Esa relación interior - exterior se logra con la transparencia de los espacios y también por medio de la materialidad de los interiores. Se utilizaron maderas con vetas a la vista del propio terreno -cipreses, araucarias- como revestimiento de los muros interiores. El mobiliario, diseñado por el propio Elton y aún utilizados en el hotel, logra una combinación entre lo natural y el artificio, rescatando la elaboración artesanal. Dan cuenta de un oficio hecho con el mínimo de recursos: cueros, cuerdas, troncos de árboles. La integración con la naturaleza no es por medio del camuflaje con el entorno. El edificio tiene su protagonismo y, como señala Eyquem, irrumpe en el terreno como un organismo diferente que viene a potenciar el paisaje. Es evidente la voluntad de conquistar cada metro cuadrado del lugar. Cada porción de lugar es conquistado: el mirador está en un lugar a una distancia exacta del hotel, la playa está a una distancia equidistante del mirador a la playa; cada pabellón de habitaciones tiene una salida al jardín de manera directa. La arquitectura es respetuosa del paisaje, pero potencia la condición de cada lugar. También la piscina y el spa, construido con ventanales y chimeneas que permiten su uso en invierno y verano. “El origen de la piscina está dado por una roca
natural por donde cae una pequeña cascada. La loza parte de la roca, con unas perforaciones por donde se meten los helechos”, explica Carlos Prieto. Esta obra, una de las primeras edificaciones modernas en Chile -reconocida como patrimonio moderno por la red internacional de Docomomo- fija un cierto parámetro de diseño y creación propio, como un todo de arquitectura, mobiliario, paisajismo, recorridos interiores y exteriores. Para Jorge Elton es la primera gran oportunidad de experimentar, para proyectar con la escala doméstica y definir la relación con el paisaje que caracteriza su trayectoria.
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