Revista AOA_28

Fine Arts Academy Complex, The International School Nido De Águilas, Av. El Rodeo 14.200, Lo Barnechea, Santiago Arquitectos: Teodoro Fernández, Sebastián Hernández Superficie del terreno: 546.476 m² Superficie construida: 6.200 m² Fine Arts Academy Complex, The International School Nido De Águilas, El Rodeo 14200 Ave, Lo Barnechea, Santiago Architects: Teodoro Fernández,

Sebastián Hernández Site Area: 546,476 m² GFA: 6,200 m²

todos fueron arquitectos preocupados tempranamente del paisaje. Mario estudió Arquitectura cuando Prager hizo el Parque Providencia y lo marcó la forma en que este alemán re-descubrió los árboles chilenos. Cuando me tocó hacer la Quinta Normal, pude ver lo importante que fue Claudio Gay en la ‘invención’ del paisaje mediterráneo en Chile, introduciendo un montón de árboles y creando un paisaje republicano que se asimiló como propio. Al llegar Prager el año 30 la gente lo rechazó, consideraban loco a este señor que ponía quillayes y arrayanes cuando aquí teníamos árboles tan bonitos como el álamo, el sauce y los cipreses, todos introducidos por Gay… CAU: Tú siempre dices que paisajes tan frondosos como la selva amazónica son más ‘uniformes’ en comparación a este lado de América, más seco pero más rico como paisaje. ¿Qué es lo que nos hace tan singulares? En la vertiente poniente de América por general vivimos en oasis, considerando que curiosamente acá no llueve cuando se necesita, sino cuando hace frío. La vegetación para crecer necesita calor y agua, que acá no coinciden. De joven, en mis recorridos por América pude desmitificar varias cosas, como pensar que cuando llueve el suelo es más rico, pero resulta que el agua de la lluvia es un agua pura que lava los suelos y produce tierras bastante pobres. Distinto con nuestra agua cordillerana, que en su bajada al mar se va enriqueciendo. Eso fue algo que vieron los incas y antes de ellos los moches, que crearon nuestros oasis. Eso hace que el paisaje de los valles sea un paisaje construido, no natural, en torno a los cursos de agua. Además se sacralizaron las montañas y cerros, desde donde nace el sol y vienen los ríos. Por eso es que estamos ‘delante’ y no detrás de la cordillera. En Argentina la pampa es tan pobre que la única posibilidad es criar pasto y vacas, en cambio por este lado crecen papas, tomates, pimientos, frutas, de todo. Estos valles están llenos de localizaciones, valles, hondonadas, en función de los cursos de agua. En Buenos Aires, por ejemplo, la lluvia es democrática, igual para todos. En Santiago viene desde lo alto de la cordillera, lo cual ha organizado y también jerarquizado –mientras más abajo, más sucia el agua- nuestra ciudad en torno a los canales. EB: Cuando mejor luce la arquitectura es cuando está recién construida, mientras que un parque de un año es una promesa. A los 20 años, el parque está en su esplendor, en cambio la arquitectura está sucia y desmejorada. ¿Cómo juegas tú con estos des-tiempos al proyectar un parque? Por eso hacemos los parques con bastante arquitectura y bastante estructura. Si tú pones una pérgola, es instantánea la forma y su uso, y el parque queda estructurado de inmediato a través de senderos, pavimentos y recorridos. RL: El paisajismo te relaciona con lo básico y sin ornamentos, una forma de austeridad natural que también se ve en tu arquitectura. En este sentido, ¿cuál de tus obras recientes es la que más te permite decir ‘aquí estoy yo’? Pienso que todos, cuando tenemos un problema de arquitectura y de edificación entre manos, queremos que se resuelva en una cierta economía de formas y de medios, pero también que produzca algo. En el paisajismo es más fácil, porque el paisaje siempre detona alguna sensación, nunca es invisible. Con el Parque Bicentenario todo fue lograr que la gente supiera que ese parque existía para ellos

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