Hotel Antumalal. Arquitecto: Jorge Elton Arquitecto Colaborador: Miguel Eyquem Colaborador: Guillermo Pollak Clientes: Guillermo Pollak, Catalina Pollak Materialidad: Hormigón armado, carpintería de acero, mampostería de roca volcánica, madera de araucaria, cristal Superficie Terreno: 4 Ha. Superficie Construida: 2.000 M2 Ubicación: KM 2, Camino, Pucón, Villarrica, Chile
Año Proyecto: 1945 -1952 Año Construcción: 1950
La arquitectura que irrumpe el paisaje
El Hotel Antumalal era el tercer proyecto turístico de los inmigrantes checoslovacos Guillermo y Catalina Pollak, que llegaron a Pucón en 1938. Cuando recibieron la visita del presidente Gabriel González Videla, en el pequeño salón de té que habían construido en el terreno, Pollak ya había perdido en un incendio el Hotel Playa Pucón y la erupción del volcán Villarrica había devastado el refugio del Club Andino, del cual tenían la concesión. “Cuando llegó y como vi que le gustaba el lugar, aproveché para decirle que iba a construir un excelente hotel y le aseguré que si me prestaba el dinero lo haría más pronto y que sería un orgullo para Chile porque traspasaría las fronteras. Le gustó mi forma franca de hablar y gracias a su intervención me entregaron un préstamo CORFO, por tres millones de pesos de la época”, recordaba años más tarde el empresario. Elton fue convocado a desarrollar el proyecto e invita a Miguel Eyquem a participar. “La ley del propietario fue no cortar ningún árbol y bajo esta condición los arquitectos decidimos proyectar edificios o pabellones, que respetaran la distancia entre los árboles”, rememora Eyquem. Fue Pollak quien sugirió construir en hormigón armado y él se convirtió en el ejecutor y constructor del proyecto.
Se resolvió utilizar grandes cristales, logrando la impronta que tiene este pequeño hotel: una relación fluida entre exterior e interior. “Los arquitectos habíamos propuesto que los árboles debían ser parte del interior del edificio y para ello se requerían cristales de gran tamaño”, explica Eyquem. Con ello, el exterior -el lago y el paisaje- se transformaba en el interior de la vitrina, en la vista despejada a la cual mirar desde el comedor, el estar y las habitaciones -16 originalmente-. Todos los recintos interiores se convierten en receptores de luz. Incluso, las ventanas de los dormitorios se diseñan como espacios habitables en contacto con el exterior, a través del bow-window que salen a atrapar el exterior. Y la idea del dormitorio habitable, no sólo para dormir, se refuerza con una chimenea en cada habitación. Como señala Mario Pérez de Arce: “El Antumalal es un claro ejemplo de la sensibilidad que Jorge tenía por el paisaje y por la naturaleza, por la colocación de la arquitectura, de los balcones y de las terrazas, con extraordinarias visiones. No hay un adentro y un afuera”.
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