ARAVENA PROPOSED THESE CHALLENGES AS AN EQUATION, ILLUSTRATED BY A DIAGRAM IN WHICH ISSUES SUCH AS INEQUALITY, SUSTAINABILITY, TRAFFIC, WASTE, CRIME, POLLUTION, COMMUNITIES, MIGRATION, SEGREGATION, NATURAL DISASTERS, INFORMALITY, PERIPHERY, HOUSING AND QUALITY OF LIFE WERE PRESENTED LIKE SATELLITES ORBITING THE X=?
Aravena había planteado el tema de la bienal meses antes de recibir el Pritzker, y parte importante del revuelo que causó el premio -tradicionalmente reservado para arquitectos consagrados y de amplia trayectoria-, radicó precisamente en que se trataba de un arquitecto joven, con pocas obras de envergadura y cuya búsqueda junto a sus socios de Elemental se ha centrado no en generar una arquitectura del espectáculo, de grandes masas de cristal y alta tecnología. La arquitectura de Elemental es todo lo contrario, con un lenguaje formal austero, monolítico, a veces rústico pero profundamente sensible. Aravena ha exigido a su arquitectura una capacidad de síntesis tal que pueda responder en forma eficiente, pertinente y adecuada a las necesidades de sus clientes, sean estos familias de campamentos, comunidades en conflicto con mineras, ciudades arrasadas por desastres naturales, un centro universitario de innovación tecnológica o un laboratorio para curar el cáncer. Para muchos críticos, que se haya reconocido a Aravena con el Pritzker significó un cambio de paradigma en la historia del premio. Comentaban que sería difícil encontrar una escuela de pensamiento o una masa crítica de arquitectos así de comprometidos con el debido equilibrio entre los aspectos estéticos y los políticos o procedimentales de la arquitectura. Por ello es que debemos celebrar lo que pasó en Venecia. Aravena tomó el riesgo de convocar a más de 80 arquitectos y profesionales de otras disciplinas, junto a los pabellones de 30 países a reportar desde el frente y compartir lo que están haciendo en esta línea. El riesgo era altísimo: por un lado la bienal se podía llenar de casas hechas con botellas plásticas recicladas para supuestas víctimas de desastres, o perderse en discursos retóricos respecto a las fallas e injusticias de la globalización y el sistema de mercado. CALIDAD, NO CARIDAD En este punto es clave detenerse para entender la agenda de Aravena. Una primera lectura, más bien superficial, podría malinterpretar su discurso y el trabajo de Elemental con una reivindicación de la arquitectura como una disciplina humanitaria, una especie de vocación por los pobres y más desposeídos enraizada en valores como la caridad o la compasión. Nada más lejos del origen y visión de Aravena. De ser así, obviamente no se entendería que Elemental sea un do-tank con fines de lucro en lugar de una ONG, y que en su portafolio convivan viviendas sociales con mansiones de lujo. Por otro lado, si se intenta interpretar la convocatoria de la bienal como una emancipación desde la arquitectura en contra de las grandes corporaciones y el capitalismo global, como una especie de manifiesto ocupa y que refleje las exacerbadas demandas de la mimada y sobreestimulada Generación X, sin duda la frustración y desorientación será mayor. Nuevamente, nada más lejos del interés de Aravena, cuyo pragmatismo ante el sentido de urgencia que presentan los desafíos del frente de batalla no dan tiempo que perder en discursos teóricos refundacionales o ideologías de salón que se alejan del ámbito de competencia de la arquitectura. El hecho de que la bienal y la obra de Aravena traten de tomar distancia de la arquitectura humanitaria o los manifiestos progresistas radicales no significa que estemos ante una arquitectura neutral o carente de posición política. Al revés, esta bienal probablemente es la más política de todas. En este juego Aravena no es el único responsable, y su principal aliado estuvo en el corazón mismo de la organización: el presidente de la Biennale Paolo Baratta. político italiano tres veces ministro en las carteras de Economía, Trabajo y Medio Ambiente. En su segundo periodo como presidente comenta: “No estamos interesados solo en exhibir resultados concretos para su evaluación crítica. Queremos además adentrarnos en la fenomenología de cómo esos ejemplos positivos se forjaron. En otras palabras: lo que genera la demanda por arquitectura; cómo nuestras necesidades y deseos son identificados y expresados; cuáles son los procesos lógicos, institucionales, legales, políticos y administrativos que demandan hoy a la arquitectura y cómo ellos permiten a la arquitectura presentar soluciones que van más allá de lo banal o auto flagelante”.²
Aravena had raised the issue of the biennial months before receiving the Pritzker, and an important part of the commotion caused by the prize -traditionally reserved for established architects with ample trajectory-, consisted precisely that it was a young architect, with few works and whose major research with his partners at Elemental has focused not on generating an architecture of spectacle, of large masses of glass and high technology. The architecture of Elemental is the opposite, with an austere, monolithic formal language, sometimes rustic but deeply sensitive. Aravena has demanded of his architecture a capacity of synthesis that can respond in an efficient, relevant and appropriate manner to the needs of its clients, be them destitute families, communities in conflict with mining companies, cities ravaged by natural disasters, a university center for technological innovation or a laboratory to cure cancer. For many critics, acknowledging Aravena with the Pritzker meant a paradigm shift in the history of the award, and commented that it would be difficult to find a school of thought or a critical mass of architects so committed to the proper balance between aesthetic aspects and the political or procedural in architecture. That is why we should celebrate what happened in Venice. Aravena took the risk of calling more than 80 architects and professionals from other disciplines, along with the pavilions of 30 countries, to report from the front and share what they are doing in this line. The risk was very high: on one hand the biennial could have been full of houses made of recycled plastic bottles for alleged victims of disasters or get lost in rhetorical speeches about the failures and injustices of globalization and the market system. QUALITY, NOT CHARITY At this point it is fundamental to stop to understand the Aravena agenda. A first reading, rather superficial, might misinterpret his discourse and the work of Elemental as a claim for architecture as a humanitarian discipline, a sort of vocation for the poor and dispossessed rooted in values such as charity or compassion. Nothing could be further from Aravena’s origin and vision. If it were so, it would obviously not be understood that Elemental is a do-tank, for profit rather than an NGO, and that in its portfolio social housing stands next to luxury mansions. On the other hand, if you try to interpret the call of the biennial as an emancipation of architecture against large corporations and global capitalism, as a kind of occupy manifesto that reflects the exacerbated demands of the spoiled and over stimulated Generation X, the frustration and disorientation will be certainly higher. Again, nothing further from Aravena’s interest, whose pragmatism facing the sense of urgency presented by the challenges of the battlefront allow no time to lose in theoretical re foundational discourses or salon ideologies that deviate from the purview of architecture. The fact that the biennial and the work of Aravena tries to distance itself from humanitarian architecture or the radical progressive manifestos does not mean that we are facing a neutral architecture devoid of a political position. On the contrary, this biennial is probably the most political of all. In this game Aravena is not solely responsible, and his main ally was in the heart of the organization itself: the president of the Biennale Paolo Baratta, Italian politician, three times minister in the portfolios of Economy, Labor and Environment. In his second term as president he comments: “We are not just interested in exhibiting concrete results for critical appraisal. We also want to see into the phenomenology of how these positive examples came about. In other words: what drives the demand for architecture; how our needs and desires are identified and expressed; which logical, institutional, legal, political and administrative processes lead to demand for architecture and how they allow architecture to come up with solutions which go beyond the banal and self-beating?”²
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