- EB: ¿Cuánto destinan ustedes, aproximadamente, de 'espacio de servicio' en áreas comunes y 'espacio habitable' o útil en sus edificios enaltura? No tengo el número exacto, depende de la eficiencia que quiera lograrse. Pero sí puedo decir que el desafío más grande en la torre de Shangai fueron los ascensores (54.13 a 56.00). El núcleo central, que es la columna vertebral del edificio, siempre requiere de mucho espacio mientras aún no lo hemos terminado de diseñar. Uno de los principales desafíos fue mantenerlo lo más pequeño posible, para lo cual usamos ascensores del tipo double deck (de dos niveles) en el transporte vertical de pasajeros, lo que no lograríamos hacer con ascensores convencionales. El problema era que no teníamos listo el diseño del núcleo y habíamos hecho cálculos con intervalos que no servían para la demanda requerida. - CAU: Según su experiencia ¿cuál es la mejor distancia de espacio libre entre el techo y el piso en un edificio estándar para oficinas? En el edificio de Shangai, de hecho, usamos 3 metros, lo que es bastante. Y en parte fue porque estábamos forzados a llegar a cierta altura… Es una historia graciosa: cuando nuestro cliente presentó el proyecto a la alcaldía de Shangai, el diseño fue aprobado con la condición de que fuera más alto que el de Hong Kong, que tiene 88 pisos. Por eso este tiene 89. El de Hong Kong tiene 400 mts. de altura y el de nosotros 427. La única forma de lograrlo era aumentar el espacio entre pisos -algo así como 4.50 mts.-, muy bueno para las oficinas. Iba a costar más dinero, pero mi cliente así lo quería. - R.L.: James Sterling solía decir que para lograr que las cosas avanzaran nunca había que hablar de arquitectura con el cliente, sino de temas económicos, estructurales, en fin. ¿Ha tenido clientes 'sensibles' a la arquitectura propiamente tal? No estoy de acuerdo con esa afirmación. Hay que hablar directamente con ellos y cerciorase de que compartimos las mismas ambiciones y valores. Por suerte la mayoría sabe bien quién eres y qué esperar antes de contactarte. A partir de ahí se sientan las bases para un buen diálogo, pues ya están familiarizados con tu trabajo y te tienen confianza. “A veces los clientes son extremadamente sensibles al diseño porque no sólo les interesa hacer dinero, sino también contribuir con algo de valor. Con mis mejores clientes siempre he podido conversar, y de hecho trabajamos muy unidos y coordinados, aunque no siempre estemos de acuerdo. Lo mejor es que se involucren y participen, que estén ahí vigilando y conociendo su proyecto. Las relaciones más exitosas son aquellas basadas en la modestia: en el proceso de persuadirlos ayuda lograr que piensen que la propuesta fue su idea y sientan que es su diseño, pues como es su dinero la responsabilidad es muy grande”. - YB: ¿Qué opina de los concursos de arquitectura? Las odio, roban tus ideas y nunca lo aceptan… no me gusta que alguien tome un pedazo de lo mío y lo combine con otra cosa. Y también creo que son denigrantes para los arquitectos. La base de nuestro trabajo está en lo conceptual: ahí está nuestro valor agregado y no quiero rendirme a eso. Eso no quiere decir que nuestra oficina no participe en concursos, sino más bien que a mí no me gustan. Quizás los arquitectos deberían juntarse y tener una especie de código, como los abogados y doctores, para participar y competir de la manera más honorable posible.
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