EH3998 TAMPS 07NOV2025 WA

ESCENA/29

el horizonte

Fin de semana del 7 al 9 noviembre de 2025

Siguiendo al Papa El Papa León XIV: El anuncio Pascual, es el “Evangelio” por excelencia, que atestigua la victoria del amor sobre el pecado y de la vida sobre la muerte, y por eso es el único capaz de saciar la demanda de senti- do que inquieta nuestra mente y nuestro corazón. Del 29 de octubre al 5 de noviembre del 2025 (VIS). POR ANAM CARA

Via Lucis. Necesitamos saborear y meditar la alegría después del dolor, reatravesando con esta nueva luz todas las etapas que precedieron la Resurrección. La Resurrección de Cristo no es una idea, una teoría, sino el Acontecimento que fundamen- ta la fe. Él, el Resucitado, nos lo recuerda siempre mediante el Espíritu Santo, para que poda- mos ser sus testigos también allí donde la historia humana no ve luz en el horizonte. La esperan- za pascual no defrauda. La Pas- cua en el camino cotidiano sig- nifica revolucionar nuestra vida, ser transformados para trans- formar el mundo con la fuerza suave y valiente de la esperan- za cristiana.

finitiva en las palabras del mis- terioso joven vestido de blan- co que habla a las mujeres en el alba pascual: «¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado» (Mc 16,6). Desde esa mañana hasta hoy, cada día, Jesús posee también este título: el Viviente, como Él mismo se presenta en el Apo- calipsis: «Yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muer- to, pero ahora vivo para siem- pre» (Ap 1,17-18). Y en Él te- nemos la seguridad de poder encontrar perennemente la es- trella polar hacia la que dirigir nuestra vida de aparente caos, marcada por hechos que, a menudo, nos parecen confusos, inaceptables, incomprensibles: el mal, en sus múltiples facetas; el sufrimiento, la muerte: even- tos que nos afectan a todos y cada uno. Meditando el miste- rio de la Resurrección, encontra- mos respuesta a nuestra sed de sentido. Ante nuestra frágil humani- dad, el anuncio pascual se con- vierte en cura y sanación, ali- menta la esperanza frente a los desafíos alarmantes que la vida nos pone por delante cada día a nivel personal y planetario. Des- de la perspectiva de la Pascua, la Via Crucis se transfigura en

AUDIENCIA GENERAL Q

eso es el único capaz de saciar la demanda de sentido que in- quieta nuestra mente y nuestro corazón. El ser humano está a- nimado por un movimiento inte- rior; propende hacia un más allá que le atrae constantemente. Ninguna realidad contingente le satisface. Tendemos al infini- to y a lo eterno. Esto contrasta con la experiencia de la muerte, anticipada por los sufrimientos, las pérdidas, los fracasos. De la muerte (ningún hombre vivien- te puede escapar), canta San Francisco de Asís (cfr. Cántico del hermano sol). Todo cambia gracias a aque- lla mañana en la que las mu- jeres que habían ido al sepulcro para ungir el cuerpo del Señor lo encuentran vacío. La pregun- ta de los Magos de Oriente en Jerusalén («¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?», Mt 2,1-2) halla la respuesta de-

plenitud, una felicidad profunda. Una gran filósofa del s. XX, San- ta Teresa Benedicta de la Cruz -cuyo nombre secular fue Edith Stein-, que tanto profundizó en el misterio de la persona huma- na, nos recuerda este dinamis- mo de búsqueda constante de la plenitud. «El ser humano -es- cribe- anhela siempre volver a recibir el don de la existencia, para poder alcanzar lo que el instante le da y, al mismo tiem- po, le quita» (Ser infinito y ser eterno. Intento de un ascenso al sentido del ser). Estamos inmer- sos en el límite, pero también tendemos a superarlo. El anuncio pascual es la noti- cia más hermosa, alegre y con- movedora que jamás ha reso- nado en el curso de la historia. Es el “Evangelio” por excelen- cia, que atestigua la victoria del amor sobre el pecado y de la vida sobre la muerte, y por

ueridos hermanos y her- manas, ¡buenos días y bienvenidos!

La Pascua de Jesús es un evento que no pertenece a un pasado lejano. La Iglesia nos enseña a hacer memoria ac- tualizante de la Resurrección to- dos los días en la celebración eucarística, durante la que se re- aliza de modo pleno la prome- sa del Señor resucitado: «Sabed que yo estoy con vosotros to- dos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28,20). Por eso, el misterio pascual constituye el eje de la vida del cristiano en torno al cual giran todos los demás eventos. Vivimos cada hora muchas ex- periencias diversas: dolor, su- frimiento, tristeza, entrelaza- das con alegría, estupor, sere- nidad. Pero, en cada situación, el corazón humano anhela la

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