Revista AOA_29

Legado acotado, sólido y consistente Héctor Mardones Restat nació en 1907, en una extensa familia de dieciséis hermanos, de los cuales dos de los menores, Gonzalo y Julio, también fueron arquitectos. Su generación está poblada por figuras que, a pesar de su relevancia en la historia de la arquitectura chilena y con algunas notables excepciones, han tendido a quedar en un segundo plano. Fueron aquellos que se formaron en un contexto academicista e iniciaron su vida profesional en medio de búsquedas formales y de una permanente puesta a prueba de los principios e ideales heredados. Como estudiantes, muchos de ellos promovieron los primeros intentos de reformar los sistemas de estudio, alrededor de los años 30. Cuando finalmente tuvieron éxito, en 1946, uno de sus resultados fue la incorporación de esos arquitectos como profesores, entre ellos Tibor Weiner, José Ricardo Morales, Waldo Parraguez y Enrique Gebhard. En 1948 el mismo Héctor Mardones sería elegido decano, cargo que mantuvo por tres periodos consecutivos. Un puñado de obras relevantes ayudarían a relacionarlo con el medio profesional y esquivar el olvido en el que generalmente quedan los nombres de quienes se dedican más al ámbito gremial o académico, donde probablemente desarrolló sus actividades más fructíferas. Titulado de la Universidad de Chile en 1929, sus primeros pasos profesionales los dio como colaborador de Carlos Buschmann en sus proyectos en Osorno, a principios de la década del 30. Poco después ganó el concurso para el diseño del edificio de la Caja Autónoma de Amortización de la Deuda Pública (1934), su primer edificio importante. Una década más tarde (1945) ganaría también el concurso para el diseño del edificio central del Banco del Estado -en ese entonces la Caja Nacional de Ahorros-, con lo que consolidaría el notable conjunto que le asegura hasta hoy un lugar destacado en la historiografía arquitectónica local. En forma paralela desarrolló sus actividades gremiales, participando a nivel nacional en el Colegio de Arquitectos y a nivel internacional en la Unión Internacional de Arquitectos, institución que presidió entre 1957 y 1961. Una breve reseña biográfica como esta puede ser indicio de dos cosas: o de una vida plana y sin esplendores, o de una vida coherente y con destellos de genialidad. En el caso de Héctor Mardones se trata sin duda de la segunda. La arquitectura moderna en general, y la de Chile en particular, está llena de casos como el suyo: arquitectos que desarrollaron su carrera en un entorno laboral que no les permitió convertirse en lo que vendría a ser el equivalente a la figura de los starchitects actuales, pero que honraron con el legado de un puñado de obras que constituyen hoy un patrimonio ineludible si se quiere entender la historia de la arquitectura del siglo XX. De la producción arquitectónica de Mardones, escasa pero diversa, podemos concentrarnos en cuatro edificios, cada uno singularmente notable, seña de la maestría arquitectónica de su autor, y pista certera de lo que podría haber sido una producción más extensa. Se trata de cuatro edificios construidos en un lapso de alrededor de 15 años, sin duda los mejores y más productivos de su carrera.

A narrow, solid and consistent legacy Héctor Mardones Restat was born in 1907, in a large family with sixteen siblings, two of which, the younger Gonzalo and Julio, were also architects. His generation was populated by figures that, despite their prominence in the history of Chilean architecture and with some notable exceptions, mostly stayed in the background. They were those who were formed in a context of academia and began their professional life in the midst of formal explorations and permanent testing of the inherited principles and ideals. As students, many of them promoted early attempts to reform the study programs around the 1930s. When they were finally successful in 1946, one of its results was the incorporation of such architects as teachers, including Tibor Weiner, José Ricardo Morales, Waldo Parraguez and Enrique Gebhard. In 1948 Héctor Mardones himself would be elected Dean, a position he held for three consecutive periods. A handful of important works would connect him to the professional practice and rescue his name from the oblivion usually awarded those who are mostly dedicated to union or academic careers, areas where he probably developed his most productive activities. With a degree from the University of Chile in 1929, his first professional experience was as collaborator of Carlos Buschmann in his projects in Osorno at the beginning of the 1930s. Shortly after, he won the competition for the design of the building for the Caja Autónoma de Amortización de la Deuda Pública (1934), his first important work. A decade later (1945) he would also win the competition for the design of the main building of Banco del Estado – then called Caja Nacional de Ahorros - that would consolidate the remarkable group of works giving him a prominent place in local architectural history to this day. At the same time he engaged in union activities, participating locally at the Association of Architects and at the world level in the International Union of architects, institution he chaired between 1957 and 1961. A brief biographical note as this one might reveal two situations: a featureless life without any splendors, or a coherent life with flashes of genius. In the case of Héctor Mardones it is certainly the second. Modern architecture in general, and that of Chile in particular, is full of cases like his: architects who developed their careers in a work environment that did not allow them to become the equivalent of what today would be a starchitect, but who left the legacy of a handful of works which today constitute an undisputable heritage, and whose appreciation is necessary to understand the history of the architecture of the 20th century. From among the limited but diverse architectural production of Mardones, we will focus on four buildings, each singularly remarkable, a hallmark of the architectural mastery of its author, and a precise clue of what could have been a more extensive production. The best and most creative 15 years of his career gave us the following four buildings.

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