ARQUITECTURA MODERNA LATINOAMERICANA LATIN AMERICAN MODERN ARCHITECTURE
Oscar Niemeyer y Lucio Costa, figuras fundacionales de la modernidad brasileña. Oscar Niemeyer and Lucio Costa, founding figures in Brazilian modernity.
La consolidación de la arquitectura moderna en Brasil se produjo en términos que sorprenden a quienes hacen una lectura superficial. Se estructura a principios de 1940 a partir del compromiso de financiamiento estatal, como un movimiento organizado y profundamente arraigado a la cultura: la modernidad ha sido reconocida como una parte integral de la cultura del país. No sin razón, Lucio Costa usa el término milagro ¹ para describir la velocidad en que alcanzó la madurez y su éxito sin precedentes. En menos de dos décadas se afianzó un movimiento de arquitectura moderna de carácter nacional², basado en la interpretación de los elementos de la tradición cultural propios de una región con condiciones sociales y productivas radicalmente distintas a las de los países centroeuropeos que catalizaron la formulación de la modernidad. La experiencia brasileña fue ampliamente difundida por la prensa, sobre todo después de la publicación del libro Brazil Builds , de Philip Goodwin , que recogía la exposición homónima realizada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1943.³ Brasil, al igual que muchos de sus pares latinoamericanos, vivió numerosas transiciones políticas durante las primeras décadas del siglo XX, alternando entre los sistemas autoritarios y centralizadores y el éxito limitado de movimientos revolucionarios. La pregunta que surge es la razón que permitió a la modernidad asentarse en este contexto, y su aceptación unánime y transversal entre los distintos agentes productivos tras superar las diferencias políticas y las dificultades tecnológicas. 4 La figura de Lucio Costa es fundamental para la comprensión de este fenómeno. Autor de algunos de los ejemplos inaugurales del Movimiento Moderno en el país, desde los comienzos fue también su principal defensor en lo teórico. La profundidad de la investigación estética de la modernidad en la arquitectura brasileña debe mucho a la ecuación que formulara, y que combina arte e historia como factores esenciales. Para Costa la técnica es la representación de una actividad humana en un determinado momento histórico, pero también es el resultado de un proceso continuo de conquistas intelectuales y debe ser entendida como “la base sobre la que, invariablemente, se tiene que afirmar el punto de partida”. Por tanto, la técnica es la base de su lógica constructiva y el factor que controla la secuencia de decisiones en el proceso de diseño. Esta premisa lleva consigo el peso del tiempo, aceptando que "nosotros los arquitectos modernos podemos aprender de su experiencia de más de trescientos años, de otro modo estaríamos reproduciendo un aspecto ya muerto". Al negar “el aspecto muerto” (que trajeron las experiencias arquitectónicas no- modernas), Lucio Costa inicia con lucidez el montaje de su artillería historiográfica que labraría el
lugar de la nueva arquitectura en la historia cultural brasileña: la única manifestación coherente y aceptable en el proceso de formación del país a principios del siglo XX. 5 Lo moderno nace en Brasil como una secuencia histórica de estilos arquitectónicos, una cadena tan lógica como aceptada para las siguientes generaciones de arquitectos, quienes por décadas no tuvieron argumentos ni siquiera para cuestionar su validez 6 . En otras palabras, Lucio Costa aseguró que la nueva arquitectura se asentara durante muchos años ajena a cualquier crítica, flotando en una especie de certeza colectiva de que se estaba haciendo la única arquitectura posible. La modernidad se consideró congénita 7 en Brasil, llenando las lagunas de una cultura en formación y arraigándose en el imaginario nacionalista -factor indispensable en la evolución de la arquitectura- con el apoyo de los referentes tradicionales. Este último aspecto -también guiado por Lucio Costa- merece ser destacado. El acercamiento entre las enseñanzas modernas y la construcción tradicional se plasma de manera sistemática, y contamina la pureza formal del radicalismo moderno de los primeros tiempos. La comprensión de que el arte contemporáneo y las experiencias del pasado forman parte de un mismo proceso histórico rompió las jerarquías, permitiendo el intercambio metodológico. “La buena arquitectura de un periodo determinado irá siempre bien con cualquier periodo anterior. Lo que no combina con cosa alguna es la falta de arquitectura. De la misma manera que un buen ventilador y un teléfono sobre una mesa del siglo XVI o XVIII no pueden ser una vergüenza para los verdaderos amantes de las cosas antiguas...”. 8 Esta frase revela la postura de Costa frente a la noción de patrimonio 9 , anticipándose a ideas que en las décadas siguientes serían ampliamente aceptadas: por una parte, reconocer el valor de lo preexistente; por el otro, elevar la nueva arquitectura al mismo nivel de importancia. Tomando distancia de los excesos del radicalismo moderno temprano, Costa sitúa a la modernidad como el capítulo actual de un proceso histórico, sin abogar por la negación de los logros del pasado. Por el contrario, los pone en oposición para demostrar su lógica. Con esta forma de pensar, es libre para operar sin limitaciones con la tradición y lo contemporáneo, estableciendo vínculos entre ellos por distintas vías: rescatando técnicas o programas arquitectónicos en desuso, proponiendo ampliaciones en los sitios históricos o construyendo edificios modernos con elementos constructivos característicos de otras épocas.
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