REVISTA DIGITAL - 2425

DOMINICAS PATERNA

“Mucho más que un colegio, un segundo hogar para crecer con valores"

Profesor acompañando a una alumna de infantil. (Imagen tomada por la fotógrafa)

Por Juan Antonio Romero, padre de alumna actual y exalumna del colegio

Tomar decisiones sobre la educación de nuestros hijos no es una tarea sencilla. Implica pensar en su presente y cómo les guiará hacia su futuro, buscar un entorno que combine el aprendizaje académico con la formación humana, y confiar en que ese espacio los acompañará durante una de las etapas más importantes de sus vidas. Por todo eso, y mucho más, es importante elegir el centro educativo de tus hijos a conciencia. Para eso voy a explicar cómo mi mujer y yo elegimos el colegio Dominicas de Paterna para mis hijas. No fue solo una elección de centro educativo; fue una apuesta por su formación hacia la salida al mundo real. Mis hijas han cursado en Dominicas las tres etapas fundamentales de su formación: Infantil, Primaria y Secundaria. En cada una de ellas he visto cómo el colegio no solo ha acompañado su crecimiento intelectual, sino también su desarrollo como personas con valores, comprometidas, empáticas y responsables. Desde el primer día, encontré en este centro un equilibrio entre exigencia académica y personal. Para esta elección tan importante primero pedimos referencias sobre varios colegios tanto a familiares como a amigos y, aunque todos nos daban opciones buenas, después de informarnos más a fondo sobre la manera de trabajar de este centro fue el que más nos llamó la atención. El proyecto educativo de Dominicas de Paterna no es uno más. Se nota que detrás hay una vocación clara de educar con sentido, de fomentar valores como el respeto, la solidaridad, el esfuerzo y la espiritualidad. Estos principios no se imponen, se viven en el día a día, en las aulas, en los patios, en las actividades solidarias, y en cada gesto del personal docente y administrativo. Y eso, como padre, lo agradezco profundamente. Otro de los aspectos que más valoro es el acompañamiento cercano que hemos tenido como familia. Siempre hemos sentido que formamos parte de una comunidad donde se escucha, se dialoga y se busca lo mejor para cada estudiante. En un mundo donde muchas veces la educación se vuelve impersonal o competitiva, encontrar un centro que pone el corazón en cada proceso educativo es un tesoro. Hoy, al mirar atrás y ver el camino recorrido por mis hijas, puedo decir con certeza que tomamos la decisión correcta, incluso y sobre todo en momentos en los que las cosas se han puesto difíciles ha sido cuando más nos hemos dado cuenta de que decidimos bien ya que ha sido ahí cuando mis hijas y nosotros como familia hemos sentido el apoyo educativo hasta mejorar la situación. No solo han crecido en conocimientos, sino también en humanidad. Y eso, para mí, es lo más importante.

Por eso, más que un colegio, ha sido un segundo hogar. Y estoy convencido de que todo lo aprendido allí les servirá para enfrentar el futuro con confianza, con valores firmes y con la capacidad de aportar al mundo lo mejor de sí mismas.

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