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INTERNACIONAL/19

el horizonte

Martes 18 de noviembre de 2025

Japón pide a sus ciudadanos cuidarse de extremistas chinos

REDACCIÓN El Horizonte

Japón ha advertido a sus ciudadanos en China que intensifiquen las pre- cauciones de seguridad y eviten los lugares concurridos en medio de una disputa cada vez más profunda entre Pekín y Tokio sobre Taiwán. El secretario jefe del gabinete, Mi- noru Kihara, afirmó que la última ad- vertencia es un renovado llamado a tomar medidas de seguridad, ya que el sentimiento hacia Japón reflejado en los medios chinos se ha deteriora- do tras los recientes acontecimientos diplomáticos que afectan las relacio- nes entre los países vecinos. TENSIÓN AUMENTA La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, provocó el enfrentamiento diplomático más grave entre las dos potencias de Asia Oriental en años cuando declaró este mes ante los le- gisladores japoneses que un ataque

RUSIA ATACA EN EL DANUBIO EN FRONTERA CON RUMANIA. Las autoridades de Rumania evacuaron este lunes dos pueblos a orillas del Danubio por un bombardeo ruso que provocó el incendio de un buque cargado con gas licuado en el sur de Ucrania, cerca de la frontera. Desde el inicio de la invasión rusa en 2022, Moscú ataca los puertos de la zona del Danubio, lo que mantiene en alerta constante a Rumania.

RELACIÓN ENTRE POTENCIAS EN CRISIS China ha intensificado los discursos negativos hacia los nipones, lo que ha generado temor entre los ciudadanos que viajan a Beijing

chino contra Taiwán que amenace la supervivencia de Japón podría des- encadenar una respuesta militar. "Hemos emitido juicios basados en una consideración integral de la situa-

ción de seguridad en el país o región, así como de sus condiciones políticas y sociales", dijo Kihara el martes en re- lación con el aviso de seguridad don- de piden alejarse de gente sospechosa.

FOTO: AP

COLUMNA ESPIRITUALIDAD POR RON ROLHEISER

¿Qué nos hace familia; la biología o la fe?

En cierto sentido, podríamos decir que EL CRISTIANISMO INVENTÓ LA RELIGIÓN ya que, antes del cristianismo, las comunidades de fe se basaban principalmente en la etnia y la tribu. JESÚS DEFINIÓ LA FAMILIA de fe de manera diferente, diciéndonos que no es el vientre del que naciste, sino el vientre del que renaciste lo que define a tu familia. Para Jesús, la verdadera familia no se fundamenta en la biología, la etnia ni la nacionalidad. SE FUNDAMENTA EN LA FE. ¿ Dónde enseña Jesús esto? Está presente casi siempre como un mo- tivo subyacente en su enseñanza. Sin embargo, se explicita en vari-

chan la palabra de Dios y la guardan son para nosotros “madre, hermano y herma- na”, así lo dispuso el Señor. La redefinición que Jesús hizo de lo que constituye la familia representa, en mi opinión, un desafío muy necesario para nosotros hoy en día, ya que cada vez nos separamos más unos de otros por diferencias ideológicas, nacionales y étnicas, y definimos la familia de ma- nera muy distinta a como lo hizo Jesús. Identificar la familia de fe con la fami- lia biológica, étnica, nacional, denomi- nacional o ideológica es lo que subyace al concepto de nacionalismo cristiano y otras formas de tribalismo que intentan disfrazarse con Jesús y el Evangelio. Es- tas nociones, por sinceras que sean, son erróneas y, en muchos sentidos, antitéti- cas a Jesús y al Evangelio. En Cristo, como nos aseguran las Escri- turas, todos somos bautizados en un solo cuerpo, seamos judíos o griegos, esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu. En la familia de fe no hay Johnson ni Rolheiser, estadounidenses ni mexicanos, británicos ni franceses, blan- cos ni de color, liberales ni conservado- res. Nuestra verdadera familia, nuestra fa- milia en Cristo, trasciende todo eso y, a pe- sar de una sana lealtad a la familia biológi- ca, la denominación y la nación, nos invita a cada uno de nosotros a trascender tam- bién eso. www.ronrolheiser.com

redefine fundamentalmente lo que cons- tituye la verdadera familia; es decir, la fe, más que la biología, determina quién es tu madre y quiénes son tus hermanos. La verdadera familia no se determina por la biología, sino por la fe. Para los cristia- nos, no es el vientre del que naciste, sino el vientre del que renaciste lo que define tu familia. La verdadera familia ya no se basa en la etnia, la biología, la tribu o la nación. Ninguna de estas cosas nos con- vierte en hermanos en el sentido más es- tricto de la palabra “familia”. De esto se desprenden desafíos de gran alcance, desafíos que solemos ignorar constantemente. En pocas palabras, nos resistimos a definir la familia de forma tan amplia. En cambio, tendemos a identificar perpetuamente la familia de fe con nues- tra propia familia biológica, étnica, nacio- nal, denominacional o ideológica, convir- tiendo así a Dios en nuestro propio Dios tribal, nacional, denominacional o ideoló- gico. Esto nos da no solo una noción falsa de familia, sino también una noción falsa de Dios. En palabras de Nikos Kazantza- kis, cuando hacemos esto, el seno de Dios se convierte en un gueto. “¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos y hermanas? ¿Quién es enton- ces mi verdadera familia?” Al responder a estas preguntas, la fe debe, en última instancia, prevalecer so- bre las referencias a la familia biológica, la etnia, la nacionalidad, la denominación o la afinidad ideológica. Quienes escu-

madre maravillosa!”. La respuesta de Je- sús: “Sí, era maravillosa, más maravillosa de lo que te imaginas. Todas las madres son maravillosas en su biología. ¡Pero mi madre era aún más maravillosa en su fe!”. Estos incidentes pueden resultar confu- sos a primera vista, pues puede parecer que Jesús se distancia de su propia ma- dre. No es así. En realidad, redefine su re- lación con ella, otorgándole un estatus di- ferente (y más elevado): “Dichosos, más bien, los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica”. Los Evangelios dejan claro que María fue, de hecho, la prime- ra persona en hacerlo. Su fe, al decir “Há- gase en mí según tu palabra”, es lo que la hizo más especial que su biología. En los Evangelios, María tiene un lugar especial dentro de la comunidad apostó- lica, no principalmente por ser la madre biológica de Jesús, sino porque fue la pri- mera en escuchar verdaderamente la pa- labra de Dios y guardarla. Su fe, más que su biología, le otorgó un estatus especial. Además, con estas respuestas, Jesús

as ocasiones al definir su relación con su propia madre y el lugar y estatus de ella dentro de la comunidad de fe. Hay varios pasajes en el Evangelio don- de Jesús parece distanciarse de su madre. Por ejemplo, en una ocasión, alguien se le acerca y le dice: “Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren hablar contigo”. Sin embargo, Jesús responde: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. Lue- go, señalando a sus discípulos, dice: «Aquí están mi madre y mis hermanos”. En otra ocasión, se dirige a una multi- tud cuando una mujer exclama: “¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!”. A lo que Jesús responde: “Dicho- sos, más bien, los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica”. Este diálogo podría reformularse así: una mujer entre la multitud, conmovida por Je- sús, exclama: “¡Debiste haber tenido una

RON ROLHEISER: Sacerdote católico y miembro de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Especializado en Teología en la Universidad de Lovaina, Bélgica. Presidente Emérito de la Escuela de Teología de los Oblatos en San Antonio, Texas. Columnista, conferencista y escritor

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