Never Too Late September & October 2026

Donas, café y una charla con Pete Por Dora Martínez, directora de Defensa CENTRO PARA ADULTOS MAYORES EL PUEBLO

Llevó su mano al bolsillo y sacó dos pastillas sueltas. Bromeando les sopló el polvo imaginario y tomó una botella de agua para tomárselas. — ‍‍Cuando termina la clase de Zumba — ‍‍comentó — ‍‍es cuando me toca tomar Como parte de aquella charla, terminamos hablando sobre las benditas lluvias que hemos tenido estos últimos días. Pete insistía en que no eran suficientes. Esas 11 pulgadas son la lluvia promedio en esta parte del desierto. Sacó su teléfono mi medicamento. Sonreí asintiendo. para confirmarlo. Sosteniendo su teléfono cerca de sus labios, dijo: — ‍‍Google, ¿cuánta lluvia hemos tenido en Tucson en 2026? La voz dentro del teléfono le contestó. Hablamos sobre la información y la comparamos con los mejores monzones que cada uno había visto. Pete buscó en Google dos o tres cosas más durante nuestra conversación: “¿Qué tan antiguo es el rodeo de Tucson?” y “¿Cuál es el rodeo más antiguo en Norteamérica?” Esto dirigió la conversación a la monta de ovejas y a carreras de barriles. Fue en este momento cuando cortó la conversación para despedirse de Google y agradecerle por contestar sus preguntas. — ‍Gracias, bonita — ‍‍dijo en una voz suave. — ‍‍No se te olvide peinarte. Se rio de su propio chiste y me mostró la pantalla de su teléfono. Entrecerré los ojos y leí lo que decía: “siempre sostén una sección de tu cabello cerca de las raíces y empieza por peinar las puntas…” La siguiente vez que visité a Pete me aseguré de llevar donas. Aún se ríen por las “micro donas” que llevé al centro. ◆

entre risas. Solo trae las donas antes de la una de la tarde, que es cuando vienen por mí. Pete empezó a venir al centro para adultos mayores hace décadas, después de que su médico le recomendó que empezara a caminar con frecuencia. Me comentó que había días en los que daba hasta 50 vueltas y después volvía a casa. Un día Pete sufrió una caída. Tuvo que dejar de manejar, lo cual afectó considerablemente su rutina diaria. Con el tiempo tomó la difícil decisión de vender su casa y mudarse con su hermana. El médico de Pete le recomendó que permaneciera en el centro para adultos mayores después de su caminata matutina y le explicó los beneficios de quedarse en el centro unas horas más. Le recordó sobre las caídas cuando uno está solo en casa. Tener personas a su alrededor que no solo lo conocen, sino que también están capacitadas para ayudar en tales situaciones, es un beneficio adicional. Pete lo reconoció y entendió el valor de construir relaciones con las personas en el centro. Hoy Pete dio diez vueltas. Estaba terminando su café mientras platicábamos. En el cuarto de al lado se escuchaba una canción conocida; algo que parecía Suavemente: una canción en español que se toca en cada quinceañera y en los Best Buy a finales de los 90 y a principios de los 2000 y que sigue inspirando a los adultos mayores en nuestra comunidad a mover sus pies y a medio bailar. Se acabó la música y se abrieron las puertas del lobby para dar la bienvenida a las señoras al área común.

“Si de verdad quieres que hablen contigo, a la próxima tráeles una caja de donas”, dijo una voz áspera detrás de mí. Era la voz de un adulto mayor recargado sobre una silla elevada junto a una mesa alta y una taza gris de café y una botella de agua de plástico. Estaba sentado justo afuera de una sala donde había once adultos mayores activos, dos mesas de billar y un retrato enmarcado de la Virgencita. Estaba cerca de la entrada mirando el juego. Todo eso se sentía muy familiar. Era mi primera vez en el centro para adultos mayores, pero las cálidas conversaciones, el aroma a café, los sombreros vaqueros y aquellas palabras me parecían muy conocidas. Me di la vuelta y me presenté. — ‍Buenos días. Hoy es mi primer día en este centro para adultos mayores. ¿Cómo se llama? — P‍ ete — ‍ c‍ ontestó rápidamente — ‍ P‍ edro, pero mis amigos me dicen Pete. Tomó la funda de piel de su celular, asegurada a su cinturón de piel desgastado. La funda era del tamaño de un iPhone moderno y tenía el nombre PEDRO grabado en letras de molde tamaño grande. Durante más o menos una hora, Pete y yo hablamos sobre la temporada del monzón en Tucson, de cómo crecimos en el sur de Tucson, sobre sus años de experiencia trabajando en la construcción y de cuando se mudó con su hermana. Después le ofrecí disculpas por no traer donas y me comprometí a traer una docena y media la próxima vez que visitara. — ‍Estoy aquí de lunes a jueves — ‍dijo

— ‍Ya son las 11:00. Pete miró su reloj. — ‍‍Es hora de mis medicinas.

September & October 2026, Never Too Late | Page 25

Pima Council on Aging

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