ESCENA/31
el horizonte
Fin de semana del 12 al 14 de septiembre de 2025
Siguiendo al Papa El Papa León XIV: Se grita cuando se cree que alguien todavía puede escuchar. Se grita no por desesperación, sino por deseo. Jesús no gritó contra el Padre, sino hacia él. Incluso en el silencio, estaba convencido de que el Padre estaba ahí. Del 5 al 11 de septiembre del 2025 (VIS). POR ANAM CARA
porque también hay esto en el grito: una esperanza que no se resigna. Se grita cuando se cree que alguien todavía puede es- cuchar. Se grita no por deses- peración, sino por deseo. Jesús no gritó contra el Padre, sino ha- cia él. Incluso en el silencio, es- taba convencido de que el Pa- dre estaba ahí. Y así nos mostró que nuestraesperanza puede gritar, incluso cuando todo pa- rece perdido. Gritar se convierte entonces en un gesto espiritu- al. No es sólo ese primer acto de nuestro nacimiento – cuando lle- gamos al mundo llorando – : es también un modo para permane cer vivos. Se grita cuando se sufre, pero también cuando se ama, se lla- ma, se invoca. Gritar es decir que estamos, que no quere- mos apagarnos en silencio, que tenemos todavía algo que ofrecer. En el viaje de la vida, hay momentos en los que guar- dar todo dentro puede con- sumirnos lentamente. Jesús nos enseña a no tener miedo del gri- to, mientras sea sincero, humil- de, orientado al Padre. Un grito no es nunca inútil si nacedel amor. Y nunca es ig- norado si se entrega a Dios. Es una víapara no ceder al cinismo, para continuar creyendo que otro mundo es posible.
AUDIENCIA GENERAL.- Q vida de Jesús en este mundo: su muerte en la cruz. Los Evange- lios recogen un detalle muy vali- oso, que merece ser contempla- do con la inteligencia de la fe. En la cruz, Jesús no muere en silencio. No se apaga lenta- mente, como una luz que se consume, sino que deja la vida con un grito: «Jesús, dando un fuerte grito, expiró» (Mc 15,37). Ese grito encierra todo: do- lor, abandono, fe, ofrenda. No es sólo la voz de un cuerpo que cede, sino la última señal de una vida que se entrega. El grito de Jesús va precedi- ueridos hermanos y her- manas: Hoy contem- plamos la cumbre de la do por una pregunta, una de las más lacerantes que se pueden- pronunciar: «Dios mío, Dios mío,
jo. Es ahí, en aquel hombre des- garrado, donde se manifies- ta el amor más grande. Es ahí donde podemos reconocer a un Dios que no permanece dis- tante, sino que atraviesa has- ta el fondo nuestro dolor. El cen- turión, un pagano, lo entiende. No porque haya escuchado un discurso, sino porque vio morir a Jesús en ese modo: «Verdadera- mente este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,39). Es la primera profesión de fe después de la muerte de Jesús. Es el fruto de un grito que no se dispersó en el viento, sino que tocó un corazón. A veces, lo que no somos capaces de decir con palabras lo expresamos con la voz. Cuando el corazón está lle- no grita. Y esto no siempre es una señal de debilidad, puede ser un profundo acto de human-
¿por qué me has abandonado?». Es el primer versículo del Sal- mo 22, pero en los labios de Jesús adquiere un peso único. El Hijo, que siempre ha vivido en íntima comunión con el Padre, experimenta ahora el silencio, la ausencia, el abismo. No se tra- ta de una crisis de fe, sino de la última etapa de un amor que se desesperación,sino sinceridad, verdad llevada al límite, con- fianza que resiste incluso cu- ando todo calla. En ese mo- mento, el cielo seoscurece y el velo del templo se rasga (cf. Mc 15,33.38). Es como si la creación participara de ese dolor y al mis- entrega hasta el fondo. El grito de Jesús no es mo tiempo revelara algo nue- vo: Dios ya no habita detrás de un velo, su rostro es ahora ple- namente visible en el Crucifi-
idad. Nosotros estamos acos- tumbrados a pensar en el grito como algo descompuesto, que hay que reprimir. El Evangelio confiere a nuestro grito un valor inmenso, re- cordándonos que puede ser una invocación, una protesta, un de- seo, una entrega. Puede ser la forma extrema de la oración, cuando ya no nos quedan pa- labras en ese grito, Jesús puso todo lo que le quedaba: todo su amor, toda su esperanza. Sí,
LA FRASE DEL DÍA
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