Día de la inauguración, 1949. (Purcell, Henry. Portillo)
El entorno y programa
El hotel se ubica sobre un angosto valle frente a la Laguna del Inca rodeado por grandes montañas. En el lugar, de características extremas, la nieve puede acumularse hasta un altura de 3 a 4 metros. Frente a este singular paisaje, el arquitecto optó por concentrar el programa en un único edificio de ocho niveles, logrando así la escala monumental requerida para el paisaje. El terreno presenta una pendiente que desciende hacia la laguna: es por esto que desde el sur sólo es posible distinguir cinco de los ocho niveles, siendo el primero el correspondiente al acceso. Dicho nivel, como los dos pisos inferiores, están revestidos en piedra formando un extenso zócalo. Esto permite situar el cuerpo principal del edificio sobre la cota más alta de nieve en el invierno, en tanto en los meses de verano el zócalo de piedra se funde con el color de los cerros y se percibe como un elemento preexistente. Desde el primer subterráneo era posible conectarse con la estación de trenes del Trasandino mediante un largo túnel, lo que evitaba que los pasajeros tuvieran que sufrir las inclemencias del tiempo en su arribo al hotel. En este nivel se ubican también las calderas del edificio, las que a pesar de ser reemplazadas por un nuevo sistema de calefacción se encuentran todavía operativas. Orientado al norte, el hotel privilegia las vistas de los espacios comunes hacia la laguna, con vistas más lejanas y un mejor aprovechamiento de la luz solar. El edificio desarrolla una curva en su extremo oriente enfrentando el Plateau, la principal pista de de esquí del complejo. La cubierta del edificio a una agua está resuelta mediante grande cerchas de madera. La inclinación del techo permitió acomodar hacia el norte una gran habitación a modo de mansarda, en la cual se ubicaban literas para los esquiadores que no pudieran costear las habitaciones en suite.
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