Revista AOA_23

La estética que irradian estos artefactos, producto de su eficiencia y economía, serían transformados en arte por el uso de las proporciones que se encuentran en el cuerpo humano y la naturaleza. Esta reducción a la racionalidad basada en el cálculo y la ciencia llevó a la arquitectura a una total abstracción formal, eliminando toda referencia a lo local, cultural o histórico. Borchers derivará su propuesta teórica directamente de la experiencia existencial con lo real y se aleja de la arquitectura como abstracción pura. Así, postula que las condiciones de cada lugar provocan una experiencia diferente a la definida como “armonía arquitectónica”. La potente expresión de las obras contradecía la teoría armónica en uso y las armonías matemáticas, producto del cálculo, no se reflejaban en los edificios. Debido a esto, para Borchers cobró especial importancia la necesidad de contar con un instrumento capaz de recoger lo que sucedía en la realidad y que pudiera traducirse en un sistema de notación que registrara y permitiera incorporar la experiencia vivencial del fenómeno arquitectónico. Frente al Orden Natural, planteó el Orden Artificial. Para ello, mantuvo una permanente investigación y observancia de la naturaleza, durante toda su vida. Los estudios de plantas, paisajes, rocas y nubes llenaron sus cuadernos de viajes y carpetas de trabajo, alternándose con aquellos de obras de arquitectura y estableciendo un contraste entre ambos “órdenes”. A las leyes de la física, reflejadas en los artefactos y máquinas de la época, a los cuales cantaba Le Corbusier, alabando su armonía, exactitud, racionalidad, economía y belleza funcional, Borchers opuso las contradicciones y excesos de las obras de arquitectura repartidas por el mundo y a las cuales no podía reducir a lo puramente racional. La arquitectura gótica con sus enormes y elevadas naves, la arquitectura griega y egipcia, que no respondían a ningún requerimiento funcional o práctico, excedidas en sus dimensiones y monumentalidad, fueron tempranamente un llamado de atención para investigar más profundamente sobre los conceptos en boga y proponer una nueva “armonía” en arquitectura. El concepto de armonía que se derivó de estas investigaciones lo llevó a concebir la arquitectura como un estado de permanente desequilibrio y movilidad que se alejaba de los sistemas “cerrados y fijos”. Los trazados reguladores, los sistemas proporcionales geométricos, los diseños basados en la perspectiva axial, los sistemas compositivos basados en “órdenes” arquitectónicos previamente establecidos fueron abandonados, dando paso a una nueva concepción armónica, sustentada en la discordancia, la contradicción y contraposición. La redefinición de los términos “planta”, “volumen”, “programa”, “materia”, fueron necesarios para la argumentación del “Órden Artificial”, que consideraba además la firme convicción sobre la necesidad de una rítmica plástica en la obra, capaz de crear una nueva extensión inhabitual para el sujeto, que lo transportara a una experiencia distinta, donde la arquitectura era protagonista y lo integraba completamente. Su libro Institución Arquitectónica (1968) recoge los planteamientos teóricos de su pensamiento sobre una nueva armonía en arquitectura y su manifiesto a favor del derecho al lirismo en los arquitectos.

The aesthetic that radiates from these artifacts, a product of their efficiency and economy, would be transformed into art by using the proportions found in the human body and nature. This reduction to rationality based on calculus and science led architecture to a complete formal abstraction, eliminating all references to local, cultural or historical elements. Borchers shall directly derive his theoretical proposal from the existential experience of reality and will distance himself from architecture as pure abstraction. Thus, he poses that the conditions of each site cause a different experience to the one defined as “architectural harmony”. The powerful expression of the works contradicted the harmonic theory in use and mathematical harmonies - the result of calculations – were not reflected in the buildings. Because of this, Borchers considered particularly important the need to have an instrument capable of gathering what was happening in reality, and that could lead to a notation system to record and incorporate the lived experience of the architectural phenomenon. To oppose Natural Order, he proposed Artificial Order. For this he embarked on permanent research and observation of nature throughout his own life. Studies of plants, landscapes, rocks and clouds filled his notebooks and travel portfolios, alternating with those of works of architecture and establishing a contrast between both “orders”. To the laws of physics - as reflected in the artifacts and machines of the time, praised by Le Corbusier in their harmony, accuracy, rationality, economic and functional beauty - Borchers opposed the contradictions and excesses of architectural works scattered throughout the world and which could not be reduced to pure rationality. Gothic architecture with its huge and lofty naves, Greek and Egyptian architecture that does not respond to any functional or practical requirement being excessive in size and monumentality, were early on a admonition to investigate more deeply on the concepts in vogue and propose a new “harmony” in architecture. The concept of harmony derived from this research led him to conceive architecture as a permanent state of imbalance and mobility far apart from “closed and fixed” systems. The regulating lines, the proportional geometric systems, the designs based on axial perspective, the compositional systems based on previously established architectural “orders” were all abandoned, giving way to a new harmonic conception, based on discrepancy, contradiction and contrast. The redefinition of the terms “plan”, “volume”, “program”, “matter” was necessary for the reasoning of the “Artificial Order”, which also considered the firm conviction concerning the need for an aesthetic rhythm in the work, capable of creating a new extension, unusual for the subject, transporting him to a different experience where architecture was the protagonist and integrated him fully. His book Institución Arquitectónica (Architectural Institution) (1968) collects the theoretical approaches of his thoughts on a new harmony in architecture and his manifesto for the architect’s right to lyricism.

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