Todo esto es conjugado en un edificio simple que se impone en el lugar, una importante avenida que es el frente de un barrio residencial con el cerro Manquehue al fondo, a través de sus materiales y juego volumétrico. El volumen responde de dos maneras a su entorno inmediato; herméticamente hacia el norte y poniente, protegiendo al sector residencial del sentirse “observado” y al mismo tiempo regulando el ingreso de luz a través de perforaciones bajas, horizontales y profundas. Este volumen hermético se “rompe” quedando completamente transparente hacia el oriente y sur,
abriéndose hacia la universidad, Av. Santa María y el lecho del río Mapocho. En estos sectores, que cuentan con la mejor orientación y magníficas vistas sobre Santiago y la Cordillera de Los Andes, se dispusieron los elementos más públicos y representativos del programa. La fachada acristalada solamente es interrumpida por cuatro “cajas” que parecieran flotar y querer salir de su contenedor. Estas destacan lugares singulares dentro de la fachada, como el acceso y hall de ascensores, salas de reuniones y la sala de directorio.
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