- EB: La estructura del edificio es la expresión del edificio, algo que hoy no ocurre mucho. Impresiona hasta hoy es cómo hicieron para poder construir esta fachada en hormigón visto con una tecnología de los años sesenta, muy artesanal. Y otra cosa que llama la atención es la fuerza que tiene en el contexto: es cierto que había una normativa de altura, pero el edificio tiende a asimilarse a los edificios contiguos siendo a la vez muy distinto. - El punto de partida fue bueno, que nos dieran todo un edificio en función de una manzana completa. Pedían que se ensanchara el suelo, ya que las calles son estrechas en ese punto. Nuestra solución fue distinta al resto, mantuvimos la línea de la manzana y retiramos las columnas de abajo. Para ensanchar el espacio se retiró toda la esquina, en la diagonal. Todos los pilares de la esquina bajan y hay una llegada muy sutil. Nos abrimos para que saliera la calle entera. Este edificio es notable porque tiene una doble piel: lo que se retira te permite ver la fachada desde dentro. - EB: ¿Dentro de la arquitectura internacional, hay algo o alguien que le interese de manera especial? - Todas las épocas tienen mucho bueno, no soy de los que dice que la arquitectura de antes era la buena. Cada 50 años la pintura y la arquitectura cambian, y tiene el mismo valor lo que se hizo en 1950 que lo de ahora y lo del 2050. Es cosa de tomar una catedral gótica, un palacio románico… eso es lo fantástico. - EE: ¿Y en Buenos Aires hay algún arquitecto, movimiento, edificio que le guste particularmente dentro de lo nuevo? - Creo que en Buenos Aires no puedes hacer la arquitectura que se hace afuera. El techo de titanio de Gehry no tiene sentido, no puedes hacerlo, ni siquiera por motivos de dinero. Ni siquiera lo puedes proponer. Pero entre las obras nuevas, el edificio de la Televisión me parece bonito.
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