Revista AOA_07

- RL: ¿Siempre ha tenido el mismo trazo, la misma soltura gráfica? - Hace unos días estuve recordando el primer concurso que gané. Fue en segundo año de la Facultad, el año… 43 -¡siempre tengo que sacar la cuenta!-, donde había que desarrollar un templete para un parque. Era un encierro de todo el día, de 8 a 8. Y allí tuvimos una discusión con un amigo que dibujaba muy bien con regla T, muy preciso: él insistía que con 12 horas de tiempo tenías que dibujar tu proyecto con la regla, escuadra, tiralínea, y yo decía que tenía que ser a mano levantada. Él lo hizo con regla T y yo a mi manera. Una semana después dan los resultados: ‘El trabajo número 4 de fulano de tal –mi amigo- ha sacado el primer lugar; el trabajo número 1 –que era el mío-, el 4° premio’. Por un momento pensé que él tenía razón, si había ganado era cierto que había que dibujar con regla T. Pero después reviso y veo que en mi presentación había un asterisco al lado del número 1: se habían equivocado y yo era el ganador. Después de todo yo había tenido razón. - RL: Pero hay croquis que usted hace totalmente a mano alzada y otros más rectos. - (Se ríe) Noooo, sólo es porque estaba la escuadra allí. - EB: ¿El croquis para usted tiene un valor en sí o es sólo funcional a la obra? ¿Es una manera de dejar escrito un pensamiento? - Es funcional a la obra, mientras lo haces ves el edificio hecho, la pintura en el piso, el jarrón con flores. Es plasmar una idea, fijarla, nada más.

El croquis y la razón del arquitecto-pintor

- Yves Besançon: ¿Cuando comienza una pintura, es igual? ¿Parte siempre por un croquis? - Para nada, no. Te la imaginas también, pero cuando quieres empezar un cuadro sabes más o menos para dónde vas, no te paras en blanco frente a la tela a menos que quieras hacer un ejercicio. - YB: Hay una frase que alguien dijo y a usted le gusta mucho: que proyecta como pintor y pinta como arquitecto. - No me acuerdo de la exposición, fue en la Galería Gath y Chavez cuando existía, una muestra de arquitectura y pintura. Y sí, ahí me dijeron: ‘Eh Testa, usted cuando pinta parece arquitecto y cuando hace arquitectura parece pintor’.

“Cuando salió la beca a Italia, ya egresado de la Facultad, quise visitar a Rogers (Ernesto, a quien ha reconocido como su mentor en esos años) que estaba en Milán. Fuimos con unos amigos españoles y no teníamos dónde dormir. Nos instalamos en la estación de trenes, vendimos dibujos para comer y venía el guardia y me pedía ayuda con el inglés. Estuve cuatro días ahí y me olvidé de Rogers… No me di cuenta pero creo que fue una defensa interna, capaz que me hiciera encargos y ahí me empezaba a quedar allá”.

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