Revista AOA_22

Matta arquitecto: escritos

Matemática Sensible _Arquitectura del Tiempo 7 Revista Minotaure

Se trata de descubrir la manera de pasar entre las rabias que se desplazan en las tiernas paralelas, los ángulos blandos y espesos o bajo las ondulaciones peludas a través de las cuales se retienen bien las penas. El hombre echa de menos los oscuros pulsos de su origen que lo envolvían en paredes húmedas donde la sangre batía muy cerca del ojo con el ruido de la madre. Que el hombre se engancha, se incrusta hasta la posesión de una geometría donde los ritmos del papel marmolado, arrugado, de la miga de pan, la desolación del humo le sean como una pupila entre los labios. Dejemos de lado la técnica que consiste en poner de pie los materiales siempre utilizados y empujemos brutalmente el que los habita, al medio de un teatro final donde esta todo, el argumento y el actor, la escena y ese silo al interior del cual se puede vivir en silencio entre sus traperos. Demos vuelta todas las vitrinas de la historia con sus estilos y sus elegantes obleas a fin que se escapen de las rayas de polvo donde la pirotecnia debe crear el espacio. Y permanezcamos inmóviles entre los muros que circulan, para que nos liberemos con las uñas de la cáscara traída de la calle y del trabajo. Necesitamos unos muros como trapos mojados que se deformen y abracen nuestros miedos sicológicos, unos brazos que pendan entre unos interruptores que botan una luz ladrada a las formas y a sus sombras de color susceptibles de despertar las encías ellas mismas como esculturas para labios. Apoyado sobre sus codos, nuestro personaje se siente deformado hasta el espasmo en el pasillo, titubeante y tomado entre el vértigo de lados iguales y el pánico de la succión, aturdido cuando el realiza al fin los esfuerzos del reloj que se ingenia a imponer una hora al infinito de los tiempos de esos objetos describiendo en madera o en elocuencia su existencia de la cual el tiene conciencia que esta a perpetuidad amenazada. Y el desea tener a su disposición superficies que podrían aplicar exactamente contra él y que, llevando nuestros órganos, por el bienestar o el dolor, a su supremo grado de conciencia, despertarían a pedido el espíritu. Para eso uno insinúa el cuerpo como en un moldeado; como en una matriz fundida sobre nuestros movimientos, donde él encontrara una liberación tal que no le tocara la avalancha liquida de la vida que cede aquí o resiste allá, sin no obstante que eso tenga un interés para nosotros. Los objetos para los dientes cuya punta huesuda es un pararrayos, deberán aspirar nuestro cansancio, expedirnos ángulos en un aire que no será más azul-ángel; pero con el cual nos será permitido luchar. Y todavía, otros objetos semi-abiertos, incluyendo sexos a conformación inaudita cuyo descubrimiento provoca deseos, más actuantes que de hombre a mujer, hasta el éxtasis. Hasta el conocimiento de vacilaciones muy nerviosas que puedan compensar la abertura plena de árboles y de nubes de esta ventana al día siempre idéntica, chapada del exterior. En un rincón donde esconder nuestros pliegues ácidos y llorar nuestra timidez cuando un encaje, una escobilla o cualquier otro objeto nos sitúa frente a nuestra incomprensión. Y entonces, en reacción, conscientemente, de una mano varias veces enguantada, frotarse los intestinos con hostias. Esto lograría crear en si el encanto la suavidad. Muy aperitivo y de perfiles moldeados, avanzan los muebles que despliegan inesperados espacios, cediendo, doblándose, redondeándose como una marcha en el agua, hasta un libro que, de espejo en espejo, refleja sus imágenes en un recorrido informulable que dibuja un espacio nuevo, arquitectónico, habitable. Sería un mobiliario que descargaría el cuerpo de todo su pasado a ángulo recto del sillón, que abandonando el origen del estilo de sus antecesores, se abriría a codo, a la nuca, abrazando movimientos infinitos según el órgano a volver consiente y a la intensidad de la vida. Encontrar para cada uno estos cordones umbilicales que nos ponen en comunicación con otros soles, unos objetos de libertad total que serian como espejos plásticos sicoanalíticos. Y algunas horas de reposo como si, entre otras cosas, los bomberos vestidos de mascaras, agachándose para no quebrar ninguna sombra, llevaran a la Señora una carta llena de palomas y un paquete de alcancías. Se necesitaría un grito contra las digestiones en ángulo recto al medio de las cuales uno se deja embrutecer contemplando unos números como etiquetas de precio y considerando las cosas solo bajo el aspecto de una sola vez entre tantas otras. Por las mezclas de dedos similares a las manos unidas de una mujer cuyos senos están despedazados, uno sentiría los endurecimientos y las blanduras del espacio. Y nosotros comenzaremos a despilfarrarlo, este tiempo sucio y agujereado que nos ofrece el sol. Y le preguntaríamos a nuestras madres de asistir al parto de un mueble de labios tibios.

(Traducción texto completo del francés, Carolina Enríquez).

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