Revista AOA_30

- Miralles le daba mucha importancia a la idea reflejada en los primeros dibujos, los cuales iban cambiando. Hablaba de que cada proyecto era una investigación abierta, que podía continuarse en los proyectos siguientes. Al mismo tiempo parecía mostrar una cierta reticencia a la arquitectura digital. ¿Cómo ves esta relación con lo digital en pleno siglo XXI, con las tecnología BIM, programas Revit, etc.? Enric murió el año 2000, cuando el mundo digital recién empezaba en arquitectura. Pero durante los años 90 nunca dijo que no al mundo digital, al contrario. Le encantaba el diseño manual y lo hacía tan bien que era como la marca de la casa, pero le gustaba muchísimo dibujar proyectos también en digital. Le gustaban las líneas de la pantalla, las fotografiaba y analizaba los colores, las capas. Se sentaba a observar a los que hacían renders, les daba indicaciones. Estoy segura de que si Enric hubiera vivido estos 15 años se habría divertido muchísimo porque adoraba experimentar y probar. - Ningún arquitecto u oficina de arquitectura es pareja en sus obras, y en el caso de EMBT entre los puntos más altos están el Parlamento de Escocia y el Mercado de Santa Caterina. ¿Compartes esta opinión? Cierto, son dos peaks a los que les dedicamos mucho tiempo y una energía especial, aunque el mismo Enric pensaba que dedicar demasiado a algo no era garantía de que saliera mejor. Sin duda el Parlamento de Escocia (1999-2005) y Santa Caterina (1997-2004) fueron proyectos demandantes. Especialmente el Parlamento fue de entrada muy complejo, con la presencia de la ciudad, de la historia, un nuevo poder en conflicto con el poder existente, donde había que hacer un edificio oficial e intentar hacerlo familiar, que la gente no lo viera distante, en fin, había demasiados temas. Y luego realmente ser capaces de lograr un edificio que funcionara bien considerando todas las exigencias de seguridad y que la gente pudiera llegar a todos los lugares de debate. Cuando Enric estaba enfermo dibujaba obsesionado partes del proyecto, que estaba ya en construcción, y estuvimos así hasta el final, resolviendo cosas mientras construíamos, casi mano a mano… Y no solo era lidiar con la arquitectura producida en el estudio, sino también con las dificultades que surgieron alrededor. Era un proyecto en el ojo de la gente y de los medios de comunicación, se hizo una especie de proceso, hubo una investigación parlamentaria y sí, fue duro. Fue un periodo exigente, yo estaba muy pendiente de convencer a todos de que al final se enamorarían del edificio. Y eso fue lo más difícil: mantener la seguridad dando seguridad a los demás. Y bueno, al final el edificio ha gustado. El Mercado de Santa Caterina, en cambio, fue un proyecto fácil, perfecto, que amamos mucho. Estaba cerca de nuestra casa, se llamaba como nuestra hija. Nosotros exageramos y le dimos a nuestro hijo el nombre de Domenec, en honor a la antigua orden monástica que ocupaba el convento, los dominicos. En todo el proyecto hubo mucho amor, era nuestra ciudad, tuvimos mucho apoyo y respaldo, hacerlo fue magnífico.

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