“NECESITAMOS CALIDAD PROFESIONAL, NO CARIDAD PROFESIONAL. NECESITAMOS LAS MEJORES MENTES PARA RESOLVER ESTE TIPO DE PREGUNTAS”.
La obsesión de Aravena por validar la relevancia y pertinencia de la arquitectura como fenómeno político surge de su convicción de que más allá del aporte estético que la disciplina ha realizado en los momentos estelares de la civilización, es más importante su sincronía con los aspectos procedimentales y fundamentales que dan forma a la toma de decisiones en las más altas esferas de lo público. Su admiración por la perfecta imperfección de la arquitectura clásica no era sólo por su belleza, sino más bien por la trascendencia del discurso arquitectónico en la cultura de su tiempo. Lo que busca en su curatoría es precisamente eso, volver a situar a la arquitectura como parte de un fenómeno cultural en la esfera de lo público. Lo más relevante del pensamiento de Aravena radica en su convencimiento del rol transformador de la disciplina y la responsabilidad pública del arquitecto, sin por ello abdicar de la belleza como valor fundamental. Lo que queda de manifiesto en su labor como investigador, teórico, docente y en su práctica profesional desde Elemental. Desde los primeros días de Elemental insistía en que el verdadero compromiso social de la arquitectura estaba en enfrentar la inequidad como desafío profesional y no desde la caridad: “Necesitamos calidad profesional, no caridad profesional. Necesitamos las mejores mentes para resolver este tipo de preguntas”³ . Y su sentido de urgencia indicaba que no debemos esperar como meros espectadores a que alguna autoridad lidere las grandes reformas, sino que podíamos influir “desde la arquitectura” en mejorar las políticas públicas, y finalmente, que nuestra disciplina cobrará relevancia cuando su discusión se amplíe de las secciones de cultura de los diarios a los cuerpos de reportajes y editoriales. En otras palabras, que la arquitectura fuese un tema de igual relevancia que la economía, la educación, la salud y parte permanente en el debate de temas de desarrollo social y políticas públicas. El mérito de Aravena radica en la consistencia de esos principios sin transar en la búsqueda de un lenguaje propio, pertinente y bello. Es precisamente desde la convicción en el potencial de la arquitectura que Aravena se ha atrevido a incursionar en ámbitos complejos y de gran incertidumbre. Así es como irrumpió primero en el diseño de vivienda social, reconociendo su ignorancia total en las políticas habitacionales de la época pero dispuesto a enriquecerlas desde el diseño. Lo mismo llevó a Elemental, con muy poca experiencia en planes urbanos, a liderar en el Plan de Reconstrucción de la Ciudad de Constitución luego del terremoto y tsunami del 2010. Con ese mismo espíritu Alejandro se hizo cargo de esta bienal. ARQUITECTURA “FORENSE” Y CALIDAD DE VIDA Consultado respecto a la enorme responsabilidad de curar el mayor evento de arquitectura global sin tener experiencia en bienales, su respuesta fue categórica: “Estoy seguro de que haciendo uso de mi total ignorancia seré capaz de plantear la más simple, a veces aparentemente estúpida de las preguntas, que por ese sólo hecho puede penetrar a la raíz del problema. Esta es la libertad de poder aproximarse al problema con la mente despejada, y por lo mismo abierta, y una mirada clara y pura, que no ha sido filtrada por prejuicios o preconcepciones… Ser de cierta forma un outsider me ha permitido interpretar este honor y mi involucramiento con la Biennale como una oportunidad de disfrutar un más amplio espectro de libertad de pensamiento y acción, una ventaja que espero hacer aparente en la selección que he hecho y curado”. 4
Aravena’s obsession to validate the relevance and pertinence of architecture as a political phenomenon rises from his conviction that beyond the aesthetic contribution the discipline has made in the stellar moments of civilization, more important is its synchrony with the procedural and fundamental aspects that shape decision making in the highest levels of the public sphere. His admiration for the perfect imperfection of classical architecture was not only for its beauty, but also rather because of the importance of architectural discourse in the culture of its time. What he looks for in his curatorship is exactly that, to reposition architecture as part of a cultural phenomenon in the public sphere. His most relevant thought lies in his conviction of the transformative role of the discipline and the public responsibility of the architect, without abdicating beauty as a fundamental value. Which is evident in his work as a researcher, theorist, teacher and his professional practice at Elemental. Since the early days of Elemental he insisted that the true social commitment of architecture was to face inequality as a professional challenge and not as charity: “We need professional quality, no professional charity. We need the best minds to solve these questions”³ . And his sense of urgency indicated that we should not wait as mere spectators for some authority to lead major reforms, but instead we could influence “through architecture” and improve public policy, and finally, that our discipline will become relevant when discussion expands from the culture sections of newspapers to the features and editorials. In other words, architecture is an issue of equal importance to the economy, education, health and a permanent part in the debate on issues of social development and public policy. Aravena’s merit lies in the consistency of these principles without compromising in the search for a personal, relevant and beautiful language. It is precisely from the belief in the potential of architecture that Aravena has dared to venture into complex and highly uncertain fields. That’s how he first broke into design of social housing, recognizing his total ignorance in the housing policies of the time but ready to improve them through design. The same attitude made Elemental -with very little experience in urban planning- a leader in the reconstruction plan of the city of Constitución after the earthquake and tsunami of 2010. In that same spirit Alejandro took over this biennial. “FORENSIC” ARCHITECTURE AND QUALITY OF LIFE When asked about the enormous responsibility of curating the biggest event of global architecture without having experience in biennials, his reply was categorical: “I am sure that making use of my total ignorance I will be able to raise the simplest, sometimes seemingly most stupid of questions, which by that fact alone can penetrate to the root of the problem. This is the freedom to approach the problem with a clear, and therefore open mind, and a clear and pure look that has not been filtered by prejudice or preconceptions ... Being in a way an outsider has allowed me to interpret this honor and my involvement with the Biennale as an opportunity to enjoy a wider range of freedom of thought and action, an advantage that I hope to make apparent in the selection I’ve made and curated.” 4
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