Revista AOA_07

Hotel Antofagasta, área sur, acceso de servicios. (Foto Claudio Galeno).

Arquitectura antisísmica y transparencia. Salón Pacífico del Hotel Antofagasta. (Foto Claudio Galeno).

Se hizo entonces un nuevo proyecto en otro emplazamiento, no muy alejado. Pero por no estar en una manzana urbana, el borde del mar cambió totalmente el contexto de la obra, su escala y pretensiones para con la ciudad. La tardía inauguración del Hotel Portillo debe haber influenciado en la nueva resolución que se planteó para la nueva propuesta. Las primeras conversaciones con Lira para el proyecto de Portillo fueron en 1937, para luego iniciar sus obras en 1941 y ser recién terminadas en 1949. Sin duda la obra pionera de Martín Lira en el Hotel Portillo fue muy significativa, ya que logró un concepto de monumentalidad vinculado al rotundo paisaje, lo que posteriormente fue perfeccionado en el hotel para Antofagasta. En mayo de 1949 se inician los trabajos de traslado de la cancha de la firma Hochschild para que se inicien las obras del Hotel Turismo 8 definitivo. En junio del mismo año, la Chilean Exploration Company realizó una representativa donación de 250 mil dólares a la obra. En febrero de 1950 se pidieron las propuestas para la construcción. El inmueble terminado tenía 168 departamentos con baño privado, lo que equivale a 374 camas 9 . El edificio, destacado internacionalmente por la calidad de su arquitectura y servicios que entregaba, es un singular ejemplo de arquitectura moderna enlazada al territorio, estableciendo la continuidad ciudad-arquitectura-paisaje, conceptos coincidentes con los difundidos nueve puntos sobre monumentalidad de Sert, Léger y Giedion, en 1943. El monumental edificio establece una relación entre el centro cívico de la ciudad y el océano. Consiste en un volumen de seis pisos, de 32,5 metros de altura, con una terraza habitable que se tuerce y concluye visualmente la principal calle comercial del centro, cóncavo hacia la ciudad, convexo hacia el mar, articulando ciudad y paisaje. La construcción tiene en su frente una topografía artificial que eleva el acceso del edificio en 6 metros, situándolo en un nivel de gran altura, umbral de acceso que entrega un inusual dominio sobre la ciudad desde el borde del mar. El conjunto de estas operaciones producen una transformación en el paisaje del borde de la ciudad, irrumpiendo con una nueva escala: topográfica, urbana y de servicios. Establece una nueva construcción simbólica dramatizando el borde, articulando la ciudad para que se observe a si misma y amplifique la visión de la vastedad del océano.

A principio de los años 40, los políticos antofagastinos reclamaban un hotel “con vasta capacidad y dotado de todo el confort y comodidades modernas” y un casino con teatro “al estilo del que funciona en Viña del Mar”. La segunda propuesta de un hotel para Antofagasta estaba dentro de las prioridades anunciadas por el Consorcio, incluso con mayor importancia frente a Iquique, La Serena y Ovalle, los que fueron inaugurados en 1947. Se llegó incluso a adquirir un terreno en la Plaza de Armas para construir un gran hotel que quedó sólo en maqueta -probablemente también diseñado por Martín Lira-, proyecto que fue publicitado por la revista En Viaje en junio de 1946. El hotel para Antofagasta, tanto en el proyecto para la plaza como el que se construyó, se debió en buena medida a los importantes aportes y gestiones de la Cámara de Comercio local. Pero la propuesta de hotel no se realizó. Posteriormente, el mismo terreno -de un cuarto de manzana y 3.000 m2- fue vendido a un inversionista que construyó un edificio de departamentos de cinco pisos que se organiza como un hotel, diseñado también por Martín Lira. Este edificio, nombrado Canaempu, recién se terminó en 1956 7 .

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