Revista AOA_08

Orestre Depetris (derecha) como

representante de Chile en la UIA en Pittsburgh, en la década del ‘60. A la izquierda el arquitecto Mario Celli. (Archivo Familia Depetris)

Titulado en la Universidad Católica, Depetris destacó por abordar y resolver la problemática arquitectónica bajo una perspectiva interdisciplinaria. En ese sentido existe un reconocimiento pendiente a su obra, en cuanto al mérito de una labor cuidadosa y sistemática de décadas aportando al desarrollo del país y de la arquitectura, y que reivindica la inseparable dimensión arquitectónica-constructiva que por periodos la especialidad ha perdido. Gran parte de estos valores están en la relación calidad-cantidad, desarrollada desde la experiencia profesional y promovida por un sistema de trabajo organizado y avanzado en cuanto a gestión y desarrollo, tanto proyectual como ejecutor, dimensión inédita en su época.

Por Marcelo Sarovic Urzúa (*) Colaborador Rodrigo García (**)

Introducción A comienzos del siglo 20, los grandes cambios que traen consigo los tiempos “modernos” para la arquitectura transitan de la mano de disciplinas como la ingeniería estructural y el arte: las tecnologías radicalizan y reformulan el modo de pensar, concebir y, fundamentalmente, de construir 1 . El rol del ingeniero “moderno” destaca desde finales del siglo 19 con el cálculo matemático como protagonista de una verdadera revolución de los materiales y la técnica. Los nuevos principios de serialización para el acero, así como de expresión y resistencia para el hormigón armado, concentran las búsquedas estructurales de estándares que aseguren ahorro, ligereza y rapidez, medidas de eficiencia expresadas sobre esbeltas e inéditas estructuras como viaductos, puentes e industrias, que se perfilan como los nuevos referentes del espacio urbano y también del paisaje.

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