Revista AOA_07

La Revista AOA 07 marca el inicio de su tercer año con una estructura consolidada y una imagen renovada, enfocándose en la relación entre la arquitectura, el Estado y el paisaje. El reportaje central rescata la obra de Martín Lira Guevara, cuyas infraestructuras hoteleras para el Consorcio Hotelero de Chile (como los hoteles en la cordillera y la costa) representan un esfuerzo público-privado clave para la modernización del turismo a mediados del siglo XX. La sección internacional presenta un encuentro histórico con el arquitecto y artista argentino Clorindo Testa, quien reflexiona sobre la importancia del croquis como la "matriz" generatriz de toda obra. Finalmente, la edición documenta las propuestas para el concurso del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), buscando sanar la relación del emblemático edificio con el peatón y la Alameda.

A SOCIACIÓN

DE O FICINAS DE

A RQUITECTOS DE C HILE

07

Publicaciones

Publicación de la Asociación de Oficinas de Arquitectos

www.aoa.cl

Av. Alonso de Córdova 2.600 Of. 21 Vitacura - Santiago, Chile Teléfono: (56-2 ) 263 41 17 / Fax: (56-2 ) 321 33 29 Mail: info@aoa.cl

En su tercer año, Revista AOA presenta una imagen renovada y una consolidación de sus contenidos, donde el rescate de la obra de grandes arquitectos nacionales, la muestra de obras de oficinas asociadas, la entrevista internacional y los concursos de arquitectura forman su estructura principal. Los tres proyectos del chileno Martín Lira que se presentan en este número corresponden a obras de mediados de siglo pasado que tienen en común situarse frente a paisajes de gran escala como la Cordillera de los Andes y el Océano Pacífico. Todas ellas encomendadas por el Consorcio Hotelero de Chile, iniciativa estatal para fomentar el turismo en el país. La arquitectura de estas obras y la gestión detrás de cada una de ellas, nos muestran una voluntad de insertarse en la modernidad de la época y un notable esfuerzo público – privado por sacarlas adelante. Nueve proyectos de oficinas asociadas a la AOA, de diversas escalas y condición, dan cuenta de la buena calidad de la arquitectura actual y el profesionalismo con que se llevan a cabo. En este séptimo número tuvimos el honor de estar con el arquitecto y pintor argentino, Clorindo Testa, con quién conversamos sobre el valor del croquis como idea primaria y matriz, que debe estar presente en un proyecto de arquitectura. Finalmente, se presentan los proyectos seleccionados para el Concurso “Centro Cultural Gabriela Mistral”. Ellos muestran distintas alternativas para recuperar un edificio emblemático en la principal arteria de Santiago y restablecer el equilibrio entre su fachada principal a la calle, y su relación con los peatones y el interior de la manzana.

Raimundo Lira Director Revista AOA

30_ REPORTAJE

PRESIDENTE / David Rodríguez

DIRECTOR / Raimundo Lira

Martín Lira Guevara El desarrollo de la arquitectura en la actividad hotelera del Chile moderno

CONSEJO EDITORIAL / Yves Besançon Enrique Browne Martín Hurtado Raimundo Lira Carlos Alberto Urzúa EDICIÓN PERIODÍSTICA / Pilar Sepúlveda DISEÑO / María de las Nieves Rufin Soledad Rodríguez REPRESENTANTE LEGAL / David Rodríguez GERENTE / Pamela López SECRETARIA / María Eugenia Navarro VENTA PUBLICIDAD / María Iris Salas VENTA SUSCRIPCIONES / info@aoa.cl

48_ MUESTRAS OBRAS

INDICE

Casa 21x 21 Casa Haiku Casa del Patio Edificio Arte Urbano Colegio Creación Edificio Manquehue

Caja Compensación La Araucana Centro comercial Luis Carrera Spazio BTicino

110_ INTERNACIONAL

Entrevista en Chile: Clorindo Testa, Trazo a trazo

124_ CONCURSOS

MOP: Centro Cultural Gabriela Mistral

136_ MEDIOS

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MARTIN LIRA

arquitecto (1906-1979)

El desarrollo de la arquitectura en

la actividad hotelera del Chile moderno

Hotel Portillo. Por Pablo Saric

Martín Lira y su señora, Inés Latham,1938.

Hotel Antofagasta. Por Claudio Galeno

Yacht Club La Herradura. Por Horacio Torrent

Martín Lira Guevara se graduó en 1929 en la Universidad de Chile y fue arquitecto del Consorcio Hotelero de Chile por muchos años. Su obra se asocia principalmente a proyectos que han marcado la impronta de distintas ciudades del país: por el norte, la Hostería Cavancha de Iquique, el Hotel Turismo de Antofagasta, el Francisco de Aguirre en La Serena, las Cabañas de Peñuelas y el Yatch Club de la Herradura. En el centro, el Hotel Portillo. Y por el sur, el Hotel Vicente Pérez Rosales de Puerto Montt, entre otros.

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Hotel en verano.

LAGUNA DEL INCA

N

Hotel Portillo 1 : 1941–1949

HOTEL

Por Pablo Saric Huidobro (*)

El Hotel Portillo se inserta en un período de auge en la construcción de infraestructura de turismo y ocio a nivel nacional. Martín Lira (1906-1979), su arquitecto, inició con esta obra una estrecha participación en programas hoteleros, realizando las obras más destacadas de su ejercicio profesional. El Hotel Portillo, el Yacht Club en Coquimbo (hoy Bucanero), el Hotel Francisco de Aguirre en La Serena y el Hotel Antofagasta se cuentan entre los más representativos. El Estado jugaría en muchas de estas obras un rol protagónico, ya sea mediante un apoyo financiero y administrativo o derechamente como promotores de la idea y su implementación. Colaboraba así a la consolidación de la arquitectura moderna nacional y transformaba la imagen visible de Chile en el ámbito internacional. A partir de la década del treinta, Chile había comenzado a experimentar un gran avance turístico fomentado principalmente por una renovación en el estilo de vida de la sociedad, la cual incorporó la vida al aire libre, las vacaciones y el deporte. Estos cambios, sumados a la modernización del estado-nación, originaron distintas estrategias de gestión que permitirían el desarrollo de la arquitectura chilena moderna.

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Hotel Portillo durante su construcción. (Purcell, Henry. Portillo. El Espíritu De Los Andes, Santiago de Chile: El Mercurio - Aguilar, 2008)

Afiche en revista En Viaje, 1942. (Oyarzún, Domingo. “Revista en Viaje”, Santiago de Chile 1933-1973)

Ya en el año 1928 el Estado asume un ambicioso plan de infraestructura en líneas ferroviarias y camineras, que permitieron contar para 1936 con más de 4.400 km. de redes de ferrocarriles. Estas contribuyeron al desarrollo de distintos poblados y permitieron la colonización de diversos paisajes naturales del país. En 1939, durante el gobierno del presidente Pedro Aguirre Cerda, se creó la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), la que propuso el fomento al turismo mediante la creación de sociedades y préstamos. En 1944 y luego de la formación de distintas sociedades hoteleras en el país, se creó el Consorcio Hotelero de Chile compuesto por Ferrocarriles del Estado, el Banco del Estado y el fisco, iniciativa para la cual el arquitecto Martín Lira trabajaría en múltiples proyectos. Esta sociedad dio origen en el año 1953 a la Hotelería Nacional S.A., Honsa, que tuvo como labor la mantención y construcción de hoteles de propiedad estatal a lo largo de todo el país.

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N

PLANTA SEGUNDO NIVEL

PLANTA NIVEL ACCESO

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5

10 m

Los comienzos del Hotel Portillo Ubicado en la V Región de Valparaíso a una altura aproximada de 2.800 metros, el Hotel Portillo se emplaza enfrentando a la Laguna del Inca en un estrecho valle, próximo al paso fronterizo hacia Argentina, Los Libertadores. En el sector de la Laguna del Inca existen registros de ocupación que se remontan a las culturas prehispánicas. Los primeros en ocupar los senderos que cruzan la cordillera fueron los picunches, quienes llegaron desde el Perú en el siglo VII. Las rutas fueron desarrolladas posteriormente por los incas, lo que dio origen al nombre de la laguna y a una serie de leyendas en torno a ella. Durante la Conquista, los españoles utilizaron esta ruta construyendo ocho albergues en el paso Uspallata, utilizados para protegerse de las tormentas invernales. Este paso fronterizo tuvo también un rol clave en la Independencia: fue utilizado por el Ejército Libertador para ingresar a Chile desde Argentina. A principios del siglo XX este lugar comenzaría a vincularse con el turismo.

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La historia del Esquí en Chile se encuentra ligada a la ruta ferroviaria que conectó la ciudad de Los Andes con Mendoza a través de este paso fronterizo. Inaugurado en 1910, no sólo permitió el paso de mercancías y pasajeros, sino que también fue ocupado como andarivel por los primeros esquiadores, quienes se alojaban en una de las primeras versiones del Hotel Portillo. Desde 1937 empezó a rondar la idea de construir un hotel de mayor tamaño, tras una excursión del propio Martín Lira a la Laguna del Inca. El arquitecto quedó maravillado con el paisaje y sus posibilidades, ya que en ese entonces sólo existían acomodaciones para ocho personas en un refugio distante. Martín Lira y el ingeniero Daniel Amenábar emprendieron el desafío de hacer un proyecto y conseguir los recursos para la realización del hotel. Las dificultades no eran sólo económicas sino también logísticas, ya que el Trasandino sufría interrupciones y el otro acceso era una huella de tierra. Tras reunirse con Juan Lagarrigue, director de Ferrocarriles del Estado, Amenábar logró comprometer el apoyo de esa empresa al proyecto. Se acordaron 30 días para desarrollarlo junto con su aprobación final. Debido a la premura se sumaron los arquitectos Jorge Ugarte y Edmundo Vergara, quienes junto con Lira desarrollaron el proyecto. El financiamiento se logró a través de la constitución de la sociedad anónima llamada Hoteles de Cordillera S.A., donde Ferrocarriles del Estado y la CORFO poseían el 70% de las acciones, quedando el 30% en manos privadas. Las obras comenzaron el año 1941, a cargo de Daniel Amenábar, y dos años más tarde se entregaba la primera etapa. Sin embargo, la obra demoró muchísimo en ser concluida. El difícil acceso y la Segunda Guerra Mundial mermaron en gran medida las visitas de pasajeros internacionales con las cuales se financiaba parte de la construcción. La obra fue finalizada bajo la dirección de la CORFO en 1949.

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N

PLANTA SEXTO NIVEL

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10 m

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Día de la inauguración, 1949. (Purcell, Henry. Portillo)

El entorno y programa

El hotel se ubica sobre un angosto valle frente a la Laguna del Inca rodeado por grandes montañas. En el lugar, de características extremas, la nieve puede acumularse hasta un altura de 3 a 4 metros. Frente a este singular paisaje, el arquitecto optó por concentrar el programa en un único edificio de ocho niveles, logrando así la escala monumental requerida para el paisaje. El terreno presenta una pendiente que desciende hacia la laguna: es por esto que desde el sur sólo es posible distinguir cinco de los ocho niveles, siendo el primero el correspondiente al acceso. Dicho nivel, como los dos pisos inferiores, están revestidos en piedra formando un extenso zócalo. Esto permite situar el cuerpo principal del edificio sobre la cota más alta de nieve en el invierno, en tanto en los meses de verano el zócalo de piedra se funde con el color de los cerros y se percibe como un elemento preexistente. Desde el primer subterráneo era posible conectarse con la estación de trenes del Trasandino mediante un largo túnel, lo que evitaba que los pasajeros tuvieran que sufrir las inclemencias del tiempo en su arribo al hotel. En este nivel se ubican también las calderas del edificio, las que a pesar de ser reemplazadas por un nuevo sistema de calefacción se encuentran todavía operativas. Orientado al norte, el hotel privilegia las vistas de los espacios comunes hacia la laguna, con vistas más lejanas y un mejor aprovechamiento de la luz solar. El edificio desarrolla una curva en su extremo oriente enfrentando el Plateau, la principal pista de de esquí del complejo. La cubierta del edificio a una agua está resuelta mediante grande cerchas de madera. La inclinación del techo permitió acomodar hacia el norte una gran habitación a modo de mansarda, en la cual se ubicaban literas para los esquiadores que no pudieran costear las habitaciones en suite.

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La fachada sur del edificio está compuesta por un volumen adosado al cuerpo del edificio principal, en el se ubican la recepción, una pequeña tienda, el hall de distribución y la escalera principal. Al cruzar este acceso es posible ingresar a la cafetería, un recinto que permite vistas tanto a la laguna del Inca como al Plateau. En este nivel se disponen además las áreas de servicio, algunos salones menores y las habitaciones de servicio. A partir del segundo nivel el hotel se desarrolla también de hormigón. En él se encuentra el salón principal y el comedor. Ambos recintos están orientados al norte y se encuentran unidos en el exterior por una terraza continua formada por el descalce producido entre el zócalo y el cuerpo principal del edificio. La cocina, ubicada tras la fachada sur, abastece al comedor y se relaciona con el salón a través de un pequeño bar. El proyecto original proponía para este nivel habitaciones de mayor tamaño para el lado norte, probablemente por la necesidad de continuar con ventanas de dimensiones similares a la de los espacios comunes y resolver una fachada más homogénea. Desde el tercer al quinto nivel la distribución programática es idéntica y acomoda 22 habitaciones con vista a la laguna y 15 con vista al valle, todas conectadas a través de un pasillo central. Las conexiones verticales se resuelven a través de un núcleo central, de dos escaleras y dos ascensores. Un tercer sistema de escaleras se ubica sobre la fachada sur adoptando la forma de un paralelepípedo recto que sobrepasa en altura al volumen principal.

El Hotel Portillo representa para Lira uno de los primeros desafíos de enfrentarse a condiciones extremadamente singulares del paisaje y para ello realiza una propuesta arquitectónica robusta, fuerte y decidida, con gran predominio del lleno sobre el vacío, donde logra la escala monumental. En cierta medida este hotel en condiciones extremas y aisladas anticipa a las cadenas hoteleras que explotan la lejanía, los vastos paisajes y los deportes extremos en Chile. Con este edificio Martín Lira marca su inicio en proyectos de mayor escala, desarrollando una arquitectura moderna autentica, previa a las influencias del Estilo Internacional, a través de un programa arquitectónico innovador para sus tiempos.

(*) Arquitecto Universidad Central 1997. Master of Science in Advanced Architectural Design Columbia University 1999; Máster en Arquitectura Universidad Politécnica de Cataluña 2000; Doctor candidato Universidad Politécnica de Cataluña 2006; Académico Universidad Mayor; Profesor de Magister en Arquitectura PUC.

Fotografías: Martín Edwards martinedwardsfoto@gmail.com

1 Este artículo forma parte de la investigación “El paisaje, la infraestructura y el turismo como vertebradores de la identidad moderna chilena hoteles y hosterías en Chile entre los años 1945 y 1965.” ; dirigida por José Rosas y Teresa Rovira.

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Hotel Turismo de Antofagasta: 1950-1953

Por Claudio Galeno Ibaceta (*)

Idear un hotel que ofreciera servicios de calidad para el turismo en Antofagasta fue un proceso extenso de gestiones, que tuvo dos proyectos y ubicaciones previas al que finalmente se construyó. Si bien la obra final es parte de las políticas del Consorcio Hotelero para el norte de Chile, esas directrices se encontraron en concordancia con el empuje de una población ansiosa por modernidad, ya que en el proyecto antofagastino la imagen moderna significaba el ingreso a una nueva urbanidad idealizada. En ese sentido, desde los años treinta, las reuniones de los regidores municipales se referían a la necesidad de contar con un hotel digno para albergar a los turistas que arribarían a la progresista urbe.

El Hotel Turismo de Antofagasta se construyó entre 1950 y 1953, inaugurando inicialmente el área norte del edificio.

Martín Lira se graduó en 1929 en la Universidad de Chile, siendo arquitecto del Consorcio Hotelero por muchos años, aunque no el único ya que varios proyectos fueron también encargados a otros arquitectos, como la oficina de Bresciani, Valdés, Castillo y Huidobro (proyecto de Chañaral y San Felipe 1 ) o a Emilio Duhart (proyecto de Ancud). Pero sin duda la obra de Lira se asocia a sus diversos proyectos de hotelería, como el Hotel Portillo, Francisco de Aguirre en La Serena, Ovalle, Bucanero en La Herradura de Coquimbo y la Hostería Cavancha en Iquique. La primera propuesta para un hotel en Antofagasta fue proyectada por la oficina de Eduardo Costabal y Andrés Garafulic (1905 – 1956) en 1937 2 . El proyecto fue presentado a través de fotografías de la maqueta y se situaría en un terreno entre el Parque Brasil y el mar. El sitio donde se pretendía construir ese hotel fue donde se levantó, posteriormente en 1949, la casona moderna del connotado doctor Gonzalo Castro Toro, médico y político de Antofagasta. La iniciativa estaba en un proceso de estudio económico realizado por lo senadores Fernando Alessandri y Miguel Cruchaga Tocornal. Los periódicos se referían principalmente a Andrés Garafulic 3 , debido a que era antofagastino.

Maqueta Hotel de Turismo para Antofagasta, fachadas oeste y sur, 1937. Arquitectos Costabal y Garafulic. (Archivo E. Fahrenkrog).

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Visita a las obras del Hotel Antofagasta el 10 de octubre de 1950. De izquierda a derecha: Martín Lira Guevara, arquitecto del Consorcio, Óscar Orchard, Representante del Consorcio en Antofagasta, Óscar Gajardo, Presidente del Consorcio, Alejandro Ossa, Darío Sánchez, ingeniero responsable de los cálculos del hotel. (Archivo E. Fahrenkrog)

El edificio propuesto se componía de un bloque aislado de seis pisos más una terraza. La primera planta era de servicios públicos, debido a su ritmo de puertas que entran en relación con el terreno circundante. La entrada principal se producía en el extremo sur de la fachada este, por el parque, donde una marquesina avanzaba para acoger el vehículo. A un costado del acceso, se elevaba un volumen cilíndrico acristalado, la circulación vertical, la que producía un contrapunto con la horizontalidad de las ventanas corridas de los niveles superiores con largos quiebrasoles. Esa fachada era más hermética que la fachada que se orientaba hacia el mar. La fachada norte estaba compuesta por vanos cuadrados más óculos propios de la estética “buque”. En la cubierta un pabellón minimalista remata el conjunto, mientras que unas barandillas náuticas delimitan el borde. El bloque, en su fachada oeste, concluye hacia el sur con un pabellón anexo acristalado de dos pisos que avanza sobre el mar, con una terraza superior y un basamento que lo eleva en la pendiente, pero con escaleras que permiten bajar hacia el mar. Este volumen dispuesto perpendicular al bloque central concluye de forma circular, recuperando la estética náutica, de igual forma que lo hizo años después el proyecto de Martín Lira. A pesar de la crisis de hospedaje en la ciudad, que quedó ampliamente de manifiesto durante la celebración del evento denominado Semana Antofagastina en diciembre de 1937, el proyecto en el Parque Brasil no prosperó porque algunos regidores creyeron “poco productivo construir un hotel alejado del centro de la ciudad” 4 . En general este proyecto de Costabal y Garafulic tiene muchos rasgos semejantes con el proyecto que después hará Martín Lira. El primero es antecedente del último, así como lo fue el Hotel Portillo. No es arriesgado pensar que Lira debe haber conocido el proyecto de Costabal y Garafulic, ya que el principal de los gestores de ambas iniciativas había sido el político Óscar Orchard.

Pabellón de Turismo, Antofagasta, arquitecto Jorge Tarbuskovic, 1939-49. (El Mercurio de Antofagasta, 1961)

Mientras tanto, fueron construidas algunas otras obras orientadas al fomento del turismo: el Casino del Balneario y el Pabellón de Turismo, edificios diseñados por el arquitecto y Director de Obras Municipales, Jorge Tarbuskovic Dulcic (1907–1985). 5 En 1937 se publicita el proyecto de “modernización” de toda el área del Balneario Municipal a través de un plano general 6 , en el cual se detallan los elementos del conjunto, siendo el principal de ellos, y con primera prioridad, el denominado Casino Balneario, un edificio aislado y de aspecto náutico frente a la playa. El edificio albergaba en su primer nivel camarines y cabinas para los bañistas, y en su segundo un restaurante con un gran salón y balcón corredor hacia la playa. En 1939 se inicia la construcción del Pabellón de Turismo, cuya obra finalizó en 1949. Estaba situado frente al acceso sur del nuevo puerto, y destinado a prestar servicios a los viajeros que llegaban a la ciudad en vapores. Su vanguardista programa se componía de oficinas de informaciones turísticas y del movimiento de trenes, vapores y aviones, cambio de monedas, custodia de equipaje, locales comerciales, además de lugares para exposiciones de productos industriales. Su estética también correspondía a un aspecto náutico. El programa presentó una innovación, previendo un gran flujo de pasajeros que llegarían en vapores, pero el transporte marítimo cayó en desuso y dio paso al ferrocarril y al transporte aéreo. Esto significó que el pabellón decayera hasta su demolición a comienzo de los 90.

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Hotel Antofagasta, área sur, acceso de servicios. (Foto Claudio Galeno).

Arquitectura antisísmica y transparencia. Salón Pacífico del Hotel Antofagasta. (Foto Claudio Galeno).

Se hizo entonces un nuevo proyecto en otro emplazamiento, no muy alejado. Pero por no estar en una manzana urbana, el borde del mar cambió totalmente el contexto de la obra, su escala y pretensiones para con la ciudad. La tardía inauguración del Hotel Portillo debe haber influenciado en la nueva resolución que se planteó para la nueva propuesta. Las primeras conversaciones con Lira para el proyecto de Portillo fueron en 1937, para luego iniciar sus obras en 1941 y ser recién terminadas en 1949. Sin duda la obra pionera de Martín Lira en el Hotel Portillo fue muy significativa, ya que logró un concepto de monumentalidad vinculado al rotundo paisaje, lo que posteriormente fue perfeccionado en el hotel para Antofagasta. En mayo de 1949 se inician los trabajos de traslado de la cancha de la firma Hochschild para que se inicien las obras del Hotel Turismo 8 definitivo. En junio del mismo año, la Chilean Exploration Company realizó una representativa donación de 250 mil dólares a la obra. En febrero de 1950 se pidieron las propuestas para la construcción. El inmueble terminado tenía 168 departamentos con baño privado, lo que equivale a 374 camas 9 . El edificio, destacado internacionalmente por la calidad de su arquitectura y servicios que entregaba, es un singular ejemplo de arquitectura moderna enlazada al territorio, estableciendo la continuidad ciudad-arquitectura-paisaje, conceptos coincidentes con los difundidos nueve puntos sobre monumentalidad de Sert, Léger y Giedion, en 1943. El monumental edificio establece una relación entre el centro cívico de la ciudad y el océano. Consiste en un volumen de seis pisos, de 32,5 metros de altura, con una terraza habitable que se tuerce y concluye visualmente la principal calle comercial del centro, cóncavo hacia la ciudad, convexo hacia el mar, articulando ciudad y paisaje. La construcción tiene en su frente una topografía artificial que eleva el acceso del edificio en 6 metros, situándolo en un nivel de gran altura, umbral de acceso que entrega un inusual dominio sobre la ciudad desde el borde del mar. El conjunto de estas operaciones producen una transformación en el paisaje del borde de la ciudad, irrumpiendo con una nueva escala: topográfica, urbana y de servicios. Establece una nueva construcción simbólica dramatizando el borde, articulando la ciudad para que se observe a si misma y amplifique la visión de la vastedad del océano.

A principio de los años 40, los políticos antofagastinos reclamaban un hotel “con vasta capacidad y dotado de todo el confort y comodidades modernas” y un casino con teatro “al estilo del que funciona en Viña del Mar”. La segunda propuesta de un hotel para Antofagasta estaba dentro de las prioridades anunciadas por el Consorcio, incluso con mayor importancia frente a Iquique, La Serena y Ovalle, los que fueron inaugurados en 1947. Se llegó incluso a adquirir un terreno en la Plaza de Armas para construir un gran hotel que quedó sólo en maqueta -probablemente también diseñado por Martín Lira-, proyecto que fue publicitado por la revista En Viaje en junio de 1946. El hotel para Antofagasta, tanto en el proyecto para la plaza como el que se construyó, se debió en buena medida a los importantes aportes y gestiones de la Cámara de Comercio local. Pero la propuesta de hotel no se realizó. Posteriormente, el mismo terreno -de un cuarto de manzana y 3.000 m2- fue vendido a un inversionista que construyó un edificio de departamentos de cinco pisos que se organiza como un hotel, diseñado también por Martín Lira. Este edificio, nombrado Canaempu, recién se terminó en 1956 7 .

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N

PLANTA PRIMER NIVEL

PLANTA ZÓCALO

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CORTE FF

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10 m

El acceso es una gran abertura y esta definida por una marquesina y una amplia escalera que conduce al hall, un gran espacio totalmente vidriado hacia el mar. Al cruzar ese espacio se puede acceder a un extenso balcón que asoma hacia la bahía. En los cuatro pisos superiores, la mitad de las habitaciones enfrentan la ciudad sobre el desierto montañoso, mientras que las demás enfrentan la extensión de la bahía. Asimismo, el volumen que contiene los grandes salones para eventos extiende el edificio sobre la playa, resuelto en una arquitectura náutica, pilotis, ventana horizontal y brise-soleil. La obra se destaca por su gran escala, bajo la forma de un macizo volumen torcido, apropiado a la vastedad del territorio donde se asienta. Pero uno de los logros más importantes de Lira es la permeabilidad que logra con una arquitectura antisísmica. Eso ocurre debido al vaciado del nivel de acceso del lobby y salones, gracias a robustas columnas y a los muros vidriados. Socialmente, durante años el hotel ha sido un lugar de confluencia de la sociedad antofagastina, que ha disfrutado por generaciones de sus amplios salones y de su antiguo bar Chuqui, dispuesto hacia la ciudad. La guía Conozca el Norte de Chile, de 1954, destaca: “El síntoma más claro de la fe que existe en el porvenir de Antofagasta lo da la existencia del actual Hotel de Turismo, imponente edificio de siete pisos, ubicado a orillas del mar a pocos metros del centro de la ciudad, y de elegantes y armoniosas líneas. Se trata del mejor hotel de la costa sur del Pacífico, no sólo por la belleza de su edificación, sino que por sus comodidades, su capacidad y la excelencia de sus servicios. Aún cuando a la fecha está todavía inconcluso, gran parte de sus instalaciones han sido habilitadas, y cuenta ya con acomodación para unas 150 personas. Tiene un buen servicio de comedor, un magnífico bar decorado con motivos regionales, una boite en la cual siempre actúan atracciones artísticas, y en general todas aquellas comodidades que exige el conocedor. Este hotel era una necesidad vital para la región, como lo comprueba el hecho de que generalmente todas sus acomodaciones pasan ocupadas. 10 El Hotel Turismo de Antofagasta, no sólo es una magnífica obra monumental, que media entre la ciudad y territorio, sino que también integra obras de artes de un destacado artista germano, nacionalizado chileno, Thomas Roessner (1913), conocido por su extensa carrera diseñando escenografías y vestuarios para el Ballet Nacional.

En la edición internacional de la revista Mundo Diplomático de febrero de 1962 11 , con artículos dedicados al porvenir de Antofagasta, sobresale uno cuyo título destaca el favorable clima de “Antofagasta, la ciudad del clima perfecto”, y el progreso urbanístico que la ha embargado, a través de una serie de proyectos urbanos y arquitectónicos 12 . En otra página, bajo una foto aérea del Hotel Turismo “donde se puede apreciar la sobriedad de sus líneas”, se lo compara con lujosos hoteles como el Panamá Hilton Caribe, el TajMahal en la India o incluso el Imperial de Tokio. 13 Durante los años 50, la revista En Viaje ya había destacado la arquitectura del Hotel Turismo: “Es, tal vez, el más grande del Pacífico Sur. Hace poco que se encuentra en servicio para recibir la apreciable cantidad de pasajeros que la visitan desde los puntos más distantes del país, sin olvidar a los turistas de países vecinos, cuya afluencia tiende a ser mayor cada día (…)” 14 . Entre las afirmaciones que se hacen durante sus primeros años de vida, esta es una de las más acertadas, ya que por lo menos en Chile -que ocupa la mayor parte de la costa americana del Pacífico Sur- no existieron hoteles modernos equiparables a su envergadura. De hecho, junto al cordillerano hotel Portillo, son los dos únicos ejemplares de carácter territorial por sus relaciones y por el adecuado uso de la gran escala para hacer frente a la vastedad del paisaje. En ambos proyectos Martín Lira definió un enorme volumen macizo de seis plantas que se tuercen para captar la vastedad del lugar. Esa primera definición lo integra a su entorno. En Portillo la Laguna del Inca, la cordillera y el cerro Aconcagua; en Antofagasta, la bahía de San Jorge, el océano y los cerros desnudos del desierto de Atacama. Mientras el primero está en una condición totalmente natural, el segundo -en una situación más compleja, al situarse en el borde de la urbe-, en su encuentro con el mar configura un límite monumental que media entre la escala del paisaje y de la ciudad.

(*) Arquitecto Universidad Católica del Norte, Master Historia, Arte, Arquitectura y Ciudad, ETSAB-UPC y candidato a Doctor en Teoría e Historia de la Arquitectura ETSAB-UPC. Profesor titular Departamento de Arquitectura de la UCN, Miembro de Docomomo Chile.

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Bar Chuqui con mural de Thomas Roessner en 1953. (Foto Claudio Galeno).

Mural “Provincia de Antofagasta”, Thomas Roessner,1956. (Foto Claudio Galeno).

1 Pérez, Oyarzún, Fernando, Brescianni Castillo Huidobro, Santiago de Chile : Ediciones ARQ, 2006, p.50 2 “Los senadores Alessandri y Cruchaga tratan de obtener fondos para construir el Hotel de Turismo”, periódico El Mercurio de Antofagasta, lunes 7 de junio de 1937, p.1 3 Andrés Garafulic Yancovic : “Novelista, arquitecto. Es autor de una sola novela escrita en 1928 y publicada en 1932 sobre la perpetración monopolista norteamericana y su apoderamiento de la riqueza cupiera, en especial, en los yacimientos de Chuquicamata, lugar con el que se identifica el supuesto “Carnalavaca” (…) , en “Diccionario de autores de la literatura chilena”, En Viaje, Nº440, junio 1970, p.35 4 A.M.A. (Actas Municipales), 30-VIII-1943, Pág. 24, S.E., Ficha Nº 349, Turismo, en Alvares Campos, Dora Cristina, La Ilustre Municipalidad de Antofagasta desde el 18 de mayo de 1944. Alcalde: Don Héctor Albornoz Véliz, memoria para optar al título de profesor de historia y geografía y educación cívica, Antofagasta: Universidad del Norte, Departamento de Ciencias Sociales, 1977, p. 142. 5 Aprovecho para hacer una rectificación, en mi escrito “La Arquitectura Progresista de Antofagasta. Conciencia moderna o amnesia contemporánea”, publicado en las Actas del Primer Seminario Docomomo Chile, el año 2005, menciono el proyecto del Casino del Balneario como de autoría del arquitecto Ricardo Pulgar San Martín, y fechado en 1953, esa información no es correcta, en realidad hubo una confusión de obras y fechas, el proyecto en realidad es de autoría de Jorge Tarbuskovic Dulcic (titulado en 1934 en al Universidad de Chile) y fue construido entre 1937-38. Lo que realmente construyó Pulgar San Martín en el Balneario fue otro edificio, actualmente demolido, cercano al Casino, que correspondía a un pabellón muy simple de un piso denominado Las Torpederas, que contenía un restaurante , junto a la galería de cielo ondulante que se disponía de forma lateral a ese volumen. Esa obra fue la que se realizó en 1953. 6 “Plano general del nuevo Balneario Municipal”, El Mercurio de Antofagasta, jueves 7 de octubre de 1937, p.1. 7 Lira, Martín, “Edificio por valor de 25 millones de pesos proyecta construir el Sr. Juan Vidal frente a la Plaza Colón”, El Mercurio de Antofagasta, 6 de enero de 1950, p.1. 8 El Mercurio de Antofagasta, “En febrero se pedirán propuestas para la construcción del Hotel de Turismo”. Viernes 27 de enero de 1950, p.1. 9 Metas insospechadas, de promisorio futuro, ha logrado HONSA en fomento del turismo regional”, periódico El Mercurio de Antofagasta, sábado 12 de noviembre de 1966, Tercer cuerpo, p.3. 10 Jeria, Alfonso; Hormazábal G., Juan, “El Hotel de Antofagasta”, Conozca el Norte de Chile, edición 1954, Imprenta 11 Revista Mundo Diplomático, Edición Internacional, revista mensual de información de los Círculos Diplomáticos, consulados, Sociales, Gubernamentales y de las Organizaciones Mundiales, año XCII, febrero 1962, Nº103, Santiago de Chile. 12 -(…) la construcción del matadero Modelo; la terminación de la Avenida Costanera, (…) el proyecto de construcción de un Teatro Municipal, (…) Finaliza la agenda de planes municipales de próxima realización un proyecto de nueva Casa Consistorial, (…) , Revista Mundo Diplomático, Edición Internacional, año XII, febrero 1962, Nº103, Santiago de Chile, p.5 13 Revista Mundo Diplomático, p.12 14 Orrego Molina, Luis, “Antofagasta”, En Viaje, nº261, julio de 1955, p.17.

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Yacht Club Bahía de La Herradura, Coquimbo. (Magdalena Undurraga) .

Yacht Club Bahía de La Herradura, Coquimbo: 1950-1951

Por Horacio Torrent (*)

El Yacht Club de la Bahía de La Herradura es un largo edificio con techo de leves pendientes en tijera que tiene como base una losa continua que se apoya sobre dos promontorios rocosos. Por el lado norte, las rocas quedan expuestas, en tanto por el lado sur y bajo la losa, se disponían espacios para el guardado de botes y un amplio suelo se relaciona con un muelle para los deportes náuticos. Su planta mostraba una clara concepción racional, compuesta por una serie de habitaciones para hotelería y los grandes espacios del comedor en la punta. Construido en tres niveles incluía amplios espacios en doble altura, y se completaba con una “promenade” constituida por terrazas perimetrales puestas en continuidad con una leve y larga rampa de acceso desde la playa. El volumen superior se diferenciaba materialmente por su recubrimiento en madera, con amplios y altos ventanales de cristal en el medio, en tanto que el resto del conjunto mostraba articulaciones lineales de planos y barandas en estucos blancos. Alteraciones posteriores han transformado fuertemente los espacios y la imagen original. Fue construido como parte de las estrategias definidas por el Plan Serena para el turismo regional. Este Plan –desarrollado entre 1948 y 1951– tuvo como objetivos mayores la descentralización territorial, la generación de una base económica regional y la transformación urbana de la principal ciudad de la provincia 1 . En él se proponía una serie de obras que serían realizadas por el Consorcio Hotelero de Chile S.A., como los hoteles en La Serena, Ovalle y Vicuña, y las hosterías en Guayacán, Paihuano, Pisco Elqui, Andacollo, Tongoy y Punta de Teatinos. Además el trazado de la carretera Panamericana permitió las conexiones de acceso a las playas en Pichidangui, Los Vilos, Tongoy, Guanaqueros, Totoralillo, entre otros 2 . Algunas de estas obras se realizarían muchos años después, pero ya quedaba definida una estrategia territorial para el turismo como fuente de desarrollo económico.

La elección de la Bahía de la Herradura como uno de los puntos clave en este desarrollo turístico se debió principalmente a las magníficas playas y aguas tranquilas para deportes, pero también por la existencia en sus inmediaciones de fósiles y por la carga simbólica de mitos y leyendas en torno a piratas y corsarios 3 . En su entorno inmediato se construyeron también una serie de cabañas que preveían una afluencia pública importante para el disfrute de las playas y nuevas formas de socialización en relación al balneario.

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En las cercanías el Plan incentivó el desarrollo del balneario de Peñuelas, con la construcción de otras cabañas por parte del Consorcio Hotelero en torno al preexistente Casino –que había construido la compañía ferroviaria–, el Club Hípico y el Club de Tiro. En La Serena, el Hotel Francisco de Aguirre, también proyecto de Martín Lira, que entró en funcionamiento en 1947, con una segunda etapa que lo amplió en 1950 4 . Realizado en estilo neocolonial –o colonial serenense, según la categoría local enunciada por el plan– seguía el modelo tipo de los hoteles del Consorcio, ocupando una planta modulada racionalmente pero adaptado plenamente al lugar configurando la fachada urbana de la Costanera Pedro Pablo Muñoz.

El Yacht Club formó parte del Plan Serena pero no asumió sus consideraciones formales, probablemente por su distancia al centro de la ciudad, aunque fundamentalmente por el carácter de su programa y sus relaciones con el paisaje. Las imágenes pesadas del neocolonial poco servían para incentivar los deportes, el ocio y la vida grata en relación con la playa y el mar. Tampoco había en él elementos del lenguaje naval que permitieran hacer una asociación temática con el destino del edificio, como los ojos de buey o las referencias náuticas que habían tenido lugar en el Cap Ducal de Viña del Mar, por ejemplo. Las formas y condiciones espaciales tenían probablemente otras fuentes e inauguraban las relaciones con la arquitectura moderna brasileña. Es sabido que el principal animador del Plan Serena fue el presidente Gabriel González Videla, que entre otras obras promovió personalmente también la construcción del Yacht Club 5 . GGV había sido Embajador en Brasil entre 1942 y 1944. Por entonces fue presentado por Gabriela Mistral como oriundo de “una provincia que es para Chile lo que Minas para Brasil”, porque “los imponderables más sutiles de la costumbre ibérica, Coquimbo los recibió y los guarda” 6 . Es posible que durante esos años conociera el proyecto que se desarrollaba contemporáneamente a diez kilómetros del centro de Belo Horizonte. El alcalde de esa ciudad –capital del estado de Minas Gerais– era Juscelino Kubistchek, un político joven y entusiasta, quien sería posteriormente el presidente que construiría Brasilia 7 . Encargó por aquel entonces a un joven arquitecto la realización de un conjunto de obras con la intensión de promover un desarrollo urbano en Pampulha. Oscar Niemeyer, proyectó entonces un conjunto de cuatro obras: el Casino, la Capilla, el Salón de Baile y el Club de Yates, que fueron inmediatamente reconocidas internacionalmente.

Postal Hotel Bucanero, aprox. 1960. (Archivo Fotográfico. Museo de Historia Regional Gabriel González Videla, La Serena).

FACHADA NORTE

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Yacht Club en Pampulha. (Oscar Niemeyer 1942-44. Tomado de: Goodwin, Philip. Brazil Builds. The Museum of Modern Art, New York, 1943. Pág. 193).

Las posibilidades de que GGV conociera el desarrollo de Pampulha son muchas; por una parte, ambos políticos pueden considerarse cercanos en cuanto a la apreciación del espacio y la arquitectura como programa de obra pública, así como también la apreciación del ocio y el goce de la buena vida, no sólo personal sino como parte de la acción política y social. Por sus realizaciones y por el profesionalismo demostrado en ellas, Martín Lira debe haber sido un arquitecto bien informado. Es sabido también que los pequeños edificios de Pampulha se difundieron ampliamente en el ambiente internacional. El pabellón del Club de Yates de Pampulha era ampliamente publicado en Brazil Builds (1942), el volumen del Museo de Arte Moderno de Nueva York, que contó con una notable difusión internacional 8 . Si su impacto en los medios diplomáticos en Brasil no debe haber sido menor, los que tuvo en el ámbito de la arquitectura fueron francamente extraordinarios 9 . Lira bien pudo conocerlo por estos medios. Como es sabido, el conjunto de obras en torno al lago de Pampulha se convirtió en el principal ejemplo que trazaría un antes y un después en la arquitectura moderna brasileña. Fue la primera gran obra pública de Kubitschek como político –con 39 años– y la obra consagratoria de Niemeyer, a los 35 10 . De formas inesperadas y con una poderosa originalidad plástica, propuso una ruptura con las primeras formas racionalistas y perfiló una libertad espacial fuertemente atractiva para inaugurar nuevos programas sociales. El Club de Yates de Pampulha fue concebido como un volumen rectangular liviano, asentado sobre pilotes, con un techo de sección en tijera, con un ala más larga hacia el interior y la más corta hacia el lago. Con el acceso al plano superior por medio de una larga rampa, se configuraba con un lado casi completamente vidriado y el otro con sistemas de parasoles verticales.

PLANTA PRIMER PISO

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Yacht Club de La Herradura, vista desde el muelle y detalle. (Tomadas de: Sagués, Osvaldo, Urbanismo y Plan Serena. Santiago, Chile : Talleres del Instituto Geográfico Militar, 1956. Pág. 49).

Las cercanías entre los dos casos son evidentes; ambos contienen la aspiración de transformación del área inmediata –Pampulha es sin duda una operación más lograda en ese aspecto–. Las cercanías formales aún más, pueden parecer demasiadas; no es sólo la sección en doble pendiente invertida del techo –tijera o mariposa– con un lado más largo que el otro –que se rotaría en el caso local quedando el lado mas largo sobre el agua–, sino también las formas en que se resuelven algunos de sus detalles, como por ejemplo los sistemas de láminas verticales que definen algunos puntos de la relación interior exterior. Sin embargo, los parecidos pueden ser sólo circunstanciales. Lo que resulta más interesante es que si bien el Yacht Club de la Herradura es menos claro que el de Pampulha en la articulación de su planta o en la configuración menos prístina de sus espacios, la actitud de Lira en referencia al paisaje es más osada estructuralmente, y probablemente más trascendente en su relación con la geografía. En tanto la obra de Niemeyer se asienta sobre un plano que apenas alcanza a extenderse sobre el lago, la obra de Lira se asienta en el roquerío, efectivamente elevada sobre el oleaje. En Pampulha la rampa esta contenida en paralelo al volumen, en tanto en La Herradura se despega partiendo de la playa para elevarse sobre el agua y llegar al volumen en sintonía con la pendiente del techo. En cuanto a su posición, el de Pampulha se queda contenido sobre el suelo, aunque los croquis de proyecto indican la pretensión de flotar sobre el agua. En La Herradura la implantación del edificio fue central en las decisiones de diseño; la forma y la composición de la planta estaban reguladas por las condiciones de las vistas a la bahía y la presencia en relación con el accidente geográfico de su base. Irrumpiendo en el agua –como un buque varado–, sus articulaciones formales asumían nuevos contenidos para la arquitectura, más espaciales y menos retóricos, más en relación con nuevas actividades del ocio y la buena vida en relación con la playa y el mar. El Club de Yates de la Herradura, bien pudo significar un cambio en la arquitectura moderna local. En parte porque la arquitectura se ponía en relación con condiciones de transformación urbana y territorial; también porque significó un cambio en las acciones políticas respecto del ocio y el disfrute de la costa en Chile; y también porque con su arquitectura y sus espacios proponía nuevas relaciones con las formas de la buena vida. Pero principalmente porque, en él, el paisaje no estaba asumido sólo como escena, sino como lugar capaz de ser activado por la arquitectura, para ser disfrutado por la gente.

1 Torrent, Horacio. Ciudad temática: Urbanismo y arquitectura del Plan Serena. Tesis Doctoral. Universidad Nacional de Rosario, Argentina. 2006. 2 Chile. Presidencia de la República. Plan de fomento y urbanización para las provincias de Chile. 1951. Santiago, Chile: Instituto Geográfico Militar, 1952. 3 Sagués, Osvaldo. Urbanismo y Plan Serena: Un ensayo sobre la transformación urbanística planificada de una región. Santiago, Chile: Talleres del Instituto Geográfico Militar, 1956. Pág. 65 y ss. 4 Corvalán, Marcelo. “Del programa a la fachada: El hotel Francisco de Aguirre como parte de una imagen”. En: Torrent, Horacio. Lecturas del Plan Serena. Seminario de Investigación PUC. 2do Semestre 1999. 5 Undurraga, Magdalena. “Proyecto y Plan Serena en la Bahía de Coquimbo”. En: Torrent, Horacio. Lecturas del Plan Serena. Seminario de Investigación PUC. 2do Semestre 1999. 6 Gabriela Mistral, quien en ese momento era Cónsul de Chile en Petrópolis, lo escribió para el Correio da Manhá de Rio de Janeiro y se publicó el 29 de agosto de 1942. Ver: González Videla Gabriel. Memorias. Editora Nacional Gabriela Mistral Ltda. Santiago 1975. Pág. 403. 7 Ver: Couto, Ronaldo Costa. Brasília Kubitschek de Oliveira. Río de Janeiro: Record, 2001. Pág. 75 y ss. 8 Goodwin, Philip. Brazil Builds. The Museum of Modern art, New York, 1943. Pág. 190 a 193. 9 El conjunto de Pampulha es probablemente una de las obras más reconocidas y publicadas de la arquitectura del siglo XX. Su aparición fue inmediata en revistas europeas y norteamericanas. 10 Niemeyer, Oscar. As curvas do tempo-Memórias. Río de Janeiro: Revan, 1998. Pág. 93 y ss.

(*) Arquitecto, Magíster y Doctor en Arquitectura. Actualmente es Profesor Adjunto de la Escuela de Arquitectura Pontificia Universidad Católica de Chile y Presidente de Docomomo Chile.

Nota planos: Acuña Alejandro, Curso de Investigación Arquitectónica, Universidad Mayor, profesor Pablo Saric.

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VIVIENDA UNIFAMILIAR

Casa 21x21 FG Arquitectos

ARQUITECTOS:

ALFREDO FERNÁNDEZ Y MATÍAS GONZÁLEZ

ARQUITECTO COLABORADOR:

CONSTANZA HAGEMANN

CONSTRUCTORA:

EL PANGUE (GONZALO HERRERA) RAFAEL GATICA Y JOSÉ JIMÉNEZ

INGENIERO CALCULISTA: INSPECCIÓN TÉCNICA:

RAÚL BAZÁN

INTERIORISMO:

CRISTIÁN PETSCHEN E ISABEL MASCARÓ

PAISAJISTA:

ESTUDIO DEL PAISAJE TERESA MOLLER Y ASOCIADOS

ARQUITECTO PAISAJISTA COLABORADORA:

FRANCISCA ALDUNATE

MATERIALES PREDOMINANTES: SUPERFICIE DEL TERRENO: SUPERFICIE CONSTRUIDA:

HORMIGÓN, PIEDRA, MADERA Y VIDRIO

1.650 MTS 2

385 MTS 2

UBICACIÓN:

ZAPALLAR, V REGIÓN, CHILE

AÑO PROYECTO:

2005-2006

AÑO CONSTRUCCIÓN:

2007

FOTOGRAFÍA:

MATÍAS GONZÁLEZ Y ENRIQUE BROWNE

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Un terreno hundido, sin vistas, con altos pinos macrocarpas, próximo a la caleta de pescadores de Zapallar y su camino de acceso transitado, es la primera premisa del proyecto. Luego el encargo: una casa de veraneo que permita el uso tanto de los dueños de casa solos, como de la visita esporádica de los hijos jóvenes e invitados, sin molestarse unos a otros.

PLAYA

PLAYA

CALETA

CERRO LA CRUZ

21X21

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EMPLAZAMIENTO

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PLANTA PRIMER PISO

PLANTA SUBTERRÁNEO

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PLANTA TECHO

PLANTA SEGUNDO PISO

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ventanas correderas al interior. Los límites se diluyen.

Este proyecto se concibe a partir de una planta cuadrada elevada a la altura de la copa de los árboles, de 21x21 metros, recorrible en todo su perímetro, a la que se accede por una rampa para alcanzar la vista al mar y separarnos de la tierra, trabajada como un bote, afición del dueño de casa. Con su gran cubierta central de madera de teca, un espacio exterior de estar, de cocinar, integrado a través de las las

Una gran perforación permite observar lo que está sucediendo abajo, recorriendo el espacio a través de pasarelas puente. Una escala vertical, los troncos de los árboles atravesando la plataforma, una celosía perimetral continua regulable de madera, para independizarse de la calle pero permitiendo ver más allá.

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