ESPECIAL/15
el horizonte
Miércoles 1 de octubre de 2025
mexicanos la matanza de Tla- telolco fue un arrebato del pre- sidente Gustavo Díaz Ordaz. Como si de un minuto a otro el malévolo inquilino de Los Pinos hubiese decidido enviar al ejér- cito a matar a los manifestantes. Versión extremadamente aleja- da de la realidad. Para entender un poco este acontecimiento es imperativo comprender la situación políti- ca en todo el mundo en la déca- da de los 60. En 1947 se firmó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, también llamado Tratado de Río, en el cual toda la región quedaba integrada al sistema de seguridad estadou- nidense. Para muchos, Améri- ca Latina quedaba a la subordi- nación de Estados Unidos. Pero las cosas cambiaron con la inva- sión de Fidel Castro a la Bahía de Cochinos en abril de 1961. Luego vendría el violento cie- rre de tránsito entre las dos Ale- manias con la construcción del Muro de Berlín en agosto del 61. Y la crisis de los misiles en el 62. En su discurso de toma de posesión, el presidente John F. Kennedy advirtió: “Castro es únicamente el principio de nuestras dificultades en Amé- rica Latina. La gran batalla será tratar de impedir que la influen- cia de Castro se extienda a otros países”. Estados Unidos utilizó el ar- gumento de una ‘‘conspiración soviética” para instalar dicta- duras militares, violenta into- lerancia a movilizaciones sin- dicales o campesinas o ejercer presión en gobiernos vecinos, como México. Para colmo, en 1960 en un encuentro con periodistas, se le preguntó al presidente Adol- fo López Mateos cuál era la po- sición ideológica de su gobier- no y éste respondió a la lige- ra: “Dentro de la Constitución, mi gobierno es de extrema iz- quierda”. Aquello generó una tormenta política y una inme- diata disminución a la inver- sión privada. En 1954 el gobierno de Es- tados Unidos había patrocina- do y ejecutado por la CIA un golpe de Estado en Guatemala para derrocar al presidente Ja- cobo Arbenz. Hizo lo mismo en 1964 en Brasil, en contra del pre- sidente Joao Goulart. Y en 1965 invadió República Dominicana. Díaz Ordaz percibía la vecin- dad con Estados Unidos como una espada de Damocles. En su discurso de toma de posesión lo confirma: “O nacimos bajo el signo del anticolonialismo y en el pasado sufrimos invasio- nes, agresiones, intervenciones. Está, pues, en la esencia misma de nuestra nacionalidad, con-
denar cualquier hegemonía de un país sobre otro, sin importar de donde proceda ni la forma ni la modalidad que asuma”. En 1967 la revista US News & World Report (muy cercana al Departamento de Estado en Washington aseguraba que mu- chos mexicanos de clase media y alta estaban convencidos de que el gobierno mexicano pe- diría a los Estados Unidos “que envíe tropas a través de la fron- tera para salvar a México del co- munismo”. Díaz Ordaz descalificó el in- forme: “Por ningún motivo en ningún caso, en ninguna cir- cunstancia, ni siquiera como ul-
timo y supremo recurso, el Go- bierno pedirá a otra nación que intervenga en nuestros asun- tos”. Es decir que para GDO el comunismo no era su mayor problema sino la presión que ejercía Estados Unidos sobre México. Por su fuera poco, los parti- dos de izquierda, los movimien- tos socialistas y partidarios de la revolución de Fidel Castro ha- bían crecido en la última déca- da. Al no encontrar resultados a sus demandas, enfocaron su atención en los universitarios. Sobre el movimiento estu- diantil del 68 se han publicado novelas, memorias, crónicas,
notas periodísticas, entrevistas y opiniones. La mayoría desde la perspec- tiva de la izquierda, desde la mi- rada de los estudiantes, reporte- ros o testigos de aquel día, con un sólo objetivo: satisfacer al lector con el discurso simplis- ta de pueblo bueno, gobierno malo. Ha sido tan marcada la par- cialidad de la lectura de la histo- ria mexicana que nadie se cues- tiona a cuánta gente asesinó Lá- zaro Cárdenas en el tiempo que sirvió a las fuerzas revolucio- narias. A Miguel Hidalgo nadie lo juzga por haber ordenado la ejecución de cientos de perso-
nas. (Degollados para no gastar balas). ¿Debería figurar como héroe de la patria alguien que mató más gente que Luis Echeverría? (Esto no pretende justificar a Echeverría, sino demostrar la subjetividad del juicio social). Gustavo Díaz Ordaz hizo más por el país que Miguel Hidalgo. Desafortunadamente Mé- xico ha sido educado por la iz- quierda en las últimas décadas. (No se tome en cuenta los libros de la SEP). Un ejemplo muy claro fue la irresponsable y caprichosa de- cisión del sustituto de Mancera en gobierno de la Ciudad de Mé- xico, el ignorante e imbécil José Ramón Amieva, de remover las placas de la línea uno del metro que mencionaban a Gustavo Díaz Ordaz como el presidente que mandó construirla. Una de las obligaciones de los gobiernos es preservar la memoria histórica, sin manipu- lación. Son pocos los estudios his- tóricos y análisis políticos que han enfocado su atención en la matanza del 68 de manera im- parcial. Herbert Braun es uno de ellos. Pone en tela de juicio las ideas modernizadoras y demo- cratizadoras atribuidas a los es- tudiantes. Los movimientos comunis- tas habían fracasado con los sin- dicatos obreros, por lo tanto, se orientaron hacia los estudian- tes en general y los campesinos.
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