Estructura y función El gótico es para él un testimonio histórico de rigor, de fe y también de lógica estructural. El gótico más refinado llega a transferir roles estructurales a los mismos vitrales y expresa en forma de nervios el rol estructural de las partes. Es la estructura la que, en definitiva, se hace cargo de la estética en las construcciones góticas. Esta idea le fascina. Admira a Félix Candela y Pier Luiggi Nervi, dos diseñadores de estructuras que transfirieron la sabiduría del gótico al lenguaje y tecnología modernos. Si bien él no tiene oportunidad de desarrollar grandes edificios, hasta los más modestos elementos estructurales son dignificados en su arquitectura. La estructura se acusa siempre en fachadas y se expresa contribuyendo de esa forma a enriquecer la arquitectura. Un ejemplo elocuente es el edificio Nueva de Lyon (1967) con su sistema de muros estructurales. Las circulaciones claras y jerarquizadas, iluminación, ventilación, la adecuación de los espacios a su función específica, en suma, la funcionalidad, es un aspecto clave al momento de proyectar. Asume con vivo interés incluso el diseño de un edificio de estacionamientos como el Sol de Chile, que proyecta con Sergio Larraín y Emilio Duhart en 1954, cuyas restricciones funcionales son máximas. El sentido común El “sentido común” es el principal mensaje que reciben sus alumnos durante los 40 años en que ejerce gratuitamente (como se usa entonces) la docencia en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica. Para él, es norma de vida y sin duda para muchos de sus alumnos es el núcleo de su enseñanza. No busca la novedad por la novedad, tentación permanente en el ejercicio de la arquitectura. El sentido común es la fórmula para poder extraer lo justo de la tradición, imaginación, cultura o del repertorio de modelos externos. El sentido común es el tema central de su discurso al recibir el título de profesor emérito: “Quiero aprovechar esta ocasión para compartir una reflexión sobre un asunto que me ha perseguido desde hace tiempo y se me ha ido aclarando con los años, ayudándome en la comprensión de muchos problemas y en las decisiones que respecto a ellos he debido tomar. Se trata de lo que llamamos ‘sentido común’ (…) Facultad entroncada probablemente en el ancestral instinto de conservación y que permite entrever el bien, la verdad y la belleza por entre la maraña de la vida”. Durante los duros momentos en que le corresponde asumir el decanato de la Escuela de Arquitectura, su apego al sentido común le permite sostener posiciones y generar acogida entre personas tan diversas como las que pululan en el Consejo Superior de la Universidad en esos tiempos de radicalización extrema. Allí se enfrentan Jaime Guzmán y Hernán Larraín con José Antonio Garretón, Fernando Castillo, su amigo y rector, y el Cardenal Silva Henríquez, por citar a algunos. Hay posiciones irreconciliables que llegan a generan la escisión de la Escuela en dos facciones rivales. Puede conversar con todos porque su mansedumbre y su sentido común resultan más fuertes que las consignas en combate. Renuncia a su breve decanato luego de que el gobierno militar designa al almirante Jorge Swett como rector y se suceden múltiples acciones que no comparte. Swett había sido su “cliente” en el proyecto de la Escuela Naval y habían hecho una buena amistad, pero ahora defienden posiciones antagónicas. Hasta hoy escucho reconocimientos a su figura de parte de quienes fueron sus contrarios. Su larga trayectoria como profesor le valen la admiración de muchas generaciones de arquitectos. Siempre a cargo del taller de tercer año, sabe introducir a sus alumnos en una equilibrada experiencia de pasión y razón. Hombre manso, quiere que su obra y su mensaje estén marcados por el “buen sentido”. No hay protesta en su obra, sino propuesta. Esta actitud se traduce en un espíritu siempre positivo, imaginando una realidad mejor y descubriendo valores hasta en lo más insignificante.
Edificio Nueva de Lyon, 1967, Santiago. / Nueva de Lyon building, 1967.
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