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SABOR/17

el horizonte

Miércoles 14 de enero de 2026

COLUMNA

CRÓNICAS DE UN COMELÓN POR ROBERTO NAVARRO

Para ser extraordinarios, empecemos por lo básico. P robablemente algunos de ustedes ya hayan tenido la oportunidad de conocer el mítico Eleven Madison Park. Quizás algunos más hayan leído el libro de uno de los propietarios del restaurante, pero seguramente aún más de ustedes hayan visto la multipremiada serie El Oso. Recientemente, un escritor, criticó a estos tres, y en particular al libro y la serie, por generar expectativas poco realistas de parte de los comensales. Quizás en realidad el problema no radique en las expectativas, sino en lo que en los negocios estamos dispuestos a brindar. No es cierto que todos los clientes vayan a los restaurantes esperando que les traigan una máquina de nieve, o que les sirvan algo fuera del menú, pero típico de la ciudad. Sin embargo, lo que sí creo que todos los comensales y huéspedes están esperando: ser vistos. Hace un par de meses les platicaba de cómo había estado en un restaurante en un aeropuerto en el que prácticamente toda la atención se basaba en mi interacción con… mi propio teléfono. Recientemente, en un encuentro cercano con otro restaurante similar (estaban los códigos QR, pero aquí sí nos atendió una persona), me he puesto a pensar mucho en qué consiste ser vistos. Hace una veintena de años, trabajé por un tiempo para una marca hotelera de lujo. Toda la filosofía de servicio de la empresa se basaba en observar a nuestros huéspedes. Aprender detalles sobre ellos, y, en la medida de lo posible, anticipar sus gustos y necesidades. Todos los que formábamos parte de la empresa estábamos facultados para, incluso, incurrir en gastos para lograr sorprenderlos. Podemos pensar que, teniendo presupuesto, superar las expectativas de los clientes es sencillo, pero si sólo queremos ser vistos, no es necesario gastar nada. Creo que es tan sencillo como recordarlos (de hecho, saludar por su nombre era uno de los puntos clave del servicio en la cadena hotelera), como recordar lo que les gusta y estar atentos a su comida, sin estar encima. Uno de los lugares en los que también pensé en estos temas es casualmente en el supermercado. Quizás pocos de nosotros tomamos en cuenta el servicio para escoger al que acudimos a hacer nuestras compras, pero en ciertos horarios, uno que me queda muy cerca parece zona de guerra: los pasillos se ven invadidos por las tarimas de los productos que van a acomodar. Si de casualidad le toca a uno coincidir en el pasillo con alguien que está moviendo esas tarimas, más te vale que te apartes del camino, porque pareciera, que ni te ven. En otra ocasión, las tarimas bloqueaban el acceso a los productos mismos que iba a comprar. Ya ven, no necesitamos presupuestos, sólo recordar que nuestros huéspedes y comensales, son personas, igual que nosotros, y tratarnos como tal. Roberto Navarro: Egresado del Institut Paul Bocuse en Écully, Francia.Chef, Instructor de cocina, consultor. Contacto: sansturbot@ gmail.com, @sansturbot ¿Poco razonable?

Café irlandés para calentar la garganta TE DECIMOS CÓMO PREPARARLO

Es ideal para una sobremesa larga, una tarde fría o una conversación que no quiere terminar

1940 en Irlanda, en un contexto donde el frío y la lluvia eran parte del paisaje coti- diano. Según la historia más difundida, fue creado por Joe Sheridan, chef del ae- ropuerto de Foynes, para reconfortar a pasajeros cansados y helados. “No es sólo café, es café irlandés”, res- pondía Sheridan cuando los viajeros le preguntaban si aquella bebida era brasi- leña. La frase terminó por definir su iden- tidad: Una bebida con carácter propio. A diferencia de otros cafés con licor, el secreto del café irlandés está en el con- traste de temperaturas y texturas: El líqui- do caliente se bebe a través de una capa fría y cremosa que no debe mezclarse. (Con información de Agencias)

REDACCIÓN El Horizonte

LA RECETA PASO A PASO INGREDIENTES

Hay bebidas que se toman con prisa y otras que exigen pausa. El café irlandés pertenece, sin duda, a la segunda catego- ría. Su mezcla reconfortante, el amargor profundo del café, la calidez del whisky y la dulzura sedosa de la crema, lo ha con- vertido en un clásico que se disfruta len- tamente, ideal para calentar la garganta y también el ánimo. Más que un trago con alcohol, el café ir- landés es una experiencia sensorial y cul- tural que habla de hospitalidad, tradición y placer sin excesos. El café irlandés nació en la década de SABÍAS QUE… No se revuelve: El café irlandés se bebe atravesando la crema, no mezclándola. El whisky importa: Los puristas coinciden en que debe ser whisky irlandés, más suave y redondo que otros estilos.

150 ml de café caliente 50 ml de whisky irlandés

1 cucharada de azúcar morena Crema de leche batida (para montar) PREPARACIÓN En una copa o vaso alto, añade el azúcar y una pequeña cantidad de café caliente. Remueve hasta que el azúcar se disuelva por completo. Agrega el whisky y mezcla brevemente. Llena el resto del vaso con el café caliente, dejando aproximadamente un centímetro libre en la parte superior. Para la crema, este tip es clave: Sostén una cuchara invertida sobre la superficie del café y vierte suavemente la crema batida sobre el dorso, permitiendo que

La crema debe estar fría, para que flote correctamente y cree el contraste térmico característico. Tradicionalmente se sirve en vasos de cristal, para apreciar sus capas.

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