ESCRITOR INVITADO No dejes que te sorprenda un ataque al corazón Por Susan Smith
galletas y me apresuré a pagar y me fui a casa. Decidí llamar a mi médico, ya que el dolor en la clavícula se había convertido en un dolor constante. La recepcionista dijo: “Lo siento, el doctor está de viaje”. “¿Hay alguien que lo esté cubriendo? ¿Quién me puede atender?”, le respondí exasperada. Me contestó diciendo: “Parece que debe llamar a su cardiólogo o ir a la sala de emergencias más cercana”. “No puedo ir a una sala de emergencias”, le contesté. “¡Tengo muchas cosas que hacer!” Su respuesta me acechó durante meses: “No podrá hacer nada si llega a perder la vida”. Afortunadamente, tenía a un cardiólogo al que podía llamar. Encontraron mi expediente (diez años después de mi última consulta) y me atendieron. Me conectaron a un electrocardiograma. El cardiólogo entró al cuarto, se quedó viendo a la máquina y dijo: “Susana, te está dando un ataque al corazón en este mismo momento. ¡Tienes que ir a la sala de emergencias ahora mismo!” Me llevaron de emergencia al Tucson Medical Center y me colocaron en una camilla. En cuestión de minutos, ya estaba en un laboratorio de cateterismo cardíaco para que me colocaran un stent en el corazón. Cuando no mejoré al día siguiente, me colocaron otro stent en otra arteria. Después de CUATRO días en el hospital, por fin me dieron de alta. Me fui a casa agradecida, muy agradecida por estar con vida.
pero un estrés DEL BUENO. Pero algo no estaba bien. Sentía un pellizco en mi clavícula, a veces me mareaba y me faltaba el aire. Y, pues, la fatiga. ¡Me sentía MUY CANSADA! Sabía que algo no estaba bien, pero tenía muchos pendientes como para ir a una revisión médica. Hacía solo lo que nosotras las mujeres hacemos muy bien: hacerlo a un lado y SEGUIR ADELANTE. Pero había algo que no sabía. ¡Estas incomodidades eran síntomas de un ataque al corazón en las mujeres! ¿Por qué no lo sabía? Porque, como la mayoría de las personas, un ataque al corazón era lo que había visto en los hombres en las películas. Lo de siempre: sudor en la frente, dolor en el brazo, las manos hacia el pecho y colapso, el ataque al corazón en las películas. Para todos mis síntomas tenía una excusa, decía que mi almohada era muy pequeña y que por eso me sentía cansada. Sentía mareos porque me levantaba muy rápido y me faltaba el aire porque hablaba muy rápido. Ah, ¿y lo de la clavícula? Estaba convencida de que se resolvería un masaje en el cuello. Era un viernes por la mañana del año 2018. Tenía una larga lista de pendi - entes para mis clases de escritura. Mientras me bañaba, se me dificulta - ba respirar y tuve que acostarme para sentirme mejor. Secarme el cabello causó el mismo problema, lo que solo aumentó mi frustración. Me fui a la tienda a comprar materia- les. En el pasillo de las galletas intenté alcanzar un paquete, pero se cayó. Al agacharme a recogerlo sentí que me iba a desmayar. Temerosa, dejé las
¿Sabes cuál es el asesino número uno de mujeres (y hombres)? No es el cáncer, es la enfermedad cardíaca. Y, sin embargo, la mayoría de nosotros conoce muy poco sobre las señales y los síntomas de esta mortal enferme - dad. Como promotora de la salud cardiovascular de la mujer, lo aprendí por las malas. Sufrí un ataque al corazón un día en el que estaba demasiado ocupada como para molestarme por unos cuantos síntomas molestos. Disfrutaba de la vida después de jubilarme de mi empleo en el sector privado. Libre de las obligaciones de un empleo tradi- cional, dedicaba mis días a las cosas que no podía hacer mientras trabajaba. Inicié un negocio de joyería y enseñaba escritura, acudía a varios grupos sociales, a eventos de networking y tomaba clases y talleres. Al fin podía participar en estudios bíblicos semanales en grupo en mi iglesia. Era una lista interminable y lo disfrutaba bastante. Era un estilo de vida ajetreado correteando de un lado a otro, ocupándome de todo y de todos. Cada día estaba completamente planeado y sin espacio para interrup- ciones. Descubrí que me gustaba este estilo de vida tan ajetreado. Este ajetreo me llenaba de energía. Podía sentir la emoción de los retos. Esa energía y ese entusiasmo me daban confianza; me impulsaban y me mantenían activa en todos estos proyectos. A este entusiasmo algunos lo conocen como un nivel de estrés,
Page 20 | January & February 2026, Never Too Late
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