EH3973 TAMPS 03OCT2025

ESCENA/31

el horizonte

Fin de semana del 3 al 5 octubre de 2025

Siguiendo al Papa El Papa León XIV: “¡Paz a vosotros!” Y añade: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (v. 21). Con estas palabras, confía a los apóstoles una tarea que no es tanto un poder como una respon- sabilidad: ser instrumentos de reconciliación en el mundo. Del 26 de Septiembre al 2 de Octubre del 2025 (VIS). POR ANAM CARA

a vosotros!”. Y añade: “Como el Padre me ha enviado, así tam- bién os envío yo” (v. 21). Con es- tas palabras, confía a los após- toles una tarea que no es tanto un poder como una responsa- bilidad: ser instrumentos de re- conciliación en el mundo. Es como si dijese: “¿Quién po- drá anunciar el Rostro miseri- cordioso del Padre sino vo- sotros, que habéis experimenta- do el fracaso y el perdón?”. Jesús sopla sobre ellos y les dona el Espíritu Santo (v. 22). Es el mismo Espíritu que lo ha sos- tenido en la obediencia al Padre y en el amor hasta la cruz. Des- de ese momento, los apóstoles ya no podrán callar lo que han visto y oído: que Dios perdona, levanta, restaura la confianza. El centro de la misión de la Iglesia no consiste en adminis- trar un poder sobre los demás, sino en comunicar la alegría de quien ha sido amado precisa- mente cuando no se lo merecía. Es la fuerza que ha hecho na- cer y crecer la comunidad cris- tiana: hombres y mujeres que han descubierto la belleza de volver a la vidapara poder donarla a los demás.

lo que ha sufrido. No guar- da ningún rencor. Las heridas no sirven para reprender, sino para confirmar un amor más fuerte que cualquier infidelidad. Son la prueba de que, precisa- mente en ese momento en el que hemos fallado, Dios no se ha echado atrás. No ha renun- ciado a nosotros. Así, el Señor se muestra nudo y desarmado. Su amor no hu- milla; es la paz de quien ha su- frido por amor y ahora puede afirmar que ha valido la pena. Nosotros, en cambio, a menu- do ocultamos nuestras heridas por orgullo o por el temor de pare-cer débiles. Decimos “no importa”, “ya ha pasado todo”, pero no estamos realmente en paz con las traiciones que nos han herido. A veces preferimos escond- er nuestro esfuerzo por per- donar para no parecer vulnera- bles y no correr el riesgo de suf- rir de nuevo. Jesús no. Él ofrece sus llagas como garantía de perdón. Y muestra que la resu- rrección no es la cancelación del pasado, sino su transfiguración en una esperanza de misericor- dia. Luego, el Señor repite: “¡Paz

AUDIENCIA GENERAL.- Q y el corazón de nuestra esper- anza se encuentran profunda- mente enraizados en la resur- rección de Cristo. De hecho, la resurrección de Jesús es el testimonio maravi- lloso de cómo el amor es capaz de levantarse después de una gran derrota para proseguir su imparable camino. Cuando nos recuperamos de un trauma causado por los demás, a menudo la primera re- acción es la rabia, el deseo de hacer pagar a alguien lo que ueridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El centro de nuestra fe hemos sufrido. El Resucitado no actúa de este modo. No regresa con gestos de potencia, sino

dos por el miedo, llevándoles un don que ninguno hubiera osa- do esperar: la paz. Su saludo es simple, casi habitual: “¡Paz a vosotros!” (Jn20, 19). Pero va acompañado de un gesto: Jesús muestra a los discípulos las ma- nos y el costado con los signos de la pasión. ¿Por qué exhibir sus heridas precisamente ante quienes, en aquellas horas dramáticas, lo renegaron y lo abandonaron? ¿Por qué no esconder aquellos signos de dolor y evitar que se reabra la herida de la vergüen- za? Y, sin embargo, el Evan- gelio dice que, al ver al Señor, los discípulos se llenaron de alegría (cf. Jn 20, 20). El motivo es profundo: Jesús está ya ple- namente reconciliado con todo

que manifiesta con mansedum- bre la alegría de un amor más grande que una herida y más fuerte que cualquier traición. El Resucitado no siente la necesidad de reiterar o afirmar su propia superioridad. Él se aparece a sus amigos discípu- los y lo hace con extrema dis- creción, sin forzar los tiempos de su capacidad de acoger. Su único deseo es volver a estar en comunión con ellos, ayudándo- los a superar el sentimiento de culpa. Lo vemos muy bien en el cenáculo, donde el Señor se aparece a sus amigos aprisiona- dos por el miedo. Es un momento que expresa una fuerza extraordinaria: Jesús, entra en la habitación cerra- da de quienes están paraliza-

LA FRASE DEL DÍA

Debes levantarte cada mañana con determinación si quieres irte a la cama

con satisfacción”, GEORGE LORIMER ESCRITOR

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Instrucciones: Completa las 81 casillas,

con cifras del 1 al 9, sin repetir el número en una misma fila, columna o cuadro.

SOLUCIÓN AL PASATIEMPO ANTERIOR

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