Revista AOA_26

Paseo Huérfanos

edificio la merced

claustro

basílica

Corte y planta Edificio de La Merced (1982) , Santiago. / Section and plan La Merced building.

merced

Huérfanos

Trabajo en equipo Su larga trayectoria en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica, primero como colaborador de Sergio Larraín G-M, después como profesor, como director y como decano en un corto período, fue un ejercicio permanente de trabajo en equipo. Fue reconocida su capacidad de conciliar posiciones y de originar un clima de eficiente colaboración entre los integrantes del equipo. Durante su vida profesional forma múltiples asociaciones con diferentes arquitectos por períodos cortos o simplemente para proyectos específicos. Al inicio de su vida profesional trabaja esporádicamente asociado a Sergio Larraín G-M y Emilio Duhart (Edificio de la Caja bancaria de Pensiones, Edificio Sol de Chile). Su primer socio estable es Jaime Besa Zañartu, quien sale del país para asumir un cargo en el Banco Mundial con sede en Washington. Lo sigue Hugo Errázuriz Echenique. También hubo colaboraciones con Germán Brandes, Hugo Gaggiero y Arturo Urzúa, Jorge Eguiguren y Enrique Concha Gana, y con Renato Parada en proyectos relacionados con la Universidad Católica. Después de 1968 consolida una sociedad con quien escribe estas líneas y con Teo Fernández durante un período. Espíritu público El actuar de Pérez de Arce Lavín está usualmente animado por un espíritu de búsqueda del bien público, a veces oponiéndose a sus mismos clientes. Es el caso del Edificio de La Merced, proyecto encomendado por la Orden de la Merced. Propone un edificio de solo ocho pisos, la altura tradicional del centro, incluso recogiendo los dos últimos con el propósito de no atentar volumétricamente con la silueta de la vieja basílica. Muchos no entienden por qué no proyecta una gran torre, permitida por las normas locales del momento. Pero él sostiene que la

conservación del antiguo claustro, la armonía de altura con el centro tradicional y la continuación de la red de pasajes interiores por las manzanas, son más importantes que perseguir el máximo rendimiento comercial por m2 construido. Movido por su apego al paisaje, por el amor a Santiago y por su propio optimismo y espíritu público, en la última etapa de su vida emprende algunas iniciativas que transforma en propuestas concretas para la ciudad. Desde antiguo visualiza el cauce urbano del río Mapocho como una oportunidad de un parque lineal por sus bordes. En los últimos años del 2000, ve amenazado este sueño por el discutido proyecto para una costanera al norte del río, que propone destinar el terreno conquistado a la caja, una vez más para obras viales como se ha venido haciendo por años. Como reacción al polémico proyecto, que se discute acaloradamente en las aulas y en la prensa, emprende el estudio de una alternativa, con un recorrido distinto, salvando así el destino de parque urbano para las riberas del río. El recorrido propuesto, desplazado hacia el norte del río, propone además una acción renovadora en el barrio Recoleta, poniendo en valor su cercanía con el centro y su patrimonio edificado. Logra estructurar un proyecto alternativo que obtiene apoyo de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica y también del Colegio de Arquitectos y es presentado a las autoridades. Aunque no es acogido, contribuye a generar mitigaciones importantes en el proyecto oficial, que es el que finalmente se ejecuta. Sin embargo, decide insistir e invertir sus últimos años en estructurar esta idea de un parque continuo a lo largo de todo el río Mapocho en su trayecto urbano. No por casualidad elige terminar su vida abocado a un proyecto transformador del paisaje de su amado Santiago. El Parque del Mapocho tendrá un rol integrador en una ciudad tremendamente estratificada y dividida.

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