Entre los años 20 y 30 se dieron diversos factores que impulsaron una renovación de las bases sobre las cuales se desarrollaba la arquitectura local. Esos procesos están estrechamente relacionados a figuras relevantes que, ya sea desde una posición más solitaria o como parte de lo que podríamos llamar una generación, jugaron diversos roles en su desenvolvimiento. Between the 20s and 30s several new factors appeared that prompted a renewal of the bases on which local architecture was developed. These processes are closely related to relevant figures, which either from a more solitary position or as a part of what we might call a generation, played different roles in its development.
Segundo, el contexto cultural, social y económico de América Latina puede explicar la relativa lentitud con que maduró en este lado del Atlántico una práctica moderna o, al menos, puede presentar al historiador diferencias claras en uno y otro contexto (es decir, el europeo y el latinoamericano) que sólo hacen evidente que tratar los procesos modernizantes de cada uno midiéndolos con el mismo lente ha sido un error que ha dificultado un estudio más profundo del desarrollo de la arquitectura moderna latinoamericana 2 . En el caso chileno, ese proceso de búsqueda se dio en el ámbito de una práctica profesional muy reducida, normalmente asociada a una élite tradicional que vivía con la mirada dirigida hacia las modas europeas. Entre los años 20 y 30 se dieron diversos factores que impulsaron una renovación de las bases sobre las cuales se desarrollaba la arquitectura local. Esos procesos están estrechamente relacionados a figuras relevantes que, ya sea desde una posición más solitaria o como parte de lo que podríamos llamar una generación, jugaron diversos roles en su desenvolvimiento. Esos factores pueden resumirse en un fuerte impulso profesional o gremial dirigido a renovar las prácticas de la arquitectura, un contexto de descubrimiento de nuevas tecnologías y nuevos estándares estéticos y, por último, una acción dirigida desde el Estado para promover nuevas tipologías en vivienda y en la construcción de las instituciones propias de una administración centralizada que comenzaba a establecer las bases de su estabilidad y que impulsaría un enorme esfuerzo constructor en búsqueda de una identidad. La generación de arquitectos que debió operar en base a estos factores es aquella que nació en la primera década del siglo XX: figuras como Sergio Larraín, Juan Martínez, Enrique Gebhard, Juan Borchers, Waldo Parraguez o Héctor Mardones, entre muchísimos otros, que superaron a aquellos nacidos a fines del siglo XIX y bajo cuya sombra desarrollaron sus primeros pasos como arquitectos. En la medida en que pudieron establecer sus prácticas independientes, todos demostraron un compromiso con esos factores de renovación, algunos de manera más radical -o más purista, si se quiere- que otros.
La (escasísima) historiografía desarrollada en Chile acerca del proceso de transformación de la arquitectura en las primeras décadas del siglo XX ha tendido a construir una interpretación facilista que ha visto a la arquitectura moderna como una importación acrítica de modelos extranjerizantes (principalmente desde Europa), sin estudiar a fondo las particularidades de los actores y de la arquitectura producida en el contexto de América Latina en general y Chile en particular. Parte de esa interpretación se apoya en la obra de diversos arquitectos, expresada en lo que Eliash y Moreno han calificado con el concepto de “arquitecturas paralelas”, consistente en una obra caracterizada por indefiniciones estilísticas, donde ciertos arquitectos diseñaban simultáneamente proyectos en estilos arcaizantes y modernos 1 . Bajo esta mirada, el carácter moderno no habría estado profundamente arraigado en las prácticas de los arquitectos locales, sino que habría sido manejado “como un estilo más”. Esta situación operaría, se dice, en una estructura de centro-periferia, donde la arquitectura chilena contrastaría con el lugar central donde lo moderno sería más “auténtico”, es decir, generado por arquitectos modernos que no diseñaban de cierta manera sólo porque fuera un estilo formal, sino porque era producto de un compromiso vital. Para construir el contexto en que podemos discutir la figura de Mardones es necesario proponer dos puntos en torno a los cuales se puede desmontar esta interpretación. Primero, no es correcto decir que en Europa los arquitectos fueran exclusivamente modernos y que no existiera lo que Eliash y Moreno bautizaron (para nuestro contexto) como “arquitecturas paralelas”. El surgimiento de la arquitectura moderna fue, tanto en Europa como en el resto del mundo, un proceso de búsqueda y adaptación, inspirado por la conciencia de la necesidad de establecer nuevas fuentes tras desechar aquellas provenientes de periodos anteriores, pero siempre bebiendo de esas fuentes heredadas. Al mismo tiempo, el hecho de que existiera en un cierto lugar una producción variopinta de estilos no significa a priori que la producción arquitectónica de ese lugar sea “menos moderna” que la de otro donde eso sea menos relevante.
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