Revista AOA_52

ARQUITECTURA MUNDIAL Mientras en Frutillar se preparaban las celebraciones del Centenario, en Lisboa se decidió que el Campeonato Mun- dial de Fútbol, de 1962, sería en Chile. La desafiante tarea de “construir todo porque no se tiene nada” recayó en la Dirección de Arquitectura. Con una delegación de egresados, Edwin Weil recorrió Alemania como encargado de gobierno para conocer los nuevos centros deportivos que se habían levantado en ese país después de la guerra. Un testimonio arquitectónico de ese viaje es la elegante arquitectura del Velódromo del Estadio Nacional. Siguiendo el modelo de varias ciudades germanas, que aprovecharon los cerros de escombros para construir estadios, la gradería se apoya en

una colina artificial construida con el terreno que fue removi- do para hundir la pista cuatro metros y medio. El reglamento deportivo lo exigía con el propósito de evitar el efecto del viento en las competencias de ciclismo. En resonancia con la panorámica andina de su ciudad natal, las tribunas quedaron dispuestas simétricas respecto al cerro San Ramón. Los bo- lones que revisten el talud y los dos camarines, se extrajeron del movimiento de tierra. El costo de mantención y la huella de carbono de esta infraestructura deportiva ha sido mínima a lo largo de sus 60 años de existencia. Weil consideraba que el Velódromo del Estadio Nacional, desarrollado por un equipo interno de la DA, era la obra mejor lograda de su carrera en el Ministerio de Obras Públicas.

U Acuarela anteproyecto Edificio de la Intendencia de Antofagasta, año 1959.

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AOA / n°52

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