025
COLUMNA
Durante décadas, a los mexicanos nos acostumbraron a TEMERLE al dólar caro. La palabra “DEVALUACIÓN” quedó tatuada en la memoria colectiva como sinónimo de CRISIS, POBREZA Y DESASTRE ECONÓMICO. B asta con que el tipo de cambio suba para que resurjan los fan- tasmas de los ochenta y los no- venta. Esa óptica puede llevar a viene para suavizar mo- vimientos. Por eso, si El dólar se desploma hacia los $17 pesos… y te están ocultando por qué
INTELIGENCIA FINANCIERA GLOBAL
POR GUILLERMO BARBA
Si bajan y bajan las tasas de interés, au- menta el gasto y, aun así, no creces, el problema no es el costo del crédito ni la falta de presupuesto: es la falta de con- fianza, la baja inversión, el entorno insti- tucional adverso, la inseguridad y la au- sencia de estado de derecho que espan- ta la inversión. Y sin inversión nacional y extranjera suficientes no hay crecimien- to económico ni aumento en la produc- tividad; sin mayor productividad ni cre- cimiento no hay aumento en los salarios reales; sin aumento en salarios reales el consumo se sostiene solo con deuda, y eso alimenta más inflación. Todos los ca- minos conducen al alza permanente de los precios. La conclusión es incómoda, pero inelu- dible: el tipo de cambio no te va a salvar. Un peso fuerte no protege a nadie cuando el sistema monetario sigue erosionando el valor del dinero. El error más común es mi- rar la pantalla del dólar y creer que ahí está la respuesta, cuando el verdadero deterio- ro ocurre todos los días en el supermerca- do, en la renta, en el ahorro y en el futuro financiero de las familias mexicanas. La discusión relevante no es si el dó- lar baja o sube algunos centavos, sino si nuestro dinero conserva su capacidad de compra. Y hoy la respuesta es clara: no la conserva. En un país atrapado en la estan- flación, seguir midiendo la salud económi- ca con el tipo de cambio es una forma có- moda de autoengaño. Entender esta rea- lidad no es alarmismo ni postura política: es un acto de responsabilidad. Porque, en un entorno como el de México, ignorar las reglas reales del dinero no es neutralidad; es aceptar, en silencio, el empobrecimien- to gradual. Y ese es un costo que no de- beríamos estar dispuestos a pagar.
una cosa simple: los precios van para arri- ba. Y, aun así, Banxico insiste en recortar tasas de interés. Esto no es un detalle téc- nico: al bajar tasas se castiga al ahorrador, se estimula el crédito, se incentiva el en- deudamiento y se alimenta la inflación. A partir de 2026, además, viene otro golpe al ahorro: una retención de 0.9% sobre el ca- pital, no sobre los intereses. Un impuesto
anticipado que, en tér- minos prácticos, casti- ga a quien intenta pro- tegerse. ¿Para qué tanta prisa por bajar tasas si la in- flación de tendencia no cede? Para abaratarle el costo financiero al go- bierno. Cuando com- pras instrumentos gu- bernamentales, le pres- tas dinero al estado. Si bajan tasas, el gobier- no paga menos inte- reses. El problema es
• • • “Aquí está el punto que muchos se niegan a entender: un peso fuerte no significa un dinero fuerte. El error es confundir tipo de cambio con valor real del dinero” • • •
quieren hablar con pre- cisión, no digan “deva- luación” del peso como si estuviéramos en 1982 o 1994. Hoy el peso se aprecia o se deprecia. Pero que el peso se aprecie no significa que no haya devaluación. La devaluación real es otra: la pérdida de po- der adquisitivo del di- nero. Es pagar más por
la conclusión equivocada de que, si el pre- cio del dólar se abarata, la economía está sólida y goza de buena salud. Evidente- mente, ese marco mental está equivoca- do. Pero no solo es obsoleto: es peligroso. He sido claro y consistente: no soy de los que anuncian un dólar en $30, $40 o $50 pesos. Todo lo contrario. Desde hace me- ses adelanté públicamente que el tipo de cambio podía dirigirse hacia la zona de los $17 pesos por dólar. Hoy ya estamos cerca de los $18 pesos, y es altamente probable que ese piso se rompa en cuestión de ho- ras o días. No sería la primera vez: antes de las elecciones pasadas, el tipo de cambio ya había tocado niveles de $16.80–$16.90. Sin embargo, aquí está el punto que muchos se niegan a entender: un peso fuerte no significa un dinero fuerte. El error es confundir tipo de cambio con valor real del dinero. El tipo de cambio puede bajar, el dólar puede abaratarse y, aun así, el valor del dinero estar murien- do frente a nuestros ojos. Hay que decirlo con claridad: hablar de “devaluación” como sinónimo de un dó- lar disparado es un concepto del siglo XX. México ya no vive bajo un tipo de cambio fijo que se decretaba de un día para otro. Hoy operamos con una flotación sucia o semiflotante en la que, cuando la volatili- dad es excesiva, el Banco de México inter-
que ese “ahorro” no se traduce en discipli- na fiscal. El déficit sigue cerca del 4% del PIB, no en el 3% prometido. Se amplía el gasto corriente, se amplían las transfe- rencias, se amplía deuda… y se amplía la inflación. Al final, el consumidor y el aho- rrador pagan la cuenta. Y mientras todo esto ocurre, la economía mexicana permanece estancada. Creci- miento cercano a cero con inflación persis- tente es lo que se conoce como estanfla- ción (estancamiento con inflación). Esa es una palabra incómoda para cual- quier gobierno y para quien tiene que quedar bien con él por conveniencia. Por eso muchos la evitan. Pero el diagnóstico no cambia por- que alguien no quiera pronunciarlo.
lo mismo. Es ver cómo suben alimentos, transporte, renta, colegiaturas y servicios sin descanso. Si hace años con un bille- te comprabas “X” y hoy necesitas el doble para llevarte lo mismo, ahí está la devalua- ción. Y esa devaluación es grave, persisten- te y, en muchos sentidos, histórica. Lo que pocos quieren aceptar es que el principal enfermo hoy no es el peso: es el dólar. El dólar dejó de ser “tan bue- no como el oro” hace muchísimo tiem- po y ahora atraviesa su propia devaluación estructural. Por eso puedes ver un peso “fuerte” al mismo tiempo que todo sube de precio. No es contradicción: es la reali- dad de un sistema monetario basado en la expansión continua de deuda y crédito. Los datos recientes en México lo confir- man. La inflación subyacente, la que marca tendencia, está por encima del rango su- perior del Banco de México. Eso significa
GUILLERMO BARBA: Periodista y Economista de la Nueva Escuela Austriaca de Economía. Es autor del blog Inteligencia Financiera Global. Analista especializado en Mercados de Oro y Plata y comentarista de TV en Proyecto 40.
Repuntan 22% solicitudes por seguro de desempleo en EUA
En un análisis, el Cen- tro de Estudios de las Fi- nanzas Públicas (CEFP) re- firió que el alza de 236,000 peticiones,“implicó un incre- mento respecto a la semana anterior, equivalente a una ex- pansión de 22.9%, ubicándose por arriba de las expectativas del mercado, que proyecta- ban 220,000 solicitudes”. El promedio móvil de cua- tro semanas llegó a 217,000, lo que involucró un ascenso de 0.9% frente a lo reportado el 29 de noviembre. “Las solicitudes de desem- pleo repuntaron debido, po-
siblemente, por las fluctua- ciones temporales causadas por el día feriado de Acción de Gracias. El aumento en el número de solicitudes por seguro de desempleo refleja una des- aceleración en el mercado la- boral”, añadió el CEFP. Otros analistas destacan que fue el mayor incremento desde marzo de 2020. En septiembre pasado, El Horizonte publicó que en Es- tados Unidos se presentaba una verdadera crisis laboral impactada por diversos fac- tores, siendo uno de los prin-
BRENDA GARZA El Horizonte
Las solicitudes de subsidio por desempleo en Estados Unidos registraron la semana pasada el mayor incremento desde el inicio de la pande- mia, después de una fuerte caída durante la semana del feriado de Acción de Gracias. En específico, se informó que las solicitudes iniciales aumentaron en 44,000, al pa- sar de 192,000 a 236,000, del 29 de noviembre al 6 de di- ciembre, según datos del De- partamento de Trabajo.
cipales la imposición de aran- celes por parte de dicho país. Y es que esa medida ha provocado que las empresas busquen reducir costos a tra-
vés del despido de personal. La situación fue tal, que en ese entonces, era mayor el nú- mero de desempleados que el de vacantes disponibles.
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