BOLETIN INDUSTRIAL septiembre 2021

Gestión de la obsolescencia en la industria En septiembre de 2018, Sony Japón reveló que ya no repararía su PlayStation 2, cerrando el telón a uno de sus productos más queridos. Éste es un ejemplo clásico de una tecnología de consumo que se vuelve obsoleta por la introducción en el mercado de una alternativa más reciente. Lo mismo sucede en la industria manufacturera, donde los rápidos avances en la tecnología digital están conduciendo a una mayor obsolescencia y al aumento de equipos y componentes heredados. En este escenario, ¿pueden los fabricantes seguir siendo competitivos sin pasar por una revisión de fábrica con un costo desproporcionado? L as nuevas tecnologías en los campos de la inteligencia artificial, la robótica, la realidad virtual y la impresión 3D están cambiando fundamentalmente la industria manufacturera, llevando a nuestra sociedad a lo que los expertos llaman la Cuarta Revolución Industrial. En este escenario, Alemania ocupa una posición de excelencia. Según la Federación Internacional de Robótica (IFR, por sus siglas en inglés), con 309 robots industriales por cada 10,000 empleados, Alemania es el país más automatizado de Europa y el tercer país más automatizado del mundo, después de Corea del Sur y Singapur. Sin embargo, la columna vertebral de la economía alemana está compuesta principalmente por pequeñas y medianas empresas (PYMEs) que podrían no tener los recursos técnicos y financieros para invertir en nuevas instalaciones y equipos de última generación. De hecho, la mayoría de los fabricantes alemanes todavía confían en máquinas heredadas para ejecutar aplicaciones críticas en sus instalaciones. Esto, en sí mismo, no es un problema: si el equipo aún funciona con los estándares deseados y cumple con las regulaciones actuales, no hay razón para deshacerse de él. Sin embargo, hay dos factores principales a considerar cuando se trabaja con equipos heredados:

la obsolescencia de los componentes y la falta de conectividad. Examinemos cómo los fabricantes pueden hacerles frente, sin arruinarse. El problema de la obsolescencia La obsolescencia es la consecuencia natural de los continuos avances tecnológicos. Como tal, es imposible eliminarlo por completo. Sin embargo, es posible gestionarlo estratégicamente para minimizar su impacto negativo en su negocio. Considere esto como un ejemplo. Un panel de interfaz hombre-máquina en sus instalaciones se ha averiado. Desafortunadamente, es un modelo descontinuado, por lo que no puede obtener un reemplazo exacto del fabricante de equipos originales (OEM). Potencialmente, puede encontrar un reemplazo alternativo del mismo fabricante o de uno diferente o intentar encontrar la pieza de reemplazo equivalente más cercana. Pero, ¿y si necesita encontrar un reemplazo exacto? La industria química es un buen ejemplo. Cuando se produce una avería, los fabricantes de este sector se encontrarán en una situación en la que, a efectos de trazabilidad y validación, la pieza nueva tendrá que ser idéntica en todos los aspectos a la antigua. Los fabricantes podrían pensar que esto es difícil o imposible de encontrar en el mercado, por lo que podrían adoptar dos estrategias: sustituir toda la máquina por una versión actualizada o, peor aún, optar por los productos sustitutos más baratos. Tampoco es una buena elección. El primero es costoso, provoca un largo tiempo de inactividad, requiere nueva capacitación para la fuerza laboral y, en última instancia, tiene un impacto negativo en el medio ambiente. El segundo puede resultar en un rendimiento más bajo y ciclos de vida más cortos del producto y, en algunas circunstancias, puede exponer a los fabricantes a piezas falsificadas. Las piezas obtenidas a través de canales de distribución no autorizados o del mercado gris pueden hacer que los fabricantes usen piezas falsificadas sin darse cuenta. Por lo general, estos darán lugar a altas tasas de roturas, es casi seguro que no cumplan con las normas y, a menudo, supongan serios peligros para la seguridad. Planifique estratégicamente La mejor opción es tener un acuerdo de asociación con un proveedor confiable que se especialice en componentes obsoletos para que, cuando se rompa la maquinaria antigua, tenga los contactos adecuados para obtener esa pieza de manera rápida y eficiente. Esta puede ser la diferencia entre cuatro horas de inactividad o cuatro días.

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