LA ECONOMÍA DIGITAL EN ESPAÑA

LA ECONOMÍA DIGITAL EN ESPAÑA. AVANCES Y RETOS POR REGIONES Y SECTORES

de clases latentes para derivar un índice de digitalización de las empresas que se basa en variables como el uso de ordenadores y robots, la utilización de las nuevas tecnologías para la mejora de procesos, el control de personas, la comunicación y la coordinación. También utilizan indicadores de comercio a través de nuevas tecnologías o plataformas. En general, estas propuestas ofrecen información muy granular sobre los aspectos que tratan, pero en muchos casos no se dispone de series estadísticas largas, pues las fuentes en las que se basan no siempre son anuales, o no se dispone de un indicador conjunto de la importancia de la digitalización, a diferencia de nuestra propuesta, en la que se cuantifica su contribución en términos de generación de rentas. Desde una perspectiva sectorial, la OCDE (Calvino et al. , 2018) ha elaborado una taxonomía de los sectores de actividad desde la perspectiva de la digitalización que va más allá de la clasificación basada en los sectores productores de TIC, agrupándolos todos en cuatro categorías en función de su intensidad digital (alta, medio-alta, medio-baja y baja). La clasificación se realiza en función de cinco indicadores: 1) el porcentaje de inversión en activos TIC, tanto tangibles como intangibles ( software y bases de datos); 2) el porcentaje de compras intermedias en bienes y servicios TIC; 3) el número de robots en el sector por cada cien empleados; 4) el porcentaje de especialistas TIC en el total de empleo sectorial; y 5) el porcentaje de ventas online . Esta clasificación permite realizar un seguimiento de la digitalización en términos de valor añadido, empleo, productividad, etc., de los sectores que se han incluido en cada categoría según su nivel de digitalización, sin conocer la intensidad de esta última en cada sector.

Aunque nuestro enfoque comparte la filosofía de unos estudios recientes del Boston Consulting Group y la Asociación Española de la Economía Digital (BCG y Adigital, 2021, 2022) que estiman también la parte del valor añadido sectorial que se debe a la digitalización, el procedimiento aquí empleado tiene ventajas. Nuestros cálculos se sitúan en todo momento en el marco conceptual de las Cuentas Nacionales, con los mismos estándares y criterios de valoración de los conceptos económicos. Por tanto, podemos medir la parte del PIB que ha sido generada por factores de producción (capital y trabajo) asociados a la digitalización. Además, a diferencia del BCG y Adigital (2021, 2022), el procedimiento seguido en todos los sectores es homogéneo y sistemático y está basado siempre en estadísticas oficiales. No discriminamos metodológicamente sectores (ni regiones) en función de su participación en el PIB para medir su contribución a la digitalización. Por otro lado, la contribución que aquí se mide es el efecto directo asociado a los factores de producción, y no se confunden estos con los efectos de la digitalización inducidos en el resto de la economía que se derivarían de análisis input-output. Por último, medimos la penetración de la digitalización desde una óptica regional, disponiendo del cruce de sector y región, información no disponible en BCG y Adigital (2021, 2022). Sin embargo, la metodología desarrollada deja escapar algunas de las dimensiones en las que las TIC están influyendo en la actividad empresarial, incluso en aquellos sectores que, por ejemplo, son catalogados por la OCDE como de baja digitalización. Las nuevas tecnologías están logrando transformar muchos aspectos de los procesos productivos, y están mejorando la productividad del capital que no está asociado directamente a estas y a todos los trabajadores, aunque no se dediquen directamente a tareas u ocupaciones TIC.

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