Revista AOA_52

El desafío territorial y la pertinencia de las disciplinas proyectuales La envergadura de la línea Kimal - Lo Aguirre, con sus miles de torres de hasta 78 metros de altura, trasciende la mera funcionalidad energética para convertirse en un elemento estructurante –y potencialmente disruptivo– del territorio. En este contexto, la intervención sobre el paisaje y el territorio adquiere una dimensión estratégica que va más allá de la simple mitigación. La línea atraviesa paisajes de alto valor natural y cultural, y en el área de afectación al paisaje, se establece un área de más de 10.000 km2 (más de 1.000.000 de hectáreas) que el proyecto define “según el espacio visual máximo al que puede acceder un observador común desde y hacia el área del Proyecto (SGA Gestión Ambiental 2023b)”. Esta vasta extensión subraya la magnitud del impacto visual y ecológico. La envergadura territorial del proyecto Kimal - Lo Agui- rre, con sus aproximadamente 1.500 km de extensión, es comparable en magnitud lineal a la Ruta 5 Panamericana, la principal arteria vial de Chile que atraviesa el país de norte a sur. Al igual que la Ruta 5 ha tenido impactos transformadores y permanentes en el ordenamiento territorial, la conectivi- dad, el desarrollo económico y los paisajes de las zonas que cruza, se anticipa que una infraestructura energética de la escala de Kimal - Lo Aguirre generará efectos igualmente profundos y de largo plazo, reconfigurando las dinámicas espaciales y socioeconómicas de los territorios involucrados y planteando desafíos significativos para la planificación integrada y la gobernanza. Frente a esta escala de intervención, la disciplina del pai- saje, informada por legados como el de Ian McHarg y teorías contemporáneas como el urbanismo paisajístico, ofrece un marco robusto. McHarg (1969), con su obra seminal Design with Nature, sentó las bases para una planificación ecológica que internaliza las dinámicas de los sistemas naturales en el proceso de diseño. Para un proyecto lineal como Kimal - Lo Aguirre, esto implicaría realizar una cartografía detallada de las aptitudes ecológicas del territorio, identificando zonas de fragilidad, corredores biológicos y valores paisajísticos intrínsecos, para informar y moldear una intervención de esta naturaleza. Charles Waldheim (2006, p. 1) argumenta que el paisaje ha emergido como un modelo para el urbanismo contemporáneo, “singularmente capaz de describir las condiciones para la urbanización radicalmente descentralizada, especialmente en el contexto de entornos naturales complejos”. En este sentido, la megalínea no es solo un vector energético, sino una forma de “urbanización” lineal que reconfigura vastas extensiones del territorio. Waldheim señala que el paisaje se ha convertido en “el lugar disciplinario más relevante para debates históricamente alojados en la arquitectura, el diseño urbano o la planificación”, en parte debido a la incapacidad de estas últimas para “ofrecer explicaciones coherentes, competentes y convincentes de las condiciones urbanas contemporáneas” (Waldheim 2006, p. 1). En la visión tradicional de la infraestructura, con frecuencia se limitaba al paisaje a un papel secundario, considerándolo un “maquillaje escenográ- fico” para entornos cuya concepción y operatividad recaía en otras especialidades, una crítica también formulada por James Corner (Corner, 1999). Sin embargo, el urbanismo paisajístico, tal como lo describe Waldheim, propone un cambio radical: “las prácticas contemporáneas del urbanismo paisajístico recomiendan el uso de sistemas infraestructurales y los pai-

Q Trazado de la línea Kimal – Lo Aguirre en relación a la Ruta 5 y el límite fronterizo. Fuente: Elaboración

Kimal

Calama

Antofagasta

propia a partir de antecedentes del

Estudio de Impacto Ambiental “Línea de Transmisión Eléctrica HVDC Kimal - Lo Aguirre”.

Taltal

Chañaral

Copiapó

Vallenar

La Serena

Lo Aguirre

Santiago

hile busca avanzar hacia una matriz energética más limpia, donde el proyecto de la línea de transmisión de corriente continua Kimal - Lo Aguirre, actualmente en proceso de evaluación ambiental en el SEA (Conexión Kimal Lo Aguirre S.A. 2023), se plantea como una pieza angular. Con una extensión aproximada de 1.500 kiló- metros¹, y utilizando el potencial renovable del desierto de Atacama para abastecer la zona central del país, esta iniciativa no solo representa una proeza técnica, sino también una intervención territorial de gran es- cala, cuyos impactos –sobre ecosistemas sensibles y comunidades locales– aún plantean desafíos relevantes en términos de integración social y ambiental. Una mirada más detenida sobre esta megalínea subraya la necesidad de un análisis detallado y multidisciplinario, formulando una invitación a todos los expertos en estas áreas a involucrarse en el análisis y difusión de los diferentes as- pectos e impactos de un proyecto colosal. Se pone de relieve la imperiosa necesidad de que las disciplinas proyectuales y de planificación del territorio –arquitectura, diseño urbano, planificación territorial y, con especial énfasis, el paisaje– asu- man un rol protagónico desde las fases iniciales de proyectos de esta naturaleza y escala. C

1 La cifra exacta de la longitud de la línea puede variar ligeramente según la fuente técnica específica del proyecto; sin embargo, todas las estimaciones superan los 1.400 km.

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AOA / n°52

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