Así resume Osvaldo Cáceres el trabajo de TAU: “Sus edificios son de alta calidad constructiva y plástica planteadas con un sentido urbanístico muy claro, tendiente a resolver problemas de vivienda, creando con los conjuntos habitacionales, verdaderas comunidades dentro de las ciudades” . Osvaldo Cáceres sums up the work of TAU: “Their buildings are of high aesthetic and constructive quality presented with a very clear urban sense, aimed at solving the housing problems by creating housing complexes with real communities within the city”.
construcción de la Villa La Reina realizada mediante sistema de autoconstrucción de los pobladores, quienes estuvieron a punto de ser expulsados de la comuna y fueron apoyados por el joven alcalde Fernando Castillo Velasco y un grupo de docentes y alumnos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Santiago. La vivienda, privada y colectiva, adquiere un gran desarrollo y forma parte de los temas cotidianos de la arquitectura. La primera, con el impulso del DFL2 3 y la segunda con el empuje que producen los concursos de arquitectura promovidos por la CorviI (Corporación de la Vivienda). La competencia, estimulada por el estado e instrumentada por el Colegio de Arquitectos para producir arquitectura de interés social y público, permite el surgimiento de importantes oficinas de arquitectos de las universidades de Chile y Católica. De ellas emergerán modelos de vivienda colectiva de una creatividad y variedad sin parangón en Chile, ni antes ni después. El estado marca las pautas que definen el tipo, localización y destinatario de la vivienda para todos los niveles socioeconómicos. Es el conductor del desarrollo y la economía del país seguido por el sector privado, y no al revés como será a partir de las reformas económicas y políticas de 1973. En ese caldo de cultivo que fueron los primeros sesenta se cuecen a fuego lento las obras más maduras de la oficina TAU. Ellas serán el plato fuerte del trabajo comprometido y apasionado de un grupo de jóvenes idealistas, todos ellos egresados de la Universidad de Chile, que fusionaron la voluntad de hacer arquitectura y el deseo de transformar la sociedad (ver recuadro sobre socios). La oficina TAU: pasión y compromiso La “Generación del 50”, como la llama Osvaldo Cáceres 4 , se caracteriza por ser la primera promoción que egresa con el nuevo plan de estudios surgido de la Reforma de 1946 en la Universidad de Chile. Esa reforma busca (y consigue) cambiar el plan de estudios por uno más pertinente a la realidad del país y a la época que se vive. Fue liderada por los entonces estudiantes Hernán Behm, Gastón Etcheverry y Abraham Schapira. Otros integrantes de esa generación son Miguel Lawner, Ana María Barrenechea, Carlos Martner, Ricardo Tapia, Yolanda Schwartz, Ricardo y William Tapia. Varios de ellos se destacan desde que eran estudiantes. En el catálogo del Centro de Alumnos de Arquitectura del año 1946 aparecen publicados trabajos de Carlos Martner y Miguel Lawner (1° año), Sergio González, Julio Mardones, Osvaldo Cáceres (2° año), Jorge Poblete (3° año), Raquel Ezkenazi (4°año). El grupo egresa alrededor del año 1950 y comienzan sus carreras profesionales, algunos en cargos del estado y otros aventurándose como independientes, subsistiendo de pequeños encargos y apostando a los concursos públicos. Paralelamente, varios ingresan a hacer clases a la escuela que los formó. Bajo el decanato de Juan Martínez se articula un grupo de profesores de gran carisma que amalgama un perfil docente con uno profesional. Entre el 50 y el 63 los integrantes de TAU, BEL y Schapira+Eskenazi acrecientan su prestigio profesional a través de concursos y comienzan su vida académica como ayudantes de cátedra en su alma mater. Sin embargo, el año 1963 ocurre un episodio inesperado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile que tendrá un impacto singular. Un grupo de profesores se enfrenta a las autoridades universitarias, que tratan de impulsar un proyecto de títulos intermedios. Ellos no están de
acuerdo con este enfoque, que a su juicio afectará la calidad de la enseñanza. Avalados por su prestigio y por su número (son 70, según Abraham Schapira) presentan su renuncia colectiva al rector Eugenio González, como una forma de presión para que este retroceda en su propuesta. Para sorpresa de todos, el rector acepta sus renuncias generando una conmoción mayúscula en la facultad. De la noche a la mañana la principal escuela de arquitectura se queda sin ¡70 docentes! Luego de reponerse del estupor el grupo, en cuyo seno se encuentran los integrantes del grupo TAU, decide reinventarse creando la Revista AUCA (Arquitectura+Urbanismo+Construccion+Arte). 5 Es así como nace esta publicación, que será un referente nacional e internacional como registro de reflexión cultural y acción profesional. El grupo TAU participa desde el inicio en esta nueva aventura. A partir del tercer número la oficina, junto a Ignacio Mardones, se hace cargo de la sección REP (Racionalización del ejercicio profesional) que busca sistematizar las especificaciones técnicas de las obras tendiendo puentes entre el mundo de la arquitectura y el mundo de la ingeniería y la construcción. Osvaldo Cáceres resume así el trabajo de TAU: “Sus edificios son de alta calidad constructiva y plástica planteadas con un sentido urbanístico muy claro, tendiente a resolver problemas de vivienda, creando con los conjuntos habitacionales, verdaderas comunidades dentro de las ciudades” . 6 Otro testigo presencial de aquella época, Miguel Lawner, señala: “Esta generación está marcada por el alto contenido social de su ejercicio profesional. Predominaban quienes éramos políticamente gente de izquierda, pero también había quienes eran independientes y en algunos casos de derecha. La reforma nos marcó en muchos sentidos. En primer lugar, por la amistad y fraternidad, que se mantuvo casi sin excepciones a lo largo de los años, incluso no siendo afectada por el exilio que muchos debimos padecer” . 7 Al concluir la década del 60 los integrantes de TAU, que ganaba concursos sin parar y sembraba edificios por todo Chile, toman rumbos diferentes. El mismo año 1970 Pedro Iribarne es nombrado presidente ejecutivo de la Corvi. Al año siguiente el presidente Allende llama a Sergio González a colaborar en el proyecto del edificio para la Unctad III y comienza su alejamiento del grupo. Los hermanos Mardones empiezan a hacer obras junto a sus sobrinos Carlos y Gonzalo. Para el golpe militar del año 1973 la oficina TAU ya había dejado de existir como tal. Héctor Valdés, presidente del Colegio de Arquitectos de la época, los recuerda como “un equipo profesional de destacada trayectoria, que proyectó y ejecutó obras de gran envergadura, muchas de las cuales fueron obtenidas en leal competencia a través de concursos públicos. En estas obras, así como en todas las que realizó más tarde por sí solo, se exterioriza su preocupación por superar los niveles habituales del trabajo profesional y su búsqueda permanente y rigurosa de soluciones urbanísticas, arquitectónicas y técnicas más eficientes, depuradas y acordes con la realidad de nuestro medio” . 8 De los cinco integrantes del grupo solo vive Julio Mardones, actualmente retirado de la actividad y de la academia. Pero sobreviven las obras del equipo como testigos insobornables de una década dorada de la arquitectura chilena y fiel reflejo de un Chile muy diferente al actual. Un Chile donde la arquitectura, más que una profesión, era una vocación y el oficio de arquitecto, un compromiso social.
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