El descanso es tan importante como el trabajo / ARISTÓTELES
2/editorial
el horizonte
Martes 31 de marzo de 2026
coahuila
Cuatro Ciénegas, “pueblo trágico”: el millonario negocio disfrazado de sustentabilidad
Lo de Cuatro Ciénegas no es un accidente. No es un error ADMINISTRATIVO . No es una sorpresa. Es la consecuencia DE AÑOS DE DECISIONES cómodas, omisiones compartidas y un MODELO QUE TODOS TOLERARON… hasta que el agua dejó de alcanzar.
la regulación fue laxa cuando con- venía y estricta cuando el conflic- to ya era inevitable. Por qué el mo- delo fue rentable mientras crecía, pero insostenible cuando se saturó. Y sobre todo: quién va a asumir la responsabilidad. Porque aquí no hay un solo cul- pable. Hay una cadena completa. Autoridades que supervisaron sin corregir. Empresas que operaron al límite. Un sistema que privilegió la rentabilidad sobre la sostenibilidad. Y una realidad que hoy revienta en el peor momento posible. Mientras tanto, el debate se redu- ce a quién pierde más: el turismo o el negocio. Pero la pregunta de fondo es otra. ¿Qué se protege primero cuando el recurso es limitado? El agua, la economía o el acceso. Porque en Cuatro Ciénegas ya no se trata de quién gana el deba- te. Se trata de si todavía hay algo que salvar.
un ecosistema único en el mundo como atractivo comercial. La na- rrativa de conservación sirvió para legitimar un esquema que, en la práctica, permitió explotar el recur- so, restringir el acceso y mantener una rentabilidad constante bajo el argumento de proteger lo que, al mismo tiempo, se estaba presio- nando. El problema es que ese discurso ya no alcanza para explicar lo que realmente está en juego. Porque durante años, el desarro- llo turístico en Cuatro Ciénegas si- guió una lógica evidente: conver- tir un ecosistema único en un pro- ducto. Un producto atractivo, ren- table… y también excluyente. Un modelo donde el acceso al agua, al paisaje y al territorio se volvió se- lectivo, condicionado por la capa- cidad de pago. Y ahí es donde la crítica social — incómoda, dura, incluso radical en sus formas— empieza a tocar un punto que no se puede ignorar: ¿cuándo el turismo deja de ser de- sarrollo y se convierte en apropia- ción? Las voces que hoy cuestionan no están hablando solo de una clausu- ra. Están señalando algo más pro- fundo: que en Cuatro Ciénegas se permitió que un Área Natural Pro- tegida operara, en los hechos, bajo dinámicas privadas. Que el acce- so a un ecosistema que debería ser de todos terminó siendo controla- do por unos cuantos. Y ese señalamiento no se desac-
tiva con comunicados ni con po- sicionamientos. Se confronta con hechos. Y hoy esos hechos están bajo revisión porque algo, clara- mente, no cuadra. En medio de esta confrontación hay un dato incómodo que na- die puede evadir: el sistema hídri- co de Cuatro Ciénegas lleva años bajo presión. La sobreexplotación del acuífero, la actividad agrícola, el crecimiento turístico y la deman- da constante han ido reduciendo el equilibrio natural del valle. Y cuando el agua se vuelve insu- ficiente, alguien siempre se que- da sin ella. Por eso este cierre no es un he- cho aislado. Es un punto de quie- bre. El problema de fondo es que todos jugaron a lo mismo: estirar el límite sin romperlo. La autoridad, permitiendo; los operadores, ex- pandiendo; el discurso público, jus- tificando bajo la narrativa del turis- mo sustentable. Hasta que el siste- ma dejó de aguantar. Porque Cuatro Ciénegas no es cualquier destino. Es uno de los ecosistemas más frágiles y valiosos del planeta. Y aun así, se le exigió como si fuera infinito. Se pretendió que el agua sostu- viera todo al mismo tiempo: agri- cultura, turismo, desarrollo econó- mico y conservación. Y eso, sim- plemente, no es viable. No lo era antes y hoy queda expuesto con claridad. Por eso la clausura no es el pro- blema. Es la consecuencia. La verdadera pregunta es por qué se llegó a este punto. Por qué nadie puso un límite antes. Por qué
ta? ¿Por qué actuar justo en el mo- mento de mayor impacto econó- mico y no antes, si el problema era real? En cualquiera de los dos escena- rios, el resultado es el mismo: la au- toridad llega tarde o llega mal. Y en ambos casos, pierde credibilidad. Pero la responsabilidad no se queda en el gobierno. Del lado empresarial, Fernan- do Cano y el Grupo Hotelero 1800 han construido una narrativa de agravio: hablan de arbitrariedad, de falta de sustento técnico, de in- defensión y de un golpe directo a la economía local. Incluso plantean que su modelo turístico contribuía al financiamiento de proyectos de conservación. Sin embargo, hay un ángulo que incomoda y que pocas veces se dice con claridad: Cuatro Ciéne- gas también se ha convertido en un negocio millonario disfrazado de “sustentabilidad”. Mientras al- gunos empresarios se presentan hoy como víctimas, el modelo que operaron durante años se sostuvo bajo esa etiqueta, aprovechando
Porque eso es lo que está en el fondo de todo: el agua del desi- erto ya no alcanza para sostener- lo todo, y el equilibrio entre turis- mo, economía y medio ambiente se está rompiendo. La clausura del complejo en el Río San Marcos —antes Mezqui- tes— ejecutada por PROFEPA con participación de CONANP, no cayó del cielo. Llegó tarde. Muy tarde. Y ese es el primer punto que nadie quiere asumir. Porque si hoy se dice que ha- bía irregularidades, entonces hay responsables claros: ¿dónde es- taban Carlos Alberto Siguentes Lugo desde la dirección regional de CONANP, y Cristino Villarreal, al frente del Área Natural Protegi- da de Cuatro Ciénegas, mientras este modelo crecía, operaba y se consolidaba? ¿Qué supervisaron? ¿Qué permitieron? ¿Qué dejaron pasar durante años? Y si no había irregularidades — como sostiene la empresa— en- tonces la pregunta cambia de di- rección y alcanza a Mario A. Gue- rrero, encargado de PROFEPA en Coahuila: ¿con qué sustento téc- nico se toma una decisión de este tamaño a días de Semana San-
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